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Opinión

  • | 2017/01/26 11:05

    ¡Maltrato animal generador de violencia!

    Muy oportuno el proyecto de Ley que acaba de radicar en el Congreso el señor presidente Santos, quien como adalid de paz y premio Nobel se estaba demorando para dar ejemplo de pulcritud y de grandeza.

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Con el proyecto de ley, liderado por el señor presidente, prohibiendo las corridas de toros –en lo que sea posible–, también las demás orgías de maltrato animal, llegará a su fin uno de los debates álgidos de los últimos tiempos; debemos felicitar a los antitaurinos puesto que finalmente ganaron la batalla por el derecho a la vida de los animales.

Es indudable que los hechos de violencia en cualquiera de sus modalidades y manifestaciones son generadores de más violencia: corridas de toros, corralejas, riñas de gallos, entre otras prácticas, son altamente nocivas al ser humano; quienes las promueven, sin excepción, son incitadores y provocadores de acciones violentas y vandálicas que la mayoría de las veces terminan en disturbios, con graves perjuicios y pérdidas económicas tanto para los organizadores como para quienes se oponen y generan espectáculos desagradables en una ciudad que, como Bogotá, se precia de culta.

Tenemos que aceptar que la Corte Constitucional no ha sido clara al dictar los fallos que anteceden para reactivar estas actividades, parecería que quieren quedar bien con dios y con el diablo puesto que no han tenido el suficiente pundonor jurídico para fallar en forma contundente y definitiva, recordemos cómo primero las prohibió en forma parcial y finalmente decidió autorizarlas en forma definitiva, con las consecuencias fatales que empiezan a ensombrecer sus decisiones.

Colombia, con premio Nobel de paz a la cabeza, producto de haber liderado el acuerdo de paz más difícil del mundo en los últimos tiempos, con el grupo guerrillero de las FARC, debería dar ejemplo de pulcritud y de grandeza para impedir que se continúen celebrando este tipo de espectáculos, que desdicen mucho de los logros alcanzados, máxime ahora cuando empezamos a trasegar la etapa posconflicto, donde todos nos debemos unir a una sola voz y a una sola causa: No más violencia entre los seres humanos y con las especies animales.

Es un contrasentido que queramos hacer de nuestro país un remanso de paz, como efectivamente lo va siendo después de firmado el acuerdo en la Habana, pero, por el otro lado estemos permitiendo que en nuestras propias narices se continúen las prácticas de la fiesta brava y otras actividades que ponen en tela de juicio el maltrato animal, que no obstante haber tenido tantos debates para su prohibición, un fallo de ligereza de la Corte Constitucional vuelve a prender las alarmas para darles nuevamente vía libre, aun en contra de casi el 70 % de los colombianos que las desaprobamos por salvajes, sangrientas y violentas.

Frente a todas estas circunstancias, es indudable que hay intereses políticos y económicos ocultos, no les importa cuáles sean los resultados sociales de las corridas de toros y maltrato animal, con tal continuar amasando inmensas fortunas, así sea a costa de herir la sensibilidad humana, puesto que según los taurófilos la tradición hace ley y las corridas se vienen implementando desde tiempos ancestrales, lo que indudablemente es cierto, pero cuando no existía mayor conciencia sobre normas legales y jurídicas, para sancionar la violencia y muerte animal, como efectivamente las hay ahora, que pueden ser aplicadas en primera instancia a sus promotores como autores intelectuales y a los matadores en calidad de ejecutores del maltrato y la muerte animal.

Para criar un toro de lidia hay que empezar desde el momento mismo de su concepción puesto que sus padres han debido ser seleccionados para que desempeñen el papel de adoptivos de la casta brava, la mayoría de las veces es una cadena que no se rompe y permite inmensas fortunas a sus empresarios ganaderos. Esto quiere decir que es todo un ritual, hay que conservarlo de generación en generación taurina para que en las corridas se rinda homenaje a su bravura de quienes fueron sus antepasados.

Muchos piensan que el suplicio de la fiesta brava es únicamente en el ruedo: todo empieza desde el llamado encaste, donde para probar su casta y pasar el examen como toro de lidia, son sometidos a los más terribles oprobios, como dejarlos sin comida y traspasarles los testículos con alfileres, días antes de las corridas son sometidos a duras pruebas para que los encargados de mostrarlos en el ruedo les den el visto bueno.

Esperamos que el proyecto de ley, así haya sido archivado por primera vez, vuelva a surgir, con la absoluta seguridad de que tendrá la aprobación de la mayoría de los colombianos, hemos visto cómo en varios países del mundo las corridas de toros y el maltrato animal en general tienen serias prohibiciones con consecuencias penales para quienes las promueven.

Pero apartándonos de las corridas de toros, entramos a otro capítulo de maltrato animal y es el de las corralejas y el coleo, nadie entiende el porqué los señores alcaldes de las ciudades donde se celebran tan ruidosas como salvajes actividades no le ponen fin a tan deprimente espectáculo, puesto que no se trata únicamente del maltrato animal: es la vida de cientos de ciudadanos que azuzados por ganaderos inescrupulosos los embriagan y finalmente por unos pesos los lanzan al ruedo para que sirvan de espectáculo de lidia a los sementales, que descargan contra su humanidad toda su bravura, muchas veces los matan a cornadas o quedan lisiados de por vida.

Son estas dos causas las principales manifestaciones en cuanto a la fiesta brava, pero nos queda por conocer más a fondo lo que son las riñas de gallos y las peleas de caninos de casta, espectáculos que son pactados a muerte, por consiguiente son generadores también de violencia, y llevan en sus graderías una serie de maledicencias que se ocultan en los más recónditos estertores del ser humano, puesto que dada su deficiente tolerancia, desconocen los altibajos que con estos hechos se puedan presentar en la formación de presentes y futuras generaciones.

Respetados sicólogos y analistas han conceptuado que los hechos violentos contra la especie animal por lo regular generan peores hechos de violencia en los seres humanos, muchas veces sirven de excusa para ser un medio de escape a la práctica de actos violentos, siendo este punto el de mayor relevancia cuando se ejecuta en presencia de niños o menores de edad.

urielos@telmex.net.co

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