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Opinión

  • | 1994/03/28 00:00

    VEREDA TROPICAL

    Es más fácil comunicarse con los Japoneses a través de boleros que de discursos

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LA SENCILLEZ CASI INFANTIL CON LA que los japoneses explican todo, aun los temas más complejos es sorprendente. Para ellos nada parece se trascendental. O mejor para ellos lo trascendental es lo elemental, todo lo demás se acomoda y se explica con facilidad. El enfrentamiento comercial entre Japón y Estados Unidos, por ejemplo, que ha hecho temblar las bolsas de valores del mundo y ha provocado torrentes de sesudos análisis en todos los medios de comunicación occidentales, es explicado por los japoneses con una simplicidad asombrosa. "No está pasando nada grave-me dijo un funcionario de la Cancillería-, lo que ocurre es que la relación entre Estados Unidos y Japón dejó de ser la que hay entre un adulto y un niño, y ahora es entre dos adultos".
Con la misma claridad y simplicidad miran los japoneses a Colombia y analizan nuestro comportamiento. Para ellos Colombia tiene desde hace mucho tiempo dos de los elementos fundamentales para una buena relación internacional, que son la estabilidad política y la económica. Pero en contra de lo que uno pudiera pensar, para Japón esas dos características estaban muy lejos de ser las definitivas para considerar seriamente promover el intercambio en gran escala. Faltaba que Colombia hiciera señas evidentes de que querer relacionarse con Japón, actitud que los japoneses consideran la más importantes de todas y es lo que, según afirman, están empezando a ver.
Me sorprendí cuando supe que el señor Kisuke Terada, vocero de la Cancillería, había celebrado una rueda de prensa con los periodistas japoneses para destacar la importancia de la visita del presidente Gaviria a este país, y más aun cuando la visita de otros dos presidentes y dos primeros ministros más -que se llevan a cabo también por estos días- no habían justificado el mismo procedimiento. Y con mayor razón si se tiene en cuenta que no está prevista la firma de un tratado o convenio especial tras la cual el Presidente se devuelva a Colombia cargado de yenes.
Los funcionarios japoneses reconocen haber escuchado desde hace muchos años que Colombia hablaba de la necesidad de mirar hacia el Pacífico, pero también dicen que mientras eso sucedía los empresarios privados no asistían a las reuniones internacionales convocadas por las países de la cuenca, ni siquiera en calidad de observadores. "Pero en los últimos cuatro años hemos recibido suficientes pruebas de que Colombia sí quiere tener una relación estrecha con Japón -dijo el propio Terada- la visita del presidente Gaviria es la última de ellas. Aquí es una costumbre el conocerse bien antes de empezar a hacer negocios, y a ese proceso le damos tanta importancia o más que a los negocios mismos. En ese punto estamos con Colombia y por eso lo valoramos tanto".
Esa simplicidad recurrente ha estado presente en todas las conversaciones con funcionarios públicos y empresarios particulares japoneses, y me ha hecho acordar una anécdota que contaba hace tiempo un político conservador. Resulta que un grupo de colombianos -políticos y funcionarios públicos- fueron invitados a una gira por varios países de Oriente a finales de la década del 60 y, por supuesto, tenían que escuchar una cantidad de discursos y pronunciar los propios en cada uno de los lugares a los que llegaban. Los colombianos se sorprendían con la frialdad con la que ios orientales reaccionaban ante los emotivos y beligerantes discursos, muy a la colombiana, de nuestra delegación, y se maravillaban al ver cómo los ciudadanos de los distintos lugares sí se emocionaban con las palabras de sus propios dirigentes.
Después de mucho analizar la situación uno de los colombianos encontró que mientras sus discursos parecían proclamas del 20 de julio, las de los anfitriones se asemejaban a las letras de las canciones románticas latinoamericanas. Fue entonces cuando descubrió la fórmula del éxito para las siguientes intervenciones. Consistía en botar a la caneca los escritos preparados y dedicarse a recitar las letras de los boleros más famosos a manera de discurso: "Voy por la vereda tropical, la noshe plena de quietud...". Rendidos ante tal belleza lírica, los orientales se emocionaban incontrolablemente y aplaudían (con frenesí) la delicada oratoria de los colombianos.
Moraleja: Colombia puede estar más cerca del Lejano Oriente que del Far West.

Tokio (Japón)
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