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Opinión

  • | 2015/05/29 09:44

    ¡Martirologio infantil!

    Una sociedad que ve morir a sus niños de desnutrición ante la indiferencia del Estado, es porque ha perdido su sensibilidad social; como tal, le esperan tiempos difíciles.

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Los derechos de los niños deben prevalecer sobre cualquier otra circunstancia, pero lamentablemente están siendo vulnerados en tal forma, que parecen hasta quijotescas las ambivalentes medidas que se han adoptado: cuando una catástrofe infantil ocurre, los responsables de darles protección salen con respuestas tan torpes que no se compadecen con la magnitud de las tragedias infantiles, que con frecuencia por imprevisión se viven y seguirán sucediendo en todo el territorio nacional.

El problema de la vulnerabilidad infantil no se resuelve con lágrimas, ni con discursos en foros, ni en el Congreso de la República, se requiere toda una política de Estado para que el niño desde que se encuentra en el vientre de la madre, y en el momento de nacer hasta su mayoría de edad, disfrute de todos los derechos, pero también les genere deberes y responsabilidades que deben ser suplidos por sus padres o acudientes hasta que tengan mayoría de edad.

Varias veces nos hemos pronunciado en esta columna sobre la aberrante situación que están padeciendo millones de niños en nuestro país, es un problema tan crucial, que ya varias instituciones internacionales se han ofrecido para intermediar ante las autoridades competentes.

Sería muy importante que el Gobierno, con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) a la cabeza, revisara si realmente esta institución con miles de burócratas innecesarios está cumpliendo su deber, o averiguar cuáles son sus falencias, con el fin de corregirlas, puesto que no se justifica que dicho organismo, con tan abultado presupuesto y representación en casi todos los municipios del país, tenga tan pobre desempeño.

En nuestra columna del día 8 de mayo denunciamos la crisis alimentaria que viven los niños en los departamentos de Chocó y La Guajira, dimos el campanazo de alerta de cómo en el solo municipio de Rancherías, en La Guajira, ver morir un niño por desnutrición es tan común que ya sus padres no los reportan a las autoridades; en igual forma denunciamos cómo en el departamento de Chocó, en las narices de su propio gobernador, se celebró un contrato por la suma de 4.500 millones de pesos para la alimentación de los niños en varios municipios, y la entidad contratante tuvo el descaro de enviarles alimentos podridos y en pésimo estado de conservación.

Pero lo más grave es que después de todas estas denuncias, el martirologio de los niños continúa: en la semana anterior fueron reportados en La Guajira, la muerte de 11 niños por física desnutrición; según reporte de las autoridades de varios municipios del país, son cientos los niños que se encuentran en tal circunstancia, temiéndose el desenlace fatal de varios de ellos si no se toman los correctivos inmediatos, todo esto ante la indiferencia del Estado, cuyo gobierno se ha dedicado más al protagonismo de la paz que a gobernar.

Es preocupante también el caso de niños que asisten a los establecimientos educativos en tal grado de desnutrición, que muchas veces sus profesores por sus propios medios tienen que alimentarlos o poner su caso en conocimiento de las autoridades educativas, para buscar solución a tan dramático problema; la desnutrición escolar en muchas regiones del país está atravesando por una etapa bastante crítica puesto que las ayudas del Gobierno no llegan, o cuando menos son dilapidadas por los funcionarios corruptos, como en el caso de Chocó y La Guajira.

Qué decimos también de los millones de niños que están padeciendo estados depresivos en último grado debido a los continuos problemas en el seno de sus hogares, que muchas veces conducen a la separación de sus progenitore;, los niños en estos estados se vuelven retraídos y huraños, finalmente terminan consumiendo droga y constantemente son producto del matoneo si no ingresan a las galladas delincuenciales de los barrios en donde viven, cuando no es que finalmente se suicidan.

Pero hay otra población de niños que padece angustiosa situación en diferentes regiones del país, niños en harapos que tienen que desempeñar trabajos forzados, o son sometidos al maltrato por sus propios padres, o violados ante la indiferencia de sus progenitores.

Se han recibido quejas de niños menores de seis años que a las 4 de la mañana son obligados a salir a la calle a pedir limosna para sostener el vicio de sus padres, padrastros o hermanos, les ponen una cuota y al no cumplirla, en las horas de la noche les espera tremendo castigo, de esto tampoco sabe nada el ICBF, se calcula que en Colombia, de cada diez niños, seis viven el drama de una u otra índole, por eso, insistimos, se requiere con urgencia de una política integral de protección al menor.

El caso de los niños que se encuentran en las filas de las FARC, y que hace unos meses la comisión que los representa en la mesa de negociación en Cuba, se comprometió a liberarlos por los menos en forma escalonada, tampoco se ha cumplido, finalmente han dicho que este compromiso no se ha hecho, es decir, que cambian de parecer de la noche a la mañana, no olvidemos que tanto la Iglesia como la Cruz Roja Internacional están dispuestas a mediar en misión tan importante, como es la de regresar a miles de menores de edad que un día les fueron arrebatados con engaños y mentiras,
a sus hogares.

Lo más denigrante es el caso de las niñas menores de edad en la guerrilla: una vez reclutadas, son violadas y a la fuerza terminan siendo las amantes de los comandantes guerrilleros. Cuando una de estas adolescentes queda embarazada, es obligada a abortar y en caso de resistirse, sometida a los más crueles castigos, que casi siempre terminan en consejo verbal de guerra y finalmente son condenadas al fusilamiento.

Esperamos que la Fiscalía actúe en forma drástica contra los pillos y ladrones que incrustados en la Administración Pública se están robando los presupuestos para el bienestar de los niñso. Eempiecen, por favor, por Chocó, La Guajira y Bogotá, de seguro, no perderán el tiempo.

urielos@telmex.net.co
urielos@hotmail.es
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