El país se encuentra a pocos días de decidir si se ‘entierra de cabeza’ en el comunismo opresor y perverso, o si recapacita y elige el camino de la democracia y sus libertades; en caso de que quieran dar continuidad a la actual ideología política ‘progre’, se debe recordar que esta se quedará en el poder por muchos años, como ocurrió en Venezuela, Cuba, Nicaragua y otros países de la región, donde la represión, la persecución política, el hambre, el desempleo y las migraciones masivas serán el pan de cada día; o por el contrario, si se escoge la senda de la democracia, con imperfecciones, pero con innumerables bondades, se estará trazando la línea de progreso, prosperidad y libertades que merecen los 54 millones de colombianos.
La corrupción, disparada exponencialmente durante este último gobierno, es una muestra palpable de lo que le espera al país, si es que los votantes deciden darle continuidad a la ideología comunista que hoy nos gobierna.
Estamos viviendo una falsa economía donde probablemente el dinero del narcotráfico fluye a manos llenas. Estamos enfrentados a una violencia extrema, pues los grupos narcoterroristas se sienten respaldados debido a extrañas decisiones gubernamentales.
La salud la han deteriorado hasta tal punto que muchos colombianos han fallecido por falta de oportuna atención profesional o por no tener acceso a los medicamentos debido al aberrante ‘shu, shu, shu’ impulsado por el jefe de Gobierno y, para completar, la educación en las garras comunistas de Fecode.
La democracia se enfrenta a las patrañas empleadas por la izquierda para comprar los votos de ilusos e incautos, como ‘la intempestiva’ entrega de huevitos, ‘la sobredosis’ de subsidios, el incremento ‘tan oportuno’ del salario mínimo, la propuesta de sueldo para la población carcelaria, la disminución de la jornada laboral, la reaparición de la ‘primera línea’ destruyendo el transporte público para generar zozobra e intranquilidad en la población, el voto cautivo en más de 100 municipios donde el registrador nacional reconoce que hay grupos armados ilegales amenazando el proceso electoral y el mensaje subliminal que advierte sobre el caos y la anarquía que se generará en todo el país en caso de que el ‘heredero de Palacio’ no gane la presidencia; hasta el salario mínimo es empleado por los zurdos como arma política.
Nuestro bello país es una nación muy particular, pues el jefe de Gobierno se atreve a decir en público “nadie que sea negro me va a decir que hay que excluir a un actor porno”, demostrando con ello una actitud totalmente racista en un pueblo donde la población es un 85 % mestiza y un 10 % afrodescendiente y nadie dice nada; es un país donde el mismo jefe de Estado beneficia a los que delinquen, en lugar de premiar a los buenos que sobresalen por su labor y nadie dice nada.
Es un país donde parece que ser pillo paga, pues muchos bandidos reciben beneficios otorgados por la jefatura de Gobierno, nombrándolos gestores de paz o integrantes de mesas de negociación de la famosa ‘paz total’, lo que solamente conduce a la impunidad y nadie dice nada; por sucesos menos graves, algunos jefes de Estado han tenido que renunciar a su cargo.
Es un país donde se violenta la Constitución y nadie se pronuncia, pues no es posible que se haya determinado por parte del Consejo Nacional Electoral que efectivamente se violaron los topes máximos de financiación de la campaña del actual Gobierno y no se aplique el artículo 109 de la Constitución, que establece la pérdida de la investidura o del cargo cuando esto sucede.
Llama poderosamente la atención que el jefe de Gobierno se haya convertido ‘en el jefe de campaña’ de su protegido, personaje reconocido ampliamente por su odio y resentimiento hacia la sociedad y en particular hacia la Fuerza Pública, así como por su cercanía a delincuentes de las Farc, y no haya pronunciamientos firmes de los partidos políticos.
Es totalmente extraño que alias Calarcá manifieste que “…si preguntan por quién votar, responderemos que por los de Petro”, como lo registran algunos medios de comunicación, pero a esto se suma que otros bandidos asociados a alias Calarcá pidan públicamente votar a favor del ‘heredero de Palacio’ y no haya pronunciamientos que rechacen el proselitismo armado en favor del miembro de la izquierda radical. Pero también sorprende que haya miembros del Congreso que públicamente reconocen que utilizan diariamente la marihuana y no haya una sanción ejemplar que castigue a quien, siendo vicioso, se ha hecho elegir por muchos que realmente creen en la democracia.
El programa bandera del actual Gobierno fue el de lograr la paz total, pero estamos frente a una paz desacreditada y aparentemente amañada, donde reinan la violencia, el narcotráfico y se ha disparado la inseguridad en el campo y las ciudades, sin embargo el Ggobierno se ha propuesto dejar en marcha las zonas de distensión asignadas a los grupos al margen de la ley donde los bandidos, mal llamados ‘combatientes’ por representantes del Gobierno, seguramente para no ofenderlos y para darles estatus de adalides de la libertad, se establecerán para continuar con el dominio territorial que les permita mantener los corredores de movilidad para sacar la droga y zonas sin presencia de la autoridad para cultivar y producir la coca a sus anchas.
Este Gobierno se ha propuesto dejar asegurada la famosa constituyente para cambiar el país al capricho de la izquierda, buscando oficializar sus intereses mezquinos de imponer legalmente los cimientos del comunismo, acabar con la propiedad privada, dominar a 54 millones de colombianos, legalizar la lucha de clases y convertirse en la plataforma ideal para que el socialismo vuelva a controlar los países del patio trasero de Estados Unidos, sirviéndole de idiotas útiles a países como China y Rusia que se encuentran empeñados en ganar la guerra tecnológica y comercial para disputar la categoría de superpotencia que les permita dominar y controlar el mundo.
En las próximas elecciones, ojalá se pueda vencer el efecto del transbordo ideológico inadvertido que ha sido introducido por la izquierda en las escuelas, colegios, universidades y sindicatos, donde han logrado convencer a las juventudes y trabajadores de que los victimarios son las pobres víctimas de la oligarquía que tanto menciona la cabeza del ejecutivo en sus peroratas que siembran el odio de clases y probablemente busca impulsar la guerra civil que les permita gobernar sobre las cenizas del país.
Ojalá los indecisos, indiferentes y apáticos a la suerte del país tengan la suficiente madurez para elegir lo que Colombia necesita para ser grande y no para que se establezca la dictadura del proletariado, donde, como rémoras, esperan alimentarse de las sobras que les tiran los cabecillas de los gobiernos tiránicos, mientras que, a ellos, en forma perversa, los han colocado en la base ideológica para usarlos por sus votos y después desecharlos.
No podemos fallarle a nuestros hijos ni al país. Votemos defendiendo la democracia y las libertades.
