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Opinión

  • | 2014/09/04 00:00

    ¿Vargas Lleras impulsará la infraestructura?

    Las constantes adiciones de dinero a los proyectos viales representadas en vigencias futuras han comprometido el consumo futuro de recursos del Estado y que aún no ha producido el país.

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Es evidente el afán del actual gobierno por la búsqueda de recursos para la construcción de infraestructura en obras civiles y portuarias. El vicepresidente Germán Vargas Lleras asumió la responsabilidad de sacar adelante este campo pues transcurrieron varios años desde que se le dijo al país que la seguridad era la fuente del crecimiento económico. Sin embargo, hoy no hay bases para encauzarnos en el crecimiento sostenible. Transcurrió el tiempo y durante esos años se crearon altas expectativas pero hoy llega una cuenta de cobro de algo que tal vez para muchos no saben a qué hora hicieron el consumo.

Coincide que uno de los cuellos de botella que hoy tiene el país fue asumido por el mayor contradictor del expresidente. Puede ser casualidad. Pero en este caso es notorio que el mayor contradictor de senador Álvaro Uribe tomó las riendas del talón de Aquiles que ha afectado al país por muchos años. 

Hoy suena como un conjunto vacío la seguridad democrática, compuesta por la inversión, la eliminación de la guerrilla y la edificación de la seguridad de los colombianos. La razón es que no tenemos infraestructura y el capital productivo es escaso. La seguridad fue flor de un día pues en todo momento veíamos el sombrero y el poncho caminando afanado en las calles de los pueblos donde se producía un ataque guerrillero.

Hoy tenemos lastimosamente un gran rezago en los asuntos de infraestructura. Ello se debe tal vez a raíz de la pobre ejecución de las obras entre el 2002 y el 2010 pues sólo a finales del periodo fue cuando se firmó el mayor porcentaje de contratos. El asunto causa sorpresa y alarma puesto que la información que obtuvimos los colombianos enarbolaba éxitos económicos y si ello fue así los frutos de hoy deberían ser saludables.

Por lo menos es eso lo que se puede ver en los porcentajes de recursos comprometidos respecto a los proyectos que estuvieron a cargo de la entidad más importante en asuntos de obras civiles. El Instituto Nacional de Concesiones – INCO, en el periodo 2002 – 2010 tuvo la gran responsabilidad de llevar al país al sueño de las grandes autopistas. Pero las cifras así no lo demuestran. 

Después de ocho años y sólo hasta el 2009, efectivamente se firmaron contratos que representaron el 57 % con respecto a todos los registrados en el periodo 2002 - 2010. Escasamente en el 2007 se logró firmar el 24 % y entre el 2001 y 2006 el 19 %. 

En relación con el perfeccionamiento y la seguridad de los recursos como también la ejecución fue sólo desde el 2011 cuando comenzó a ser representativa; entre el 2011 y el año actual se alcanzó el 82 %. Pero lamentablemente entre el 2005 y el 2010 se logró el 18 %. 

 
Los porcentajes anteriores resultan del valor de los contratos asignados a 15 concesionarios y eran ellos los que tenían sobre sus hombros la infraestructura vial del país y con una suma cercana a los 10 billones de pesos más lo que se ha asignado en vigencias futuras. Para evitar sesgos aclaro que tanto el porcentaje de recursos comprometidos con la firma de los contratos como el de ejecución hacen parte de la misma bolsa de recursos y corresponden a los mismos concesionarios. 

Así las cosas, hoy no sólo estamos atrasados en ejecución sino también en infraestructura puesto que todo aquello que fue planeado hace poco más de 10 años hoy se encuentra desactualizado por lo menos en lo que respecta en volúmenes de tráfico y desde luego en costos.

En medio de todo este panorama es importante que el gobierno tenga en mente la construcción de verdaderas autopistas. La idea de construcción de dobles calzadas ha quedado rezagada con respecto a lo que son verdaderas autopistas en otros países. Según las características técnicas de las construcciones, estas se asemejan a lo que en otros países se llama autovía. 

Es precisamente aquí donde se empiezan a construir rezagos. El valor presente tanto físico como del flujo de caja se vuelve negativo. Por un lado la volatilidad de los costos financieros y por otro el incremento exponencial de la población envenenan los cierres financieros. En este sentido, a la hora de empezar la construcción, las cifras proyectadas corresponden en realidad a otro proyecto y por lo tanto se requiere otro cierre financiero. 

He aquí una de las explicaciones de las constantes adiciones representadas en vigencias futuras. Es decir, dado lo anterior y ante los compromisos contractuales existe un consumo de recursos del Estado que aún no hacen parte del PIB. El resultado es la urgente necesidad de ajustar el presupuesto de la Nación pues el PIB no alcanza a cubrirlo. 

Así las cosas, a nuestro vicepresidente Vargas Lleras le tocó raspar la olla pero además tiene la gran responsabilidad de sacar al país del rezago generacional en cuanto a la infraestructura con el fin de lograr suministrarle combustible al motor de la competitividad.

*Magister en economía.
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