Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/07/14 10:31

¡Qué vergüenza señores Congresistas!

¿Hasta cuándo los señores congresistas, continuarán abusando de la paciencia de los colombianos, reajustando sus salarios por encima del hambre y la miseria de millones de compatriotas?

Uriel Ortiz Soto (*)

¿Hasta cuándo los señores congresistas, continuarán abusando de la paciencia de los colombianos, reajustando sus salarios por  encima del hambre y la miseria de millones de compatriotas? 

Está comprobado que el virus de la corrupción en Colombia, lo aportan en su mayor parte, los partidos y movimientos políticos; los actos administrativos que dictan los gobernadores y alcaldes; lo mismo, que los proyectos legislativos que promueven: congresistas, diputados, concejales y ediles, cuando su elección ha sido producto de componendas politiqueras; no tienen por qué ser eficientes e idóneos, puesto que siempre están viciados de ilegalidad.

La actividad legislativa en nuestro país, nunca podrá ser seria y eficiente, son la imagen y semejanza de los partidos y movimientos políticos, que actualmente se encuentran totalmente descuadernados y desorientados, no se ejerce sobre ellos, ninguna veeduría como realmente debe  ser.

El Consejo Nacional Electoral (CNE) que sería el organismo encargado de ponerles orden, no pasa de ser un apéndice de los mismos partidos, con tal de sostenerse en sus cargos para continuar hacia las cumbres del poder, o poderse jubilar con sueldos estrafalarios, como el de los “honorables Padres de la Patria”.  

Para conseguir un aval a cualquier cargo por elección popular, no se requiere pertenecer al partido que lo vaya a expedir, basta con ser amigo de quién tiene autoridad para hacerlo, aportar una colaboración económica o comprometerse con cargos burocráticos, y todo se soluciona.

Mientras la actividad legislativa: congreso, asambleas departamentales, concejos municipales y juntas administradoras locales, no tengan la misión de ser un servicio social, con el fin de promover planes y programas de desarrollo en bien de: el país, los departamentos y los municipios; los congresistas, diputados, concejales y ediles, continuarán abusando de sus curules y de sus electores, que de muy buena fe los eligieron, para que los representarán ante los respectivos gobiernos y poderes centrales. Claro está que con algunas excepciones.

Con lo anterior se quiere decir: que debe existir un manual con funciones específicos para cada caso en particular, con el fin de evitar se cometan abusos de poder y se esquilmen los presupuestos: de la Nación, los departamentos y los municipios, por falta de normas claras que los regulen.

Pareciera que los organismos de control frente a todas estas aberraciones que cometen los legisladores, no tienen claridad o pasan de agache, puesto que los procesos que se inician por lo regular pasan a dormir el sueño de los justos en los anaqueles polvorientos de la justicia, esperando que prescriban por vencimiento de términos. Con eso los legisladores – defraudadores-, continuarán con su carrera legislativa en nombre de nuestro Estado de Derecho, cuando se trata de hacer cumplir las normas, para complacer los ejecutivos de los niveles nacional, departamental y municipal, siempre con intereses mezquinos y politiqueros. 

En este orden de ideas, los congresistas lo harán en igual forma, no para trabajar por el martirizado y agobiado pueblo colombiano, sino, para satisfacer por medio de sus estrafalarios emolumentos y negociados, sus egos personales y familiares. Y, a través de una unidad legislativa encargada de velar porque al “honorable Padre de la Patria” no se le arrimen los lagartos y necios, a hacerle reclamos, por el incumplimiento de las promesas hechas  durante las campañas electorales.

Desgraciadamente, somos tan masoquistas que cada cuatro años, siempre terminamos votando por los mismos vagos y hablantinosos de siempre, que para peor desgracia cuando visitan nuestras provincias hay que sentarlos a manteles para escucharles sus mentiras, peroratas y engaños. Si hacemos un prontuario de las promesas inocuas y desde luego incumplidas por los congresistas de todas las épocas, sería todo un delicioso manual de despropósitos, que daría para cientos de programas de sábados felices, o para montar un teatro de la mayor jocosidad.

No se justifica, que el país se encuentre atravesando por una de las etapas más críticas de toda su historia por un trabajo legislativo mediocre. Durante la legislatura que acaba de terminar, se hubiesen permitido un reajuste a sus mesadas de más de dos millones de pesos mensuales, con retroactividad al primero de enero del presente año; alegan los muy descarados parlamentarios, que todo estaba fríamente calculado dentro de las normas legales vigentes que rigen para sus emolumentos legislativos, aún, si así fuera, no entran en razón y permiten que sus ingresos dejen de ser tan extravagantes y se conviertan en una proporcionalidad de acuerdo a sus gestiones legislativas y proyectos presentados, teniendo en cuenta la asistencia y permanencia en los sesiones de comisiones y plenarias.

Se sabe de parlamentarios que son todos unos vagos y no merecen ni siquiera el saludo de los colombianos. Además de no cumplir con su deber, cuando asisten al Congreso, porque llevan bajo el brazo un portfolio de chanchullos y peculados, para asaltar la buena fe de quienes los eligieron, en nombre de nuestra democracia, que hace mucho tiempo se encuentra en cuidados intensivos.   

No se justifica tampoco que en medio de tanta miseria, con niños muriendo de hambre y desnutrición en diferentes regiones de Colombia, la salud y bienestar de los colombianos que todos los días se está ‘venezolanizando’, con una racha de paros que se avecinan, todo por las promesas incumplidas del gobierno, los “honorables padres de la Patria” continúan siendo la peor vergüenza y descaro para nuestro país, decretándose un reajuste tan extravagante, que la indignación con justificada razón, cunde por todas las regiones de Colombia.

¿Cuál es la solución? Se preguntarán millones de compatriotas. Desde luego que está en nuestras manos, y es a través de una Asamblea Nacional Constituyente, con el fin de hacer la reforma política que el país desde hace varios años viene reclamando y necesita con suma urgencia.

Esta reforma no debe quedar en manos del Congreso, puesto que no les conviene atentar contra sus propios intereses. Hace unos días, por esta misma columna, nos manifestamos para pedir que la reforma política se haga por fuera, sin la influencia parlamentaria. Es decir, debe estar integrada por un grupo de ciudadanos escogidos mediante convocatoria popular por los partidos y movimientos políticos con personería jurídica.

En conclusión, si queremos unas corporaciones legislativas serias y eficientes, debemos reformar los partidos políticos, puesto que como están estructurados, no pasan de ser toda una vergüenza para nuestra democracia. Esto solo se logra convocando a las urnas al constituyente primario, para que la vote, la cual debe ser estructurada por un grupo de ciudadanos que tengan verdadera autoridad moral para hacerla.  

*urielos@telmex.net.co

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