Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2016/02/03 15:49

Van der Hammen, una alternativa para el futuro sostenible de Bogotá

Si hay 552,68 hectáreas de la Reserva Van Der Hammen que no son área protegida, por qué no darle la oportunidad a la administración de desarrollar una zona del norte ambientalmente sostenible.

Lucía Bastidas Ubaté Foto: Pablo Andrés Monsalve

Cementerios, iglesias, campos deportivos, colegios, centros de salud, industria, instalaciones aeronáuticas, antenas, torres de alta tensión, escombreras ilegales, bodegas, parqueaderos y viviendas. Esto es lo que se encuentra hoy en parte de la reserva Van Der Hammen, en el norte de Bogotá.

Hay que recorrerla, reconocer el terreno, para poder entrar en la discusión de hasta dónde esa zona del norte de Bogotá alberga la posibilidad de garantizar vivienda y espacio ambientalmente sostenible para 1,6 millones de personas que harán crecer la población en las próximas décadas.

Y digo que hay que recorrerla, porque no es cierto que toda el área de 1.395 hectáreas que la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) declaró como área de conservación en el 2011 corresponda a áreas protegidas. El área protegida, según la misma CAR es el 7,78 por ciento de los terrenos, es decir, 81,48 hectáreas, de un total de 1.395. La parte occidental de la reserva, donde no hay terrenos protegidos, sino zonas deforestadas que han sido colonizadas por cultivos de flores, por canchas de fútbol, por parqueaderos y bodegas hacen parte de terrenos que necesitarían ser restaurados.

La sola compra de esos terrenos, que hoy son propiedad de particulares, demandaría una inversión de 2,5 billones de pesos. Y eso sin contar con la plata que se requeriría para convertirlos en áreas protegidas. La ciudad no dispone de ese dinero, que alcanzaría para construir 125 colegios para 350.000 niños. Esos sí que son urgentes, porque la ciudad no puede echar para atrás la política de llegar a la jornada única en toda la ciudad, para que los niños y los jóvenes estén en escenarios apropiados de aprendizaje, recreación y lúdica para el uso del tiempo libre.

Así que como concejales tenemos la responsabilidad de marginarnos de un debate sin argumentos y revisar los sustentos técnicos y las conveniencia de la ciudad para garantizar calidad de vida en las próximas décadas a quienes van a llegar a habitar en esta Bogotá de todos y a quienes hoy mismo están padeciendo porque tienen que desplazarse a municipios vecinos porque no encuentran alternativas de vivienda en la capital.                                               

Un flaco favor le han hecho las últimas administraciones a la ciudad, negándose a desarrollar ordenadamente el norte, y condenando a la gente a ir a comprar vivienda a la Sabana: hay que ir por los lados de Cota, Chía y Cajicá, nuestros vecinos municipios del norte, para comprobar que la sabana, esa de la que tanto hablamos como una supuesta reserva, está totalmente urbanizada.                    

Si hay 552,68 hectáreas de la Reserva Van Der Hammen que no son área protegida, por qué no darle la oportunidad a la administración de desarrollar una zona del norte ambientalmente sostenible, que se constituya en una barrera ambiental en el borde norte, para que la ciudad no se extienda a la sabana, pero al mismo tiempo garanticemos la posibilidad de generar vivienda, no solo para suplir las 300.000 de déficit que hoy tenemos, sino las que se necesitarán para que llegue 1,6 millones de personas más en los próximos años.

Nos corresponde como concejales pensar en las personas, y eso es posible, respetando el ecosistema y generando mecanismos de control que garanticen que lo que hay que proteger se resguarde.

Hoy por ejemplo, miles de habitantes de Bogotá que tuvieron que ir a buscar vivienda en municipios vecinos como Soacha, Funza, Mosquera o Madrid, gastan cuatro y cinco horas diarias de su tiempo en movilizarse, porque no cuentan con transporte público adecuado. En cambio, lo que se puede construir en el norte, dentro de la ciudad, con líneas de transporte como TransMilenio, mejorarían la calidad de vida de las personas al reducir sus tiempos de viaje.

Tenemos que reconocer que Bogotá no está creciendo bien, y así lo entiende la administración distrital. Por lo tanto, nuestro papel como concejales es discutir uno de los proyectos más ambiciosos de habilitación de suelo para la construcción de un programa de vivienda en el norte de la ciudad, porque no es responsable insistir en que la ciudad solo crezca dentro del perímetro cuando es posible habilitar suelos.

Todo esto garantizando la protección de los humedales, los bosques y las zonas protegidas que están dentro de la reserva.

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