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Opinión

  • | 2014/02/18 00:00

    Nos parecemos a Venezuela, pero la criticamos

    Se crea ruido sobre el gobierno de Santos, tal cual como se hace en Venezuela. En el caso colombiano la oposición no mide el efecto de los pronunciamientos.

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Justifican la necesidad de monitorear los hechos que ocurren en el país vecino toda vez que nos pueden afectar. Muchos consideran que sus decisiones afectan nuestra economía. También existen los que temen por los impactos que se pueden generar sobre los asuntos políticos. 

Asumir una posición de rechazo a lo que sucede al lado y lo que está sucediendo en Colombia, es algo paradójico. Tenemos situaciones similares en sus justas proporciones.

En Venezuela es evidente el enfrentamiento entre los que apoyan la intervención total del estado y los que defienden la total libertad del sector privado en su accionar sobre la economía. En Venezuela es evidente que el petróleo, a raíz de los altos precios del crudo, ha sido la fuente motora para respaldar el funcionamiento económico. En Venezuela es claro el descontrol de los precios y los altos niveles de inflación. En Venezuela prima el estatus de vida soportado por la compra de bienes de consumo. 

Al citar estos aspectos puede suceder que algunos lectores preguntarán: ¿Qué tiene que ver todo eso con nosotros, Colombia? También pueden existir los que dirán: Es ilógico compararnos con Venezuela. Otros dirán: ¡Nada que ver!

En estos momentos, en el caso de Bogotá, lo que está sucediendo es motivado por los intereses de unos particulares sobre negocios que les ha nutrido su flujo de caja por muchos años. Ello tanto en el tema del aseo como del transporte. Para el caso del aseo la entrada de otro operador, público o privado, significa la reducción de márgenes como también una posible mayor exigencia en la calidad del servicio que por cierto nunca ha tenido estándares sobresalientes. 

El gobierno Santos ha impulsado la intervención estatal en asuntos de regulación como también en la vigilancia y control sobre ciertos ramos. En sectores como las telecomunicaciones y la salud se han impuesto multas importantes sobre aquellas empresas que tal vez algún día pensaron que los precios era un asunto de caprichos. 

Asimismo, el proceso de paz en razón a que se han incluido puntos como la intervención en política y la reasignación de tierras, ha sido otra piedra en el zapato que tortura a los que piensan que la mejor forma para manejar la opinión pública y la globalización es formando monopolios tanto políticos como económicos.

En virtud a ese sentir se oyen voces ruidosas en contra del gobierno Santos. Se crea ruido sobre el gobierno, tal cual como se hace en Venezuela. En el caso colombiano la oposición no mide el efecto de los pronunciamientos. 

Similar a Venezuela, el sector minero ha representado en Colombia impactos importantes en el PIB. En los últimos cinco años, en promedio, el 10.3 % del PIB. Le sigue construcción con el 6.1 % (esáa muy atado al minero por los insumos utilizados). Asimismo los precios de minerales como el petróleo han favorecido el crecimiento. En Venezuela el sector minero, impulsado por el petróleo, ha sido una clave pero confusa que ha logrado mantener la defensa de las políticas gobiernistas.

Por su lado, la inflación en Venezuela indica que los precios es la variable que restringe el consumo y ha limitado la satisfacción de las necesidades de la población venezolana. En Colombia existe el descontento con el comportamiento de los precios. El Banco de la República hace el mejor esfuerzo. No obstante el sentir en los bolsillos es otro. Son múltiples las manifestaciones que señalan la existencia de una burbuja inmobiliaria y los elevados precios en servicios como la salud. 

Empero, también hay los que defienden la no existencia de altos precios y para ello se basan en problemas de oferta como la escases de tierra y según los que así lo promulgan esa es una buena razón para justificar altos precios. Sin embargo, con el fin de alcanzar la suficiente justificación también asumen el argumento del incremento del crédito. Según esta teoría la existencia de altos precios en la economía no significa que exista burbuja, pues el problema es la tierra y exceso de crédito y ello no se alejan de los fundamentales.

En este sentido una alta inflación como la de Venezuela y sentir que los precios no se acomodan a lo que existe en los bolsillos como también la presencia de burbujas no tiene ninguna diferencia. Un mismo problema pero con nombre diferente.

Por último, en el caso del consumo, en Colombia en términos nominales es superior con respecto lo que produce el sector de minas. También está por encima de los números que arrojan el ramo agrícola, construcción, transporte y eléctrico. El consumo representado en el comercio, restaurante y hoteles generan en términos constantes 56 billones de pesos.

Así las cosas, pienso que ha llegado la hora de mirar como alejarnos de la senda que tiene a Venezuela con grandes problemas tanto políticos como económicos. Como dijo Juan Gossaín en una columna refiriéndose a los hábitos alimenticios: “acabaremos muriendo gordos, pero desnutridos.” Se puede hacer la analogía.

*Magister en economía.
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