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Opinión

  • | 2017/01/12 11:24

    ¡Dejen gobernar al alcalde Peñalosa!

    Quienes están promoviendo la revocatoria del alcalde Peñalosa, además de estar divididos, no tienen argumentos sólidos para hacerlo y están peleando entre ellos mismos por la jefatura de la revocatoria.

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Considero que la Registraduría Nacional del Estado Civil y el Concejo Nacional Electoral (C.N.E), deberían dictar normas más precisas y claras, con el fin de regular la revocatoria de los elegidos, no se justifica que se proponga tal adefesio, sin tener una explicación clara y concisa del porqué lo hacen, cuales las soluciones que proponen para los casos de incumplimiento y dónde están los vacíos de poder.

Todos estos casos deben formar parte de la nueva reforma política, por la cual hemos abogado insistentemente a través de nuestras columnas; es muy vergonzoso que sean los politiqueros de turno y los viudos de poder, los que propongan las revocatorias, simple y llanamente para tratar de rehabilitarse ante la opinión pública, pero sin mayores justificaciones para hacerlo, como en el caso del alcalde Peñalosa.     

Hasta la fecha no hemos visto que los comités promotores de las revocatorias, hayan tenido éxito, todos se han llevado el gran fiasco y el repudio por parte de la opinión ciudadana, que no ve con buenos ojos, que lo que elija el constituyente primario, vaya a ser revocado por un grupo de logreros, que lo único que persiguen es llegar al poder, pero sin ningún plan de desarrollo serio y coherente con la situación actual, que se vive en la Capital de la República.

Tenemos que entender que Bogotá, es patrimonio de todos los colombianos, que desde cualquier lugar del mundo donde nos encontremos, siempre miramos sus procesos de desarrollo, que desde luego deben ser coherentes con su estado de convivencia ciudadana, en consenso con las organizaciones y los diferentes estamentos sociales, económicos y políticos, que residen en ella y en el resto del País.

El pueblo bogotano tiene la suficiente madures, como para dejarse arrastrar por pasiones politiqueras, que al final de cuentas a nada conducen, empezando por que los promotores de la revocatoria contra el actual alcalde de Bogotá, arrancaron divididos, puesto que se pusieron a pelear entre ellos mismos por el liderazgo, y además no existe una hoja de ruta que explique con puntos y señales, donde están las falencias de la administración del doctor Enrique Peñalosa como alcalde de una ciudad, que se aproxima a los diez millones de habitantes, llegados de diferentes regiones del País y del exterior.

Es cierto que el primer año de gobierno de Peñalosa, no fue la panacea, pero tampoco se le puede calificar de fracaso, puesto que recibió una administración totalmente descuadernada, con miles y miles de contratos firmados días antes del 31 de diciembre del 2015, dejándolo sin forma de organizar su equipo de gobierno, puesto que a toda dependencia a donde llegaba se encontró con funcionarios de la administración Petro, que fueron contratados, unos a término fijo y otros a término indefinido a partir del primero de enero del 2016.

Debemos entender que los pueblos se merecen los mandatarios que eligen y para el caso de Bogotá, con Enrique Peñalosa, se eligió a un alcalde de corte gerencial, como lo fue en su primer mandato que según opinión de los Bogotanos, en más de un 70 % quedó satisfecha con su gestión, máxime ahora que llega con mayor experiencia, puesto que ha sido consultor internacional sobre desarrollo urbanístico, por lo tanto se le debe dar un compás de espera, con la absoluta seguridad que en el 2017 su administración cogerá el ritmo adecuado.

Destacados medios de comunicación han denunciado que la administración Petro, dejó muchos problemas de orden legal y jurídico, que a un año de haber hecho dejación del cargo, aún continúan fluyendo y que para el caso de un mandatario serio y eficiente, lo primero que debe hacerse es solucionarlos, puesto que pasar por encima de ellos, además de irresponsable, se complicaría más la situación de orden legal y jurídico para la administración Distrital.

Bogotá con sus 20 localidades, posee un impresionante polo de desarrollo, no solamente en cuanto a los recursos humanos asentados en cada uno de ellas, también los naturales, comerciales, turísticos, medioambientales, culturales y logísticos, en todos sus órdenes, pero, que no han sido adecuadamente explotados, puesto que a las alcaldías menores de las administraciones anteriores, les ha faltado gestión y ser más gerenciales, muchos de ellos se encuentran en serios aprietos con la justica por malos manejos administrativos.

En varias oportunidades hemos expuesto por esta columna el programa por: Una Bogotá comunitaria y empresarial, en la administración de Luis Eduardo Garzón, fue expuesto por el suscrito, en el Consejo de Bogotá, con buena aceptación entre sus ediles, pero, lamentablemente todo se quedó en veremos, puesto que no se pasó de los aplausos y las felicitaciones.

Considero que este proyecto continúa vigente y podría ser aplicado como estímulo para la generación de empleo en la etapa posconflicto, toda vez que establece un diagnóstico social para cada una de las veinte localidades, buscando por todos los medios evaluar el recurso humano frente a los diferentes potenciales de desarrollo, con la consecuente creación de pequeñas y medianas empresas, las cuales podrían ser lideradas por las: USDE, Unidades zonales de Desarrollo Empresarial, que serían manejadas por los mismos habitantes del sector.

Dentro de este proyecto se busca, que las decisiones que tome la administración central para solucionar problemas álgidos, como el caso de la recuperación del Bronx y del Espacio Público, primariamente se tenga un plan de contingencia, este tal vez es uno de los errores que ha cometido el alcalde Peñalosa: la de aplicar la Ley, sin tener listos programas alternativos o de contingencia.

En cada alcaldía local, previo estudio de un diagnóstico social, se puede organizar un plan de desarrollo con la consecuente generación de empleos, tanto directos como indirectos, lo que nos permitiría ejercer el sentido de pertenencia en cada una de las localidades, comercializando los productos del sector en forma organizada, con el fin de descongestionar el espacio público en  el centro de la ciudad.

En conclusión, Bogotá está en buenas manos, y debemos más bien, antes que propuestas descabelladas de revocatorias, presentar proyectos microempresariales, para cada una de las localidades, con fundamento en el recurso humano, frente a los diferentes potenciales de desarrollo.

urielos@telmex.net.co 

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