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Opinión

  • | 2016/11/03 10:26

    ¡El precio de la amistad!

    El mundo intelectual, y político, está lleno de bastardos, que detrás de su presentación académica traicionan a quienes buscan trabajar por las comunidades.

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Para cultivar una amistad sincera y verdadera hay que acudir a la sapiencia del jardinero, que todos los días riega y poda el jardín, expulsando de sus entrañas los bichos molestos y maltratadores.

Los maltratadores de la amistad, son personajes, que aunque ocupen un espacio social, su presencia causa repugnancia y desafecto en las personas que son pensantes y tienen algo que aportar para contribuir al desarrollo de las comunidades.

No existe peor lastre en una reunión social que tener que soportar a estos especímenes dando cátedras de moral y buenas costumbres, cuando en su interior hierven las malas intenciones para traicionar a sus víctimas que por lo general son personas de bien, lejos del mundanal ruido de la maldad.

La peor decepción y frustración, es tener que liquidar una amistad, puesto que una de las partes se ha excedido en el abuso y faltado al respeto, la patanería es la antesala para llegar al fin de una amistad, que aunque perdurable por décadas, la contraparte cae vencida por los oprobios y los abusos de quien fue su amigo “patán”.

Para el personaje "patán" sostener una amistad, es tan difícil, como para el desquiciado mental manejar el dinero, por lo regular este tipo de personajes se encuentran en un callejón sin salida, a más de botaratos, son desjuiciados, pedantes en las reuniones sociales, en el fondo de su alma hierve la maledicencia que los deja pelechar frente a los grandes desafíos de la vida.

Conservar una amistad sincera y verdadera es como el cristal que todos los días hay que limpiarlo de las huellas que van dejando sus maltratadores y malquerientes, que desde luego deben ser ignorados y aislados con reprimendas sociales.

Definir estos especímenes es bastante difícil, puesto que siempre conservan una doble moral y personalidad frente a sus potenciales víctimas, que de muy buena fe creen en su amistad, cuando en realidad de verdad lo que buscan es ridiculizarlo, colocándole cortapisas en el camino para que no avancen en sus buenos propósitos, y empiecen a obnubilar sus logros egoístas.

No obstante que los rasgos intelectuales de los maltratadores de la amistad, son evidentes, alimentan su ego con la vanidad, la envidia y la prevención, siempre están al acecho para obnubilar a sus potenciales víctimas y cuando no encuentran motivos para hacerlo, se valen de las maniobras más bajas cuando consideran que van llegando a ocupar sus espacios y los puede desbancar; por lo tanto, tratan de opacarlo ridiculizándolo con sus veleidades, así sea mediante el sistema del plagio o el raponazo físico o intelectual.

Es triste tener que decirlo, pero el mundo intelectual, y político, está lleno de estos bastardos, que si bien tienen alguna aureola intelectual, guardan en su ropaje de presentación académica la puñalada trapera para traicionar a quienes de una u otra forma honesta y desinteresada buscan trabajar por las comunidades bajo los dictados de su propia conciencia, con ideas propias, sin necesidad de acudir a trapisondas marrulleras y bajezas intelectuales.

La amistad sincera y verdadera, no se da silvestre, es como la bella flor, que solo se marchita con la personalidad de sus actores, y que todos los días a mañana y tarde hay que regarla con las cimientes y enseñanzas de la vida, que se nutren en la altura de las circunstancias, hasta llegar a la plenitud de su existencia como el bello ejemplo de virtud natural que se expande con la aureola de la tarde.

Una persona maltratadora de amistades, se convierte en una problemática social, puesto que por lo regular siempre anda acompañada de un séquito de aduladores, es generosa en dádivas, prodiga en atenciones, pero para sus adentros está lamiendo su conciencia para no dejar seguir adelante a quienes buscan una oportunidad en la vida para poderse realizar.

Cuando no se actúa con independencia y con criterio personal, por lo regular tarde que temprano se es víctima de estos falsos conciliábulos, que disfrazan la bondad y los afectos con mansalva de artillería, para luego guarecerse en los meandros de la solidaridad, a sabiendas que fue él mismo el que orquestó su propia desgracia.

Cuando no se actúa con razón y lógica, también se es víctimas de este tipo de personajes, que son tan peligrosos y perjudiciales para el desarrollo y proyectos sociales bien intencionados, que es mejor no compartirlos con ellos bajo ningún punto de vista, puesto que no obstante ser sinuosos en las adulaciones, guardan en su conciencia el virus de la traición y la maldad a toda prueba.

En alguna ocasión por esta misma columna, describimos los pasos que hay que seguir para construir una amistad sincera y verdadera, es decir, sin patanerías, sin traiciones y sin el raponazo físico o intelectual, que sin importar el valor de lo hurtado, el solo irrespeto deja una secuela incurable en su víctima, máxime cuando ha sido una amistad de unión familiar y de paisanaje.

Dijimos también, cómo la amistad hay que sembrarla y cultivarla, todos los días podarla y alimentarla con los buenos días de un bello amanecer, y que en los atardeceres de la vida, las partes con profundo respeto y admiración den gracias a Dios por haberla conservarla y ponerla de ejemplo, para que sus descendencias sigan el camino trazado por sus progenitores, en pos de una bella, servicial y fructífera amistad, sobre la cual indudablemente deben construirse las sociedades: con profundo respeto por el ser humano, sin patanerías, sin egoísmos, sin traiciones y sin engaños.

* urielos@telmex.net.co

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