Miércoles, 28 de septiembre de 2016

| 2016/09/22 10:15

Sí + No = Asamblea Nacional Constituyente

El doctor Álvaro Leyva Durán en recientes declaraciones manifiesta: que todo este proceso debe terminar en una Asamblea Nacional Constituyente.

Uriel Ortiz Soto. Foto: Semana.com

El doctor Álvaro Leyva Durán, estratega de paz, en recientes declaraciones para diferentes medios de comunicación, manifiesta: que todo este proceso debe terminar en una Asamblea Nacional Constituyente.

Considerando que nos encontramos a poco más de ocho días de las elecciones del plebiscito para refrendar el acuerdo de paz, recientemente firmado, entre los comisionados del gobierno y la guerrilla de las FARC, en La Habana, Cuba, los colombianos debemos reflexionar sobre el hecho tan trascendental para la vida democrática de nuestro país, y pensar que con nuestro voto, bien sea por el Sí, o por el No, vamos a tener la oportunidad de trazar los caminos hacia el futuro, a través de una Asamblea Nacional Constituyente, con el fin de reacomodar a nuestro Estado de Derecho y al nuevo ordenamiento jurídico, el diagnóstico social, puesto que con la firma del Acuerdo de Paz, se han creado, consciente o inconscientemente, una serie de falencias que hay que corregir, pero que con el mecanismo de participación ciudadana, se podrían subsanar.

La Asamblea Nacional Constituyente, es vos populi desde los inicios de las negociaciones en La Habana, Cuba, aceptada por la misma organización guerrillera, por varios sectores políticos y de opinión, que han visto en ella, la mejor manera de corregir las incongruencias producidas con la firma del acuerdo de paz, y que de no hacerse en tiempo oportuno, se podrían generar problemas de tipo social.

Votar por el Sí o por el No, no es lo fundamental, lo que debe hacerse es votar con pleno conocimiento de causa, sin que ninguna de las partes, como lo dijo ‘Timochenko‘ máximo comandante de las FARC: donde no hayan ni vencedores, ni vencidos, pero sí el querer y la voluntad de todos los colombianos. Para que el acuerdo de paz recientemente firmado, empiece a implementarse, hay que empezar por hablar un lenguaje de tipo social, económico y político, es decir, que el de la guerra, empiece a desaparecer y ser cosa del pasado.

La verdad, es que el doctor Leyva Durán, tiene autoridad moral para decirlo, puesto que viene trabajando por la paz de nuestro País desde hace varias décadas y en varios gobiernos, sin que nadie lo haya desautorizado, pero, lo más importante, es que, puede caracterizarse como un auténtico consejero y mediador entre el gobierno y el grupo guerrillero de las FARC, que jamás tampoco lo ha desautorizado, durante el recorrido de varios procesos fallidos y en el actual que ya llega a su fin.

Aunque muchos colombianos perversamente lo asocien como miembro de la guerrilla de las FARC, están bastante equivocados, tan altruista e ilustre colombiano, siempre ha buscado el bien para su Patria y como lo ha manifestado varias veces, seguirá trabajando hasta lograr un país en paz, y entregarlo a las presentes y futuras generaciones, sus compatriotas sabemos muy bien que como exministro de Estado, también ha ocupado altos cargos en diferentes gobiernos en representación del partido conservador al cual pertenece, fue senador de la República, precandidato presidencial en la contienda electoral del 2014, con la doctora Marta Lucía Ramírez de Rincón y el excongresista Pablo Victoria.

Es muy importante que voces tan autorizadas y experimentadas como las del doctor Leyva, se evalúen y se tengan en cuenta en el presente y futuro, puesto que solo ellos, saben el pensar de dicha agrupación subversiva, el sentir de la misma, lo temores que puedan tener respeto al acuerdo de paz que acaba de firmarse con el gobierno, y que se refrendará con la convocatoria plebiscitaria el día 2 de octubre del año en curso.

El Acuerdo recientemente firmado, puede catalogarse como un diagnóstico social, que fue estructurado por las partes que se sentaron en la mesa de negociación, en La Habana, Cuba, desde el mes de noviembre del 2012, que adolece de una serie de falencias imposibles de renegociar en los actuales momentos, pero que sí puede serlo mediante una Asamblea Nacional Constituyente, convocada para después del plebiscito del 2 de octubre del año en curso.

Los colombianos debemos ser conscientes, que el voto plebiscitario del 2 de octubre, será la oportunidad para dar paso a este mecanismo de participación ciudadana, siempre y cuando, el Sí y el No, sean copiosamente votados, puesto que de ganar el Sí, por una mayoría absoluta, todo lo acordado será ley para las partes y los votantes de las minorías del No, no tendrían derecho a exigir que se enmienden los errores cometidos con la firma del acuerdo de paz, recientemente divulgado.

Los mismos comandantes guerrilleros, que forman parte de la negociación en La Habana, Cuba, han estado de acuerdo con que se convoque a una Asamblea Nacional Constituyente, para que sea el pueblo en su soberanía, quien elija sus representantes, que debatirán durante un período establecido por la ley de la República, las enmiendas constitucionales que haya necesidad de hacer, con el fin de no lesionar derechos fundamentales de los colombianos.

El Sí y el No, son la comidilla en reuniones sociales y políticas, se han armado foros y seminarios con el fin de dilucidar qué tan conveniente es votar el plebiscito en una u otra forma, puesto que allí está el futuro de nuestra patria y de sus instituciones republicanas.

Hay que aplaudir desde todo punto de vista, el trabajo que incansablemente han venido desarrollando desde hace cuatro años los altos comisionados de las partes, puesto que gracias ellos, el País ha entrado en una etapa de esperanza para lograr la paz, justa, social y verdadera, que desde hace varias décadas venimos reclamando con insistencia los Colombianos.

Sin embargo, debemos estar expectantes con el comportamiento del desarrollo del posconflicto; de los proyectos productivos del sector agropecuario dependerá en buena parte que los reinsertados y desplazados, empiecen una labor productiva para nuestro país, pero, esto depende de que tan bien estructurados estén estos proyectos, que sean desde todo punto de vista viables, rentables y susceptibles de darles valor agregado, encadenándolos y buscándoles desdoblamientos con programas de agroindustrialización y canales de comercialización.

No debemos olvidar que los peores conflictos de nuestro país son de origen campesino y por lo tanto el gobierno debe ser muy cuidadoso en establecer políticas con programas de desarrollo rural que realmente las pueda cumplir, puesto que de lo contrario dolorosamente regresaremos al mismo punto de partida.

Finalmente, no olvidemos que: si Colombia siembra paz, con toda seguridad: la paz vendrá del campo.

* urielos@telmex.net.co

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