Martes, 17 de enero de 2017

| 2016/09/29 10:36

¡Llegó la hora de la verdad!

El próximo domingo 2 de octubre, nos tocará el turno a los expectantes, para decidir sobre la conveniencia o no, del acuerdo de paz, firmado el pasado lunes en Cartagena, entre el gobierno y el comandante de las FARC.

Uriel Ortiz Soto. Foto: Semana.com

El próximo domingo 2 de octubre, nos tocará el turno a los expectantes, para decidir sobre la conveniencia o no, del Acuerdo de paz, firmado el pasado lunes en Cartagena, entre el gobierno y el comandante de las FARC.

Fue un acto majestuoso, todo estuvo a la altura de las circunstancias, sin embargo, ante las contramanifestaciones efectuadas por el Centro Democrático -en la ciudad de Cartagena y principales ciudades- encabezadas por el expresidente y senador, Álvaro Uribe Vélez y del exprocurador, Alejandro Ordóñez; -dada la importancia de los personajes, como hombres de Estado- queda la sensación que el país se encuentra polarizado frente a las elecciones plebiscitarias del próximo domingo, cualquier cosa puede pasar entre quienes promueven el Sí y el No. Además se avecina una abstención bastante fuerte, se cree que puede ser del orden del 60 % de los ciudadanos aptos para votar, lo anterior, en razón a que las mayorías desconocen lo acordado.

Miles y miles de compatriotas asistirán a las urnas con el corazón lacerado y el alma entristecida, puesto que los jefes guerrilleros no les han dado razón sobre el paradero o las tumbas donde fueron sepultados sus seres queridos; durante la décima y última conferencia de las FARC, en los llanos del Yarí, vimos, cómo muchas madres asistieron a reclamarles, por el paradero y no obtuvieron respuesta alguna, esta circunstancia está llevando a los potenciales votantes a no ser participativos en la refrendación del acuerdo mediante el plebiscito.

El caso de los niños secuestrados por la guerrilla de las FARC, continúa siendo uno de los capítulos más tenebrosos y dolorosos de esta guerra infame,-que según las partes acaba de terminar- fueron reclutados para que sirvieran de carne de cañón, cientos de ellos, ante su incapacidad de cumplir con los arduos trabajos impuestos por sus comandantes, fueron condenados en consejos verbales de guerra a la pena de la horca o fusilamiento, ejecutadas en medio del dolor y las lágrimas por sus propios compañeros de filas, para que les sirviera de escarmiento en acciones futuras.

La entrega hace veinte días de 8 niños, en forma solapada y silenciosa, nos da a entender que el drama aún permanece latente y oculto en las selvas colombianas. Muchos continúan en las filas guerrilleras o han sido asesinados, hechos ampliamente denunciados por quienes han padecido el suplicio del secuestro y lo han relatado en sus memorias.

Los colombianos esperamos con nuestro presidente, la comisión de paz y las ONG, nacionales e internacionales a la cabeza, que todas estas dudas se aclaren, para dar descanso por lo menos en vida a los miles y miles de colombianos que un día vieron partir a sus seres queridos secuestrados con fines económicos, y que no obstante haber pagado el rescate, jamás regresaron.

Sin embargo, estos no son los únicos escollos que hay que mirar con la firma del Acuerdo de paz, existen otros de suma gravedad, como por ejemplo: las masacres colectivas, las violaciones de campesinas en serie, el desplazamiento forzado, las pescas milagrosas, las extorsiones, el chantaje, el secuestro y lo más grave, las empresas multinacionales de las drogas ilícitas, que se están prestando para lavado de activos, sobornos a altos funcionarios del Estado y en fin, toda una maraña de desaciertos, que finalmente a través del acuerdo de paz, quedarán absueltos y no pagarán ni un día de cárcel, en cambio sí recibirán una serie de prebendas del Estado, como: vivienda, salud, salarios, bonificaciones, curules a dedo en el congreso de la república, entre muchas otros beneficios.

Después de casi sesenta años de guerra, donde los colombianos prácticamente hemos vivido encañonados por los grupos guerrilleros de las FARC, concurriremos a las urnas el próximo domingo 2 de octubre, para refrendar con nuestro voto el acuerdo de paz recientemente firmado entre los comisionados del gobierno y las FARC, oficializado el pasado lunes 26 de septiembre.

Unos votarán por el Sí y otros por el No, lo que finalmente conllevaría a una Asamblea Nacional Constituyente, como lo expresamos en nuestra columna del pasado 22 de septiembre y lo acaba de confirmar el máximo jefe negociador por parte de las FARC, alias Iván Márquez, en la clausura de la 10 conferencia de las FARC, en los llanos del Yarí, el pasado viernes 23 del mismo mes.

Pese a que quedan muchos cabos sueltos y dudas por resolver, los colombianos con nuestro presidente a la cabeza, avalados por la comisión negociadora del gobierno, creemos que las sonrisas de oreja a oreja de los jefes guerrilleros son sinceras, a donde llegan están arrancando aplausos y ya empiezan a ser recibidos como todos unos héroes que regresan de la guerra, como si los provocadores hubiésemos sido sus víctimas.

Desde luego que queremos la paz, votar el próximo domingo 2 de octubre por el Sí o por el No, no es lo más importante, cualquiera de las dos alternativas es válida, siempre y cuando se haga con pleno conocimiento de causa, de acuerdo a como pintan las cosas, la abstención ronda por lo menos el 60 % del total de votantes habilitados de conformidad al último censo electoral, es muy probable que el Sí supere el 13 % del umbral, es decir: cuatro millones quinientos treinta y cinco mil votos, la votación por el No, según expertos sobrepasará los cuatro millones de votos, lo que equivaldría a una mayoría altamente calificada para que se convoque a una Asamblea Nacional Constituyente.

Debemos entender que el Acuerdo de paz, recientemente firmado, adolece de una serie de incongruencias, por lo tanto el común de los colombianos se encuentran en los actuales momentos muy poco convencidos de cual, va a ser su decisión el próximo domingo, pero que mirando todo desde un punto de vista real, la abstención, sumado el Sí, más el No, todo va para que sean los ciudadanos quienes elijan con su sapiencia y sabiduría, a un grupo de constituyentes, para que estudien las enmiendas constitucionales que el País necesita y que vienen reclamando con suma urgencia desde hace varios años.

Esperamos que a partir del 3 de octubre cuando se conozcan los resultados del plebiscito, el gobierno y los negociadores de las partes, entren en un estado de comprensión para con el pueblo colombiano, y en lugar de activar triunfalismos, meditemos con sentido de responsabilidad sobre el futuro de nuestra patria, ese porvenir que nos espera lo debemos construir entre todos los colombianos de buena voluntad, no es la hora de sacar pecho, ni de los aplausos, puesto que los palos no están para cucharas, tenemos que entrar en razón y darnos cuenta que el camino que nos espera hay que recorrerlo con mucho cuidado, sin odios y sin rencores, siempre en aras de encontrar la paz definitiva y verdadera.

No olvidemos que si: “Colombia siembra paz, la paz vendrá del campo”.

* urielos@telmex.net.co

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