Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/10/27 10:24

El disenso o el derecho a disentir

“No estoy de acuerdo con lo que me dices pero lucharé hasta el final para que puedas decirlo” qué importante si esta reflexión se colocara a la vista de los negociadores del acuerdo de paz.

Uriel Ortiz Soto. Foto: Semana.com

El disenso o el derecho a disentir en los actuales momentos del proceso de paz, debe ser instrumento lo suficientemente valioso para que las partes se escuchen con respeto aceptando las recomendaciones mutuas, siempre y cuando sean válidas y se ajusten a las normas legales y jurídicas de nuestro Estado de Derecho.

Lamentablemente en el proceso de paz que se adelanta en La Habana, estamos muy lejos de aplicar este principio, puesto que después del plebiscito con la derrota del Sí han salido a relucir una serie de situaciones que dan a entender que ni el mismo gobierno, tal cual lo ha manifestado varias veces, quiere aceptar el fallo de las urnas, puesto que según él, al ejecutivo le corresponde de acuerdo con las normas constitucionales el manejo de la paz.

Pareciera que muchos de los que están sentados en la mesa de negociación para conseguir la paz, actúan con intereses individuales, en cumplimiento de una misión que ha de terminar para provecho de unos pocos, sin tener en cuenta los millones de compatriotas que la están esperando desde hace varias décadas, con el fin de regresar a sus parcelas a reiniciar una vida tranquila, de donde fueron desplazados a sangre y fuego desde hace varias décadas.

Si de algo sirvió el plebiscito, fue para convocar las dos Colombia: la de la paz y la de la guerra. Las diferencias entre el Sí y el No son tan insignificantes, que valdría la pena analizar este fenómeno que no obstante con una abstención del más del 70 % al día siguiente el 99 % de los colombianos empezó a manifestarse por el Acuerdo de paz. Sin embargo, a nuestro modo de ver algunos de quienes están dirigiendo el proceso les está faltando sinceridad y grandeza.

Pensar que el Acuerdo de paz tiene color político es una grave equivocación, hemos visto cómo en el Congreso de la República, se la están peleando como si fuese un botín electoral con millones de votos para la próxima contienda, lo señores congresistas no se están comportando a la altura de las circunstancias, esto es muy importante tenerlo en cuenta para las próximas elecciones.

Los campos de Colombia están prestos a recibir proyectos productivos, pero desde luego que bien diseñados, donde los pequeños y medianos productores tengan la plena garantía que sus productos van a lograr valor agregado y comercializados de conformidad con los mercados de la oferta y la demanda.

Lo primero que deben hacer los promotores del Si, es aceptar que el No ganó así sea por una pequeña minoría, impusó la voluntad popular en las urnas, lo que es desde todo punto de vista muy respetable y el gobierno como jefe supremo, debe acatar tal decisión y no pretender desviarla por caminos acomodaticios y con facilismos en favor de los grupos guerrilleros de la FARC.

La forma de allanar caminos hacia un entendimiento es despojarnos de tanta marrullería, claro está, sin pretender violar derechos fundamentales de cada una de las partes, muchas veces la razón se impone a favor de ambos lados, tanto de los del Sí como de los del No, que indudablemente consideran tenerla, principio fundamental que hay que respetar por encima de cualquier circunstancia, pero que hay que evaluar a la luz de la verdad jurídica.

Como el fin del Acuerdo de paz se encuentra en una etapa difícil, con diferentes corrientes y opiniones, bien valdría la pena que quienes actúan lo hagan respetando los puntos de vista de cada quien aplicando el principio del derecho a disentir con el fin de sacar claras conclusiones.

La anterior reflexión cae como anillo al dedo, tanto para los líderes del Sí como para los del No, que desde el punto de vista práctico, es el camino más acertado para limar las asperezas y diferencias que se han presentado y que muy seguramente se seguirán presentando, entre quienes pretenden imponer sus criterios por encima de la verdad jurídica y la voluntad popular expresada en las urnas, con menoscabo de las instituciones legalmente constituidas.

En estos momentos tan difíciles para nuestra Patria, cuando aún no se vislumbran caminos que conduzcan hacia la paz social, verdadera y estable, es cuando debemos ponernos la camiseta de la sensatez y del diálogo, para que entre todos busquemos caminos adecuados que conduzcan a una salida, estable y duradera para beneficio de todos.

Algunos dirigentes, especialmente congresistas, que deberían en momentos tan difícil, dar ejemplo de pulcritud y de grandeza, se han dedicado a lanzar acusaciones al aire contra sus contradictores sin ningún conocimiento de causa, estos señores deben entender que ellos representan la majestad de la democracia, que solamente esgrimiendo tesis válidas es posible que se logre un nuevo acuerdo, pero sin revanchismos, sin odios y sin rencores.

Parecería que con el ánimo de pescar votos en río revuelto, están saliendo con unos despropósitos que rayan con la ignorancia y la razón de ser de quienes en calidad de dirigentes, deberían enarbolar la bandera del entendimiento, cuando todos los colombianos al unísono incluidos los guerrilleros y demás organizaciones al margen de la ley, la proclamamos para la redención de nuestro país, después de soportar casi sesenta años de guerra.

Después de más de veinte días del plebiscito, los colombianos clamamos por una paz estable y duradera, se ha despertado el clamor de miles de quienes se abstuvieron de hacerlo y manifiestan a pie juntillas que quieren subirse al tren de la paz, siempre y cuando se entre en un conciliábulo nacional donde estén incluidas sin ninguna excepción todas las fuerzas: sociales, económicas y políticas en torno a las propuestas de La Habana, y desde luego de los grupos guerrilleros de las FARC y del ELN, que últimamente también ha decidido hacerlo.

¡Pero ojo señores de la guerrilla! Colombia entera y al unísono, clama y espera ansiosa la libertad de todos los secuestrados, quienes tuvieron el infortunio de morir en cautiverio, se les indique a sus familiares las coordenadas donde se encuentran los cadáveres, para que los rescaten y les den cristiana sepultura.

* urielos@telmex.net.co

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