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Opinión

  • | 2016/12/15 09:16

    Antes que penas privativas: diagnóstico social

    La aplicación de las leyes, es como en la medicina; antes de ser aplicada se requiere de un diagnóstico social lo suficientemente claro y coherente con el mal que padece la sociedad o el individuo.

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Pretender someter a una sociedad proclive, en medio de todo tipo de violencia: guerrillera, paramilitar, bandas criminales, corrupción, entre muchos otros males que padece nuestro país, es sumamente difícil, puesto que lamentablemente los niños y jóvenes de hoy, han vivido todos estos episodios en una u otra forma, y se les hace casi tan normal este tipo de acciones violentas y perniciosas, puesto, que no ha existido un diagnóstico social correctivo, que les indique el profundo respeto por la vida, la dignidad, buenos comportamientos y modales del ser humano en todas sus modalidades y manifestaciones.

Desde luego, que endurecer las penas para violadores y abusadores de mujeres y niños, son bienvenidas, ¿Pero dónde está la investigación y el diagnóstico social para sacar conclusiones: de qué nos está pasando? No podemos seguir asistiendo a los escenarios de la improvisación y la indiferencia, son muchos los crímenes cometidos contra nuestras mujeres y menores, que no son denunciados o se quedan sin castigo, las estadísticas de maltrato y asesinatos no mienten: cada hora, del día o de la noche, en los diferentes estratos sociales, en las áreas urbanas y rurales de nuestro país, se está cometiendo un crimen de esta naturaleza.

Primero tenemos que aceptar que somos una sociedad a la deriva, con tendencia a la violencia y con inclinación al crimen organizado, el solo hecho de ver niños y jóvenes asesinos y violadores, participando en galladas criminales o vinculados a bandas del microtráfico, son indicios claros que la investigación sobre estos menesteres debe ser muy especializada, teniendo en cuenta los factores de: modo, tiempo y lugar, que han incidido para que se desvíen del camino.

Existen cuatro factores fundamentales protagonistas sobre este hecho y que no necesitan de mayor explicación, puesto que son situaciones que se han vivido a todo lo largo y ancho del país: La falta de orientación sobre normas de moral, principios y valores en los establecimientos educativos y los hogares; los grupos guerrilleros y movimientos delincuenciales que operan al margen de la ley, el narcotráfico, que ya prácticamente se ha convertido en pequeñas y medianas empresas en los establecimientos educativos, finalmente, la falta de manuales de convivencia de los cuales tanto se ha hablado en los últimos meses, pero, que finalmente son solo flor de una día mientras se aplaca el horror por la comisión de un delito cometido: abuso, maltrato o asesinato de mujeres y menores.

Sin embargo, continuamos insistiendo que las fallas primarias en gran parte provienen de los hogares, las razones son bien sencillas: cuando entre los padres no existe armonía conyugal y las desavenencias son el diario acontecer, esto lleva a nuestros jóvenes a un estado de postración, depresión, retraimiento y soledad, siendo el camino más corto para ingresar a las galladas que se forman como una válvula de escape y en represalia contra sus padres, que les están proporcionando una niñez o juventud llena de zozobra y sufrimientos, situaciones que la mayoría de las veces terminan en maltrato, suicidios u homicidios, cuando no es que ingresan a las bandas criminales.

¿Pero, qué tanta relación tiene el maltrato y asesinatos de mujeres con la crisis que se está presentando con nuestros niños y jóvenes, que en iguales circunstancias son maltratados, violados y muchas veces asesinados por sus propios padres? Indudablemente que existe una relación que hay que saber desentrañar, previendo desde luego que cuando ocurre un episodio de esta naturaleza, en las mujeres o niños, la relación de causa y efecto es indescriptible y si se hace un diagnóstico sobre la materia, nos llevamos la sorpresa de que por lo regular en ambos casos los hogares son escenarios de discordia, que por diferentes circunstancias se tornan en un ambiente invivible para las partes, que finalmente terminan en tragedia.

Existe otro factor fundamental y muy común en los tiempos actuales y es la situación económica y la falta de empleo de uno o de ambos cónyuges, por lo regular las crisis en los hogares empieza a agravarse por esta circunstancia, puesto que viene el atraso en las obligaciones, el pago de los servicios, y la pensión de los colegios de los hijos, entre otros menesteres, pero, lo más grave la escases de los productos básicos de la canasta familiar.

Son situaciones que en realidad no dan espera, y esto lleva a que el diálogo entre los cónyuges se agote y todos los días se vuelva más álgido y menos tolerante, las consecuencias se tornan nefastas para toda la familia, por eso, el ahorro y la seguridad social de la familia debe ser prevista para las épocas de crisis.

Los padres de familia junto con los establecimientos educativos y demás autoridades del sector, deben ser los protagonistas de los manuales de convivencia, no solamente en los hogares y establecimientos de formación, sino también en el comportamiento de sus hijos dentro del barrio y demás actividades sociales, que para ser sinceros, deben formar parte de los manuales de convivencia.

Considero que llegó la hora de atender los campanazos de alerta que se están promoviendo desde todos los sectores, somos unas sociedad en descomposición social, que todos los días y a todas horas debemos vigilarla, puesto que está en juego el futuro de nuestros hijos y el de la comunidad misma, pero para emprender esta tarea debemos iniciar el sano ejercicio de nuestra vida de entorno y prevención, para darnos cuenta si realmente se está ajustando a los manuales de convivencia.

Si esta tarea no la emprendemos con verdadero sentido de responsabilidad y pertenencia, estamos labrando nuestro propio camino hacia la desgracia, cuando reaccionemos ya es demasiado tarde y se requerirán de unos diagnósticos más severos para poder someter a quienes se han salido del redil, de los buenos caminos y la sana convivencia.

Las tertulias familiares y de líderes de los barrios, deben institucionalizarse con la participación de los jóvenes de ambos sexos, con el fin de irles creando sentido de responsabilidad y pertenencia dentro del sector, asumir estos programas sería la mejor forma de contrarrestar los hechos de violencia en los hogares y en los entornos familiares, lo mismo que las actividades sociales, culturales y deportivas; nuestros niños y jóvenes de hoy no sienten que son importantes dentro de una comunidad, hay que darles todo el apoyo y estímulos, bien sea individuales, colectivos o en comunidad.

urielos@telmex.net.co

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