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Opinión

  • | 2016/09/08 09:50

    Amistad: antesala para lograr la paz

    El primer intento para lograr la paz es el entendimiento, para empezar a construirse sobre cimientos muy ciertos y reales, es decir, con verdades claras.

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¡Oh! amistad sublime y mensajera, escenario de glorias y virtudes, contigo renacen las esperanzas, para conseguir la paz verdadera y perdurable, donde todos nos acomodemos, sin odios, sin rencores, ni venganzas.

Es indudable que para lograr la paz justa y duradera, hay que empezar por construirla sobre los cimientos de una amistad sincera, cuando la amistad es simplemente una pantomima para calmar espíritus críticos y revolucionarios, la paz tendrá el mismo comportamiento, puesto que, ambas instituciones van cogidas de la mano y jamás podrán perdurar: de modo, tiempo y lugar.

La amistad y la paz, son dos cimientos sobre los cuales se puede construir el futuro de una nación, siempre y cuando, correspondan al verdadero querer de las partes, sin sacar ventajas, ni herir susceptibilidades; para el caso de Colombia: sin comprometer las instituciones democráticas que han sido construidas a través de todos los tiempos por nuestros gobernantes y defendidas con ahínco, muertes, dolor y sangre por los soldados de nuestra patria.

Las alacenas de los campos están abiertas, listos a recibir a quienes lleguen con espíritus desarmados, altruistas y renovadores para el trabajo, y empezar a reconstruir el agro, que durante más de cinco décadas ha sido azotado por los flagelos de la corrupción, violencia: guerrillera, paramilitar, bacrim, también hay que decirlo sin engaños y tapujos, por el abandono del Estado, pero que gracias a los vientos de paz que soplan en sus horizontes, muy pronto empezarán a reverdecer para un mejor mañana.

Cuando se regresa de la guerra, es porque el conflicto ha terminado, y las partes buscan por todos los medios acercarse a quienes combatieron, enarbolando la bandera de la paz, que indudablemente hay que izarla con el primer acercamiento, que es el de la ¡amistad!

La amistad es el primer peldaño para entrar a solucionar cualquier tipo de conflicto por difícil que sea, siempre y cuando, las partes se sienten en la mesa de negociación con la mente abierta, despojados de odios, rencores, de todo tipo de prevenciones, con un objetivo noble y concreto, alimentando un programa que beneficie a todos los involucrados en el conflicto, donde finalmente, no haya, ni vencedores, ni vencidos.

Por eso, en el mes de septiembre dedicado a la amistad, cuando recientemente se ha firmado el acuerdo de paz, entre el gobierno y la guerrilla de las FARC, es muy importante entrar en un período de reflexión, con el fin de analizar con cabeza fría, cual, de las dos opciones conviene más a nuestro país, por ahora, podemos decir que la balanza está equilibrada y que muy seguramente de acuerdo a como están las cosas, todo desembocará en una Asamblea Nacional Constituyente, con el fin de que sean los colombianos, quienes designen a sus interlocutores para hacer las reformas que el País con urgencia necesita, empezando por la política y la justicia, entre muchas otras instituciones administrativas, regionales y municipales, que no dan más espera.

El primer intento para lograr la paz entre las partes que han vivido años en conflicto, además de la sinceridad y la amistad, es el entendimiento, para empezar a construirse sobre cimientos muy ciertos y reales, es decir, con verdades claras, mas no disfrazadas, sin ocultamientos, prevenciones y venganzas, puesto que de hacerlo en tales condiciones, se regresaría a los escenarios de la guerra y la violencia con mayores odios, generando vacíos hacia el futuro, que posteriormente serían muy difíciles de enmendar, toda vez que se reabren las heridas con mayor dolor e intensidad con grave frustración de las comunidades que las rodean, dejando a su paso toda un escenario de desolación, angustia y desesperanza.

En estos dias previos al plebiscito, los colombianos tenemos una tarea muy altruista que cumplir con sinceridad y con amor por nuestra patria, es la de aceptar o rechazar con pleno conocimiento de causa, el acuerdo de paz que acaba de firmarse entre los negociadores del Gobierno y las FARC, también de quienes han padecido los rigores del conflicto armado, que después de un período de negociaciones de cuatro años, según lo expresan las partes, todo ha llegado a su fin. Esperamos que así sea, para gloria y redención de nuestra querida y martirizada Colombia.

Es apenas lógico, que para haberse firmado el acuerdo de paz después de más de cincuenta años de violencia, debió iniciarse con unos acercamientos como primer requisito para sentarse en la mesa de negociación, por eso me resisto a creer, que los negociadores, le vayan a mentir al país, vendiéndole un caudal de ilusiones que finalmente no se puedan cumplir.

No es exagerado decir, que de aquí en adelante, esa amistad, mientras se fortalecen los cimientos de paz, hay que cultivarla día a día, como la bella flor de nuestras esperanzas, puesto que al menor abandono empieza a marchitarse, la verdadera amistad es tan delicada como los pétalos de una rosa, que al menor descuido de sus jardineros se marchita, cuando no se les riega y poda diariamente con perseverancia, amor y cariño.

Qué importante fuera si entráramos en un periodo de reflexión, para darnos cuenta que tan sinceros hemos sido con institución tan sublime y noble como lo es la: amistad, de una amistad sincera, depende la construcción de un nuevo futuro, por eso, la pedagogía para lograr la paz, hay que hacerla con mente abierta y con firme decisión para lograr convencer a nuestros conciudadanos, que hay que votarla, de acuerdo a los dictados de nuestra propia conciencia.

Los colombianos en estos momentos tan cruciales para nuestra patria, cuando estamos próximos a refrendar el acuerdo de paz, debemos poner a funcionar todos nuestros sentidos e inteligencia, para darnos cuenta si realmente el acuerdo, está cumpliendo con todos los protocolos para llegar a una paz sincera, estable y verdadera.

Considero que para votar tanto por el ‘Sí‘ o por el ‘No‘, debemos llenarnos de razones, lo único cierto es que hay que votar con pleno conocimiento de causa y a nuestro leal saber y entender, no podemos embarcarnos en una nueva puja de incertidumbres, pero, es bueno aclarar, que quienes están promoviendo el ‘No‘, no lo hacen en contra del acuerdo de paz, puesto que hay que entender que de la masiva votación del plebiscito, depende la convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente, siempre y cuando ambas opciones superen los cuatro millones de votos.

* uriels@telmex.net.co

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