Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2015/09/11 09:45

¡Señor procurador: salve a Caldas!

Esta súplica no es el clamor de un columnista solitario, es el querer de miles de caldenses para rescatar nuestro departamento de las garras de la corrupción político/administrativa.

Uriel Ortiz Soto.

Caldas, el otrora departamento modelo de Colombia, de gentes trabajadoras, honestas y altruistas, que con su trabajo honrado y sapiencia infinita han escrito las páginas más bellas de laboriosidad y de progreso, no merece que cada que pase una contienda electoral se forme todo un zafarrancho con muchos de los que fueron elegidos, puesto que lo hicieron ocultando a la opinión pública sus inhabilidades y cuestionamientos; muchos de ellos vergonzosamente van a las cárceles, pero esto como que no les sirve de escarmiento, puesto que salen con mayor brío a montar su nueva tramoya de engaños y de mentiras, como en el caso de los señores:  Jorge Hernán Mesa y Guido Echeverri, cuya elección fue anulada por el Consejo de Estado, y tienen el cinismo de aspirar nuevamente, sin reparar los daños y perjuicios causados.
 
Ese bello paisaje cultural cafetero llamado Caldas, declarado con varios de sus municipios y veredas, Patrimonio de la Humanidad en su mayor parte  fue construido a lomo de mula con la revolución de las enjalmas, por los arrieros, que con verdaderos esfuerzos y sacrificios lograron colocarlo en el pedestal de la grandeza, para ser declarado como uno de los departamentos modelos de Colombia. Sin embargo, los politiqueros de turno no cesan de maltratarlo con chanchullos, peculados y todo tipo de infamias.

La hospitalidad de sus gentes, la espectacularidad de su paisaje y la belleza de sus mujeres, son el idilio de afamados escritores, nostálgicos poetas y  acuciosos paisajistas que se inspiran en su corteza tropical para dar rienda suelta a su imaginación, invocando el pasado, el presente y prodigando un futuro, lamentablemente incierto, por la horda de pillos y ladrones que se guarecen en la administración pública, no para prestar un servicio social, sino para enriquecerse a costa de las obras de progreso del departamento, sus municipios, veredas y sus electores, que son conducidos a las urnas como humiles borregos bajo del espectro del engaño y la mentira o corrompiendo su conciencia con dádivas y artículos de estantería.

Hay muchas historias que escribir sobre el Caldas grande y majestuoso; pero también muchas lágrimas que derramar sobre sus ruinas, ropaje impoluto de la corrupción y habito libidinoso de la mayorías de sus políticos, que se hacen elegir a costa de la buena fe de sus gentes y cuando llegan a la cumbre del poder abusan de su autoridad, como en el caso al cual nos estamos refiriendo; la bancada parlamentaria en lugar de dar ejemplo de pulcritud y de grandeza, está avalando y apadrinando a dos candidatos que de ser electos no son prenda de garantía para el sano ejercicio de la administración pública, con la advertencia, que tan pronto  se posesionen, su elección será demandada, echando a nuestro departamento por los fueros de atipicidad y de la interinidad administrativa.

La bancada parlamentaria de Caldas debe saber también que si uno de sus pupilos al ser elegido gobernador el 25 de octubre triunfa y nuevamente se produce la vacancia de su elección, las curules de estos congresistas serán también sujeto de demanda y lo más seguro es que de ocurrir semejante debacle, las perderán por haber avalado, apoyado y promovido unas candidaturas que se encontraban en entredicho.

Lamentablemente en la presente contienda electoral, como en épocas anteriores, nuestro departamento es escenario de una rebatiña política, orquestada desde los altos poderes del Estado, al permitir que dos candidatos, como lo hemos manifestado, con serios cuestionamientos aspiren a regir sus  destinos, cuando en su conciencia está inoculado el mal de la cizaña, puesto que de ser ungidos como gobernador uno de estos personajes, Caldas vergonzosamente volvería a ser noticia nacional e internacional, puesto que existen elementos de juicio suficientes, para que sus elecciones sean anuladas, como ocurrió con el  nefasto Guido Echeverri en las del 2011, que vergonzosamente tampoco a hecho los reintegros de reposición de las atípicas que llevaron a la Gobernación al doctor Gutierrez.

En esta contienda electoral hay una jauría de politiqueros que no miran con grandeza y con altura el pasado glorioso de Caldas, puesto que lo vienen usufructuando con sevicia y corrupción económica desde hace varias décadas, no olvidemos que los últimos años han sido para la administración pública y muchos de sus municipios una cadena de  desaciertos, puesto que no solamente gobernadores han caído abatidos en los estrados judiciales abandonando sus cargos, sino que también tenemos el caso de varios alcaldes, diputados y concejales, que sucumben por líos de corrupción. Muchos de ellos se encuentran en la antesala de ir a prisión.

Si hacemos una evaluación de todos los daños y perjuicios causados a Caldas, sus municipios, veredas y sus gentes, por culpa de los políticos corruptos, nos tacaría empezar desde la década de los setenta, cuando azuzados por vientos extraños, hicimos caso omiso de los principios y valores que nos legaron los prohombres de Caldas, que sus voces en los recintos de la democracia eran respetables y sus ideas se plasmaban en verdaderos proyectos de desarrollo para sus regiones. Hoy se deben estar revolcando en sus sepulcros ante tamaña ingratitud de sus pupilos, que se desviaron de los caminos de la honestidad y la pulcritud por ellos trazados.

Esperamos que para las elecciones del 25 de octubre, los caldenes votemos por el único candidato que no tiene ningún cuestionamiento o impedimento para aspirar a regir los destinos de nuestro departamento, como lo es el doctor Carlos Uriel Naranjo Vélez, su hoja de vida y de servicios al departamento y al país, está a disposición de todos los caldenes, y quién tenga noticia de alguna inhabilidad le agradeceríamos desde esta columna, hacérnosla saber con el fin de exigirle su inmediata renuncia.

Lo que si es que la administración de Caldas y sus municipios no pueden continuar siendo el comodín de políticos veletas y tránsfugas, que desde sus curules juegan a la marioneta de la burocracia en forma vulgar y atrevida, como es el caso de los congresistas: Arturo Yepes Álzate y Luis Emilio Sierra, esperamos que el Directorio Nacional Conservador tome cartas en el asunto y haga respetar a sus electores que de muy buena fe sufragaron por ellos.  
 
urielos@telmex.net.co

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