Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 1998/10/19 00:00

VALORES RELIGIOSOS

VALORES RELIGIOSOS

Al día siguiente de la publicación universal del informe Starr sobre sus desahogos genitales con la joven Monica Lewinsky, el presidente Bill Clinton convocó a la Casa Blanca a varios 'líderes religiosos' para celebrar un "desayuno de oración", según informa la prensa. Al salir de él, espiritualmente reconfortado, Clinton se declaró públicamente "un pecador" y pidió contritamente perdón. Los 'líderes religiosos' dijeron que parecía sinceramente arrepentido. Pero en vista de que el perdón pedido no llegaba, de que las encuestas no mostraban una recuperación de la confianza pública, y de que el Congreso continuaba adelantando los trámites para su juzgamiento por perjurio, el presidente, según informa la prensa, tomó la iniciativa de "telefonear personalmente" (la prensa no da detalles, pero cabe suponer que la señorita Lewinski no estaba de servicio durante esos telefonazos) a otros tres 'líderes religiosos' más y pedirles que hagan equipo con su actual consejero el reverendo Jesse Jackson prestándole a Clinton "auxilios espirituales" para luchar contra las tentaciones de la carne. Son, informa la prensa, el reverendo presbiteriano Gordon MacDonald, de Massachussets, quien por lo visto es una autoridad en materia de adulterio porque hace unos años confesó el suyo propio en un best seller titulado Reconstruyendo tu mundo roto, que Clinton dice haber leído "dos veces"; el reverendo baptista Tony Campolo, con fama de liberal pro-gay (¿estará por estallar otra bomba?); y un tercero cuyo nombre no había sido revelado en el momento de escribir este artículo. Pero es posible deducirlo: si MacDonald es un presbiteriano de ascendencia escocesa especializado en adulterios, y Campolo un baptista italo-americano partidario de la comprensión hacia los homosexuales, y Jackson un pentecostalista de raza negra que se dedica a la política profesional (ha sido incluso candidato a la Presidencia), es previsible que el cuarto asesor espiritual pertenezca él también a alguna minoría étnico-religiosa influyente, y que tenga él también alguna especialidad sexual o política notable al margen de su sagrado ministerio.
¿Un mormón?
No es probable. Los mormones son muy rígidos, pese a ser polígamos. Ninguno aceptaría nunca participar en desayunos de trabajo en ese lupanar que es la Casa Blanca de Clinton. Además, son pocos. ¿Un hindú-norteamericano gurú del New Age y practicante de los yogas eróticos tántricos? Tampoco. Asustaría a la 'América profunda', que es justamente la que se resiste a perdonar a Clinton. ¿Un muftí musulmán turco-americano, preferiblemente eunuco? Hasta en un oportunista tan redomado como es Bill Clinton el gesto parecería de un descaro excesivo, sin hablar de que podría tener repercusiones indeseables en política exterior. No. En mi opinión, el puesto de cuarto asesor espiritual se juega entre un rabino judío que sea una autoridad en onanismo (si ha escrito un estudio bíblico consagrado al propio Onán, mejor), y un cura católico de origen hispano que haya pagado cárcel por pederastia. O una mujer. Sí: una mujer. Una de esas obispas episcopalianas que han sido ordenadas en los últimos tiempos ante la indignación de las demás confesiones cristianas, enemigas del sacerdocio femenino. En Estados Unidos las mujeres son muy numerosas. Y las feministas tienen peso. Porque no son auxilios espirituales los que busca el presidente Clinton, sino, más prosaicamente, apoyos electorales: lo que quiere es volver a subir en las encuestas, no reformarse. Y pretende lograrlo utilizando el mismo recurso que lo llevó a la presidencia no sólo a él mismo, sino a todos sus predecesores desde Jimmy Carter: la recuperación de los 'valores familiares y religiosos' de Estados Unidos.Claro está que los candidatos derrotados también agitaban esos mismos 'valores'. Pero aún sin entrar en ese tema, la tarea se presenta cuesta arriba para Clinton. Para tener éxito le va a tocar incluir en su sanedrín de confesores a un lama budista, un sacerdote shintoísta, un santero cubano-americano, un pope ortodoxo armenio, un obispo reformado maronita de origen libanés, un animista descendiente de esclavos somalíes, y la reina de Inglaterra, que es la cabeza de la Iglesia Anglicana. Es lo malo de presidir un país 'multidenominacional', que es el nombre 'políticamente correcto' de la proliferación de sectas. Para gobernar durante 40 años a la homogéneamente católica Italia, a Giulio Andreotti le bastaba con recibir devotamente la comunión una vez al año del Papa de turno. Y a un visitante extranjero que le preguntó admirativo que desde cuándo estaba en el poder la Democracia Cristiana, su partido, el viejo político le respondió con una sonrisa: "Desde la conversión del emperador Constantino".

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