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Opinión

  • | 2016/08/18 10:42

    ¿Legalización con fines medicinales?

    Si bien por esta columna apoyamos el cultivo de marihuana con fines medicinales, no hay derecho, que se excluya a pequeños y medianos productores que son quienes han padecido los rigores de la violencia de los cultivos ilícitos.

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Es urgente que se investigue y revise con mucha claridad, qué está pasando con las licencias para siembra de marihuana de uso medicinal, expedidas por el Ministerio de Salud, en virtud de la ley recientemente sancionada, puesto que según rumores se están cometiendo una serie de abusos, al preferir a ciertas multinacionales, dejando por fuera a los pequeños y medianos productores, campesinos-, que han sido por décadas los mártires de tan delicada problemática social.

En reciente artículo, manifestamos que tal oportunidad era la ocasión para dar paso a generar proyectos de tipo agroindustrial, con favorecimiento a los pequeños y medianos productores asentados en las zonas de conflicto, donde se viene cultivando desde siempre, sin embargo, parece que las intenciones de legislador y promotor de la ley son otras, que valdría la pena se investigara hasta sus últimas consecuencias. El negocio les resultó tan rentable que ya están mirando la hoja de coca en iguales circunstancias.

La legalización de las drogas con fines medicinales, no parece ser la panacea de solución a tan álgido problema social, puesto que, después de sancionada la ley y expedidas las primeras licencias autorizando siembras para producir hoja de marihuana con fines medicinales, a primera vista se notan las preferencias, puesto que a los pequeños y medianos productores de las regiones donde se viene cultivando, se las están negando, para dar preferencia a ciertas multinacionales.

¿Será que en nuestro País somos lo suficientemente ingenuos, para creer que las hojas de los cultivos de los productos ilícitos, resultan con poderes medicinales o milagrosos? O es que ya nos está haciendo efectos sus trastornos mentales, para que de esta forma procedamos a terminar con paños de agua tibia una batalla, tan tenebrosa, como lo ha sido el narcotráfico en Colombia.

Sin embargo, por esta columna, hemos insistido cómo la marihuana manejada en forma responsable y dosificada, puede ser la solución, para dar paso a que muchas enfermedades puedan ser tratadas a través de ungüentos, jarabes y pócimas a base de la hoja de marihuana, en nuestros artículos anteriores hicimos referencia de personas que han padecido enfermedades de difícil tratamiento, lo han logrado con productos a base de hoja de marihuana.

Por esta razón fuimos muy solidarios con la iniciativa del senador Juan Manuel Galán, quién después de un estudio minucioso, estructuró un proyecto de ley, para el cultivo y agroindustrialización de la hoja de marihuana, que después de los debates reglamentarios en el Congreso fue aprobado y finalmente sancionada por el presidente de la Republica, la cual ya empezó a operar con el fin de expedir las primeras licencias de producción, bajo la supervisión del Ministerio de Salud.

Sin embargo, según informes de fuentes serias, las autorizaciones o permisos para su cultivo a pocos días de ser sancionada la ley, empieza a tener serios cuestionamientos, puesto que no se están expidiendo a pequeños y medianos productores, sino a multinacionales, que nada han tenido que ver con la problemática social planteada y vivida desde hace varias décadas por los pequeños y medianos campesinos, donde se cultiva desde tiempos ancestrales.

Pero, parece que el negocio de legalización con fines medicinales para las altas élites es tan rentable, que ya están mirando hacerlo con la hoja de coca, con el mismo senador Juan Manuel Galán a la cabeza, que muy seguramente logrado este segundo objetivo, lo hará con la amapola, la heroína y el cacao sabanero, que según a su juicio resultarán tan medicinales que trabarán toda la infraestructura de nuestro Estado de Derecho, para convertirlas en hojas milagrosas o medicinales con la vara mágica de don corrupto que todo lo puede y lo hace.

La etapa más tenebrosa y dolorosa en nuestro país tiene su incidencia en el narcotráfico, puesto que ha sido sostén de los grupos guerrilleros, y demás bandas criminales y delincuenciales, que prevalidos de su poder económico han buscado desestabilizarlo, puesto que se olvidaron de sus ideologías, para penetrar como empresarios al negocio de las drogas ilícitas, desde su siembra, pasando por la industrialización, distribución, comercialización y consumo.

Todas las organizaciones criminales, se han nutrido económicamente del narcotráfico y sembrado las regiones de nuestra patria de tumbas y calvarios, amén de los millones de desplazados, mujeres violadas y las miles de orgías de sangre que se han presentado, producto de la sed para obtener la supremacía de las regiones donde se cultivan los ilícitos, empezando por sembrar miedo y terror a humildes campesinos y moradores, que finalmente tienen que abandonar sus fincas o entregarlas por cualquier bicoca con el único objeto de salvar su vida y la de sus familias.

Con la teoría de la legalización de las drogas expuesta en foros nacionales e internacionales, por los más autorizados analistas, estamos llegando a un clímax de máxima interpretación y es sobre la impotencia del Estado, que desde hace más de treinta años viene luchando por erradicarlas a base de: programas de represión, judicialización, erradicación, sustitución y de cuanta artimaña se ha valido, programas todos fallidos, y que según análisis de las Naciones Unidas – oficina lucha antidrogas-, no obstante sus ingentes esfuerzos, los cultivos con programas de industrialización, comercialización y consumo, se vienen incrementando vertiginosamente.

Los cultivos ilícitos han sido para Colombia en las últimas décadas, todo un escenario de desaciertos: a través de ellos, se viene sosteniendo el monstruo de la corrupción, que merced a esta potencialidad económica, se pasea por las instancias del Estado, blandiendo la bandera del soborno, penetrando los tres poderes públicos y en su mayor parte el esquema administrativo, social y económico, sumados desde luego muchas empresas privadas que para acceder a un contrato con el Estado, tienen que presupuestar el rubro del soborno o últimamente la llamada mermelada.

Si hacemos un inventario de todos los aciertos y desaciertos que nos ha dejado el narcotráfico, llegamos a la conclusión que la balanza de la desgracia se inclina a favor de las más tenebrosas orgías de sangre para nuestro país, no existe familia en Colombia que no haya sido víctima de la violencia del narcotráfico, promovido por las bandas criminales que bajo el imperio del dinero, hay que cederles espacios sociales, puesto que de lo contrario crean a través de testaferros un ambiente malsano y poco llevadero en regiones donde ha imperado la decencia y los buenos modales.

Como consecuencia del imperio del narcotráfico, la actividad política ha sido una de las más afectadas, puesto que no existe corporación legislativa del orden: municipal, departamental o nacional que no esté permeada por los dineros calientes del narcotráfico y así mismo la elección popular de funcionarios públicos.

* urielos@telmex.net.co

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