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Opinión

  • | 2016/09/15 10:25

    ¡Súplicas del toro de lidia!

    Con el debido respeto por quienes predican la paz y a la vez aficionados a la fiesta brava, son tan contradictorios, que más les valdría refugiarse en los laberintos de su propia conciencia.

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El solo hecho de ver a un público delirante, sediento de violencia y de sangre, me produce indignación y tristeza, puesto que dentro de las graderías se encuentran muchos de quienes nos gobiernan, pregonan la paz, le dicen No a la violencia y dictan cátedras de moral, respeto y amor por la vida. ¡Qué ironía y qué contradicción, querer ser pregoneros de paz, promoviendo, tolerando y aplaudiendo la violencia!

Señores contertulios de la fiesta brava: encontrándome en la antesala de la muerte y a pocos días de salir al ruedo, para ser:

Torturado, vilipendiado y finalmente asesinado, todo para satisfacer vuestros instintos masoquistas y bestiales, quiero que entréis en un momento de reflexión y comprendáis que mi estado animal, poco se diferencia a la humanidad de vosotros, con la absoluta seguridad que jamás como ejemplar de lidia, os desearía semejante suplicio y humillación.

Pareciera que ignorarais que siento y percibo los mismos maltratos de todo un ser humano, las banderillas que clavan en mi lomo ante la complacencia y satisfacción de todos vosotros, me llegan al alma; aunque lo ignoréis, mi estructura animal está conformada lo mismo que las de vosotros, tengo un alma y un cuerpo que son la causa de mi vida y mi existencia, soy también obra de la creación; el todo poderoso, estoy absolutamente seguro, que os pasará cuenta de cobro por tolerantes y cobardes, por haberos aprovechado de un indefenso animal para satisfacer caprichos libidinosos, que se ocultan en las altas élites sociales como castas privilegiadas.

La fiesta brava, es el roce social de quienes ostentan el poder y el dinero conseguido sin ningún pudor y vergüenza, muchos de los que gritan a más no poder, para hacerse sentir que están participando en la violación a los más elementales derechos de los animales, como es el de la vida, ni siquiera tienen la valentía de meditar por un solo instante, puesto que todo lo hacen embriagados por el licor y la satisfacción de pertenecer a una cúspide lacerada por la ignominia, la opulencia y la ignorancia.

Pero, gracias a la divina providencia, tenemos quién nos defienda, las organizaciones anti taurinas, ya se han tomado el mundo, y son varios los países cuna de la fiesta brava, donde estas prácticas crueles y despiadadas han sido totalmente prohibidas con el aplauso de las presentes y futuras generaciones, que están dando ejemplo de pulcritud y de grandeza a sus mayores, gobernantes y dirigentes, para que no continúen sembrando el terror y manchando de sangre los circos de toros, que hoy en día se han convertido en toda una vergüenza nacional e internacional y posteriormente en un monumento a la violencia y la ignorancia.

Qué decir de las corralejas, que se celebran en campo abierto, para que las peonadas de las haciendas, ciudadanos y transeúntes desempleados, por unas cuantas monedas, ofrezcan sus vidas, espectáculos matizados por ríos de licor para hacer más tenebrosa la tarde en el ruedo, son cientos los ciudadanos lisiados de por vida, por culpa de haberse lanzado a torear, en pos de unas cuantas monedas, para satisfacer las más elementales necesidades familiares.

Como ejemplar de toro de lidia, tuve una nacencia muy parecida a la de vosotros, soy hijo de dos ejemplares de ganadería, mi madre me dio a luz a los nueve meses, lo mismo que a vosotros, me cubrió de mimos y caricias alimentándome de leche materna en iguales condiciones que a vosotros, crecí y pronto fui un hermoso becerro con su correr gracioso, -lo mismo que vosotros cuando niños- alegré la hacienda de mis patrones, que me cogían y acariciaban, ignorando que estaban fraguando el negocio más criminal de su vida, al prepararme para el encaste, donde se negocia el dolor y la tortura en las haciendas bajo los tratos más denigrantes, crueles e inhumanos, como el cruzarnos los testículos con alfileres solo para probar nuestra casta y bravura, y decidir si somos aptos para el encierro y posterior sacrificio, con la presencia de una jauría también embriagada de licor, gritando: olé ole y ole, simple y llanamente para satisfacer sus instintos sociales, que lamentablemente se asocian con el ultraje y la muerte de un indefenso e inocente animal, cuyo único delito es el de su bella existencia.

Mi muerte, señores contertulios de la fiesta brava, la mayoría de las veces es todo un martirio, cuando el matador o torero, no acierta con la primera estocada, la sigue repitiendo, y muchas veces termina cociéndonos a puñaladas, ante la vergüenza y decepción de un público que lo rechifla, no para compadecerse de nosotros los martirizados toros de lidia, sino, para protestar por no haber tenido una faena brillante con la primera, qué horror señores, estos casos se presentan con inusitada frecuencia en las plazas de toros de todo el mundo, donde se comete la violación de los más elementales derechos de los animales, en nuestro caso, la de toros de lidia.

Gracias a las organizaciones anti taurinas, muchos empresarios han tomado conciencia y han decidido cambiar su negocio, con el fin de evitar remordimientos de conciencia, que de acuerdo a como están las cosas, las corridas de toros, las corralejas y todos los espectáculos que signifique maltrato animal, pasarán a la historia de la humanidad, como la peor infamia vivida por quienes participaron de semejantes orgías de dolor, muerte y sangre, que muy pronto quedarán plasmados como un monumento a la peor desgracia del maltrato animal.

Esperamos que el proyecto de ley que presentará al congreso el señor alcalde mayor de Bogotá, prohibiendo las corridas de toros en la plaza Santamaría, tenga la mayoría de votos suficientes para lograr que como ley de la República se haga extensivo en todo el país.

Causa verdadera preocupación que ciudades de tan alto rango y estima social, como Manizales – Caldas, sea en los actuales momentos una de las más entusiastas promotoras de las corridas de toros, dentro de sus fiestas tradicionales de fin y principios de año.

No olvidemos que la capital de Caldas, es reconocida mundialmente por ser un emporio de pulcritud y de grandeza, y siendo la llamada ciudad de las puertas abiertas, le queda muy mal continuar sosteniendo la fiesta brava, que si bien en el pasado fue el entusiasmo y el colorido, en los actuales momentos, debe hacer honor a “su fiel surtidor de hidalguía, de Manizales primorosa” y reemplazarlas por la promoción del Paisaje Cultural Cafetero, en todas sus dimensiones.

* urielos@telmex.net.co

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