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Opinión

  • | 2017/06/03 10:24

    Venezuela no queda al lado de Mongolia

    Queda al lado de Colombia. De Pasto a Riohacha hay 1.712 kilómetros, de Bucaramanga a Maracaibo la segunda ciudad del vecino país solo 425 kilómetros, cuatro veces menos distancia.

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Queda al lado de Colombia. De Pasto a Riohacha hay 1.712 kilómetros, de Bucaramanga a Maracaibo la segunda ciudad del vecino país solo 425 kilómetros, cuatro veces menos distancia. La pesadilla que viven hoy 32 millones de venezolanos no nos puede ser indiferente a nosotros los colombianos, muchos de nuestros antepasados llegaron por Venezuela hace 200 años o menos, fueron los venezolanos quienes acogieron a millones de colombianos (3 o 4), que trataron de buscar mejor suerte en ese rico país durante los sesenta, setenta y ochenta.

Además fue nuestro gran socio comercial generando riqueza de lado y lado en especial en la zona de frontera. Somos más venezolanos que panameños o ecuatorianos, son nuestros verdaderos hermanos y no podemos ser tan extraños e indolentes ante su desgracia, ahora que están llegando miles de ellos desesperados, sin nada o con lo poco que pudieron sacar, con problemas de acceso a la salud, al empleo, a la educación.

Nosotros nunca hemos sido un país rico, como ellos desde la Colonia con el cacao o en el siglo pasado con el petróleo. Y sí, eran muy ricos, los que con mucho esfuerzo pudimos estudiar en Estados Unidos veíamos petrificados la avalancha de estudiantes venezolanos con Rolex de oro y Mercedes, con su correspondiente beca  Mariscal de Ayacucho, que los eximía de pagar matrícula en las costosas universidades norteamericanas. Las pagaba el rico Estado venezolano (confieso que a mí me causó cierto resentimiento), o el famoso dicho venezolano "está barato dame dos", la riqueza petrolera dio para todo, incluso para albergar a 3 o 4 millones de los nuestros.

Pero fue  aquella riqueza la que abrió las puertas a su tragedia, el tan trillado pero efectivo discurso populista de los ricos contra los pobres encajó perfectamente en el momento exacto. Ya en el poder destrozaron todo el aparato productivo y expropiaron supuestamente a los ricos paralizando la economía, sumado a la brusca caída de los precios del petróleo, crearon una escasez principalmente en los productos básicos; medicinas, leche, papel higiénico, repartiendo pobreza en toda la población, igualándolos a todos pero por abajo. Eso sí, surgió una minúscula clase de súper ricos, los llamados bolichicos o boliburgueses, haciendo negocios corruptos con el poder, desfalcando al Estado. También están los narcos en llave con políticos y militares, que son a la final quienes sostienen el régimen mafioso.

Pareciera que el tiempo se les agota y la gasolina también, entonces como solución a todos sus problemas se inventan una Constituyente a su manera, perversa, confusa, engañosa, donde casi la mitad de sus miembros serían elegidos en el ‘ámbito sectorial’  o sea los amigos del régimen, diferentes organizaciones controladas por el gobierno, los otros sí por votos directos, el  ‘ámbito territorial’,  imposible de ganar la mayoría de esa manera  por la oposición.

Ante esta arremetida se han incrementado las marchas y protestas con un elemento adicional que marca un diferencial, se han sublevado miles de jóvenes entre los 15 y 25 años, que son los que van al frente y chocan con la guardia nacional, los matan de a uno por día, formando una cuenta macabra, van 60 días de protestas y 60 muertos, todos jóvenes y eso que estos chamos o guerreros como les dicen no conocieron esa Venezuela rica, la de las becas, la del Bolívar a 4,30 por dólar (hoy está a más de 6.000).

Estos muchachos son verdaderos héroes que luchan por la libertad, contra un Estado que se convirtió en un régimen mafioso que utiliza la represión y la violencia para generar caos y desconcierto, llevando al país a un punto que ni el propio Chávez imaginó. Es como si Pablo Escobar hubiera sido presidente de Colombia, hasta se parecen un poco físicamente, Nicolás  Maduro, menos inteligente y más sanguinario.

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