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Opinión

  • | 2004/09/19 00:00

    Vergüenza o sin vergüenza

    También en su condena anterior el ex ministro invirtió los papeles: no era que se hubiera apropiado de las acciones sino que trataba de protegerlas

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El abogado Fernando Londoño Hoyos habla de sí mismo como los reyes y el Papa: en plural mayestático, usando la primera persona del plural: "Somos reos de Maya Villazón. seremos condenados por Maya Villazón. nuestra defensa la haremos ante el pueblo de Colombia". Uno se siente leyendo un tratado de retórica antigua. En sus descargos le encanta el uso de la hipérbole vibrante e indignada e intenta darles vuelta a las cosas presentándose él, que es el agresor, como la víctima de una conjura maquinada por sus enemigos: seremos condenados por impedir "la libertad de los peores criminales de la historia". Primero, no es por eso por lo que se le condena, sino por calumniar a un juez de la República; y decir que los Rodríguez Orejuela son "los peores criminales de la historia" deja por fuera a Hitler, a Stalin y a Pol Pot, por citar sólo a un trío estelar del siglo XX que hizo mayores méritos que el cartel de Cali.

También en su condena anterior -la que el Consejo de Estado le propinó por sus delitos en Invercolsa-, el ex ministro invirtió los papeles: no era que él se hubiera apropiado ilegalmente de unas acciones, sino que estaba ("estábamos", diría él) siendo condenado por su intento de proteger al país de una estafa. Según su explicación más fantasiosa, él se apropió de esas acciones con el único fin de que otros no se las robaran.

Para entender esas cosas conviene poner un caso análogo. Supongamos que yo me entero de que la Biblioteca Nacional, en un proceso de privatización, quiere vender una primera edición de El Quijote (la impresa por Juan de la Cuesta, en 1605). Un libro así, en el mercado, puede costar 10 millones de dólares, pero la Biblioteca Nacional, que es corrupta y quiere favorecer a un amigo, la pone a la venta por un millón de dólares. Yo, que tengo nexos con la Biblioteca, me entero. No hago el reclamo por los medios de comunicación, no denuncio ante la justicia el detrimento patrimonial de la Nación por la venta barata, sino que me las ingenio para hacerme pasar por empleado de la Biblioteca (una vez les hice una asesoría externa) y compro la 'edición príncipe' por un millón de dólares. Como no tengo la plata completa, la presto con un banco y un inversionista de Panamá.

Me entregan el libro y lo saco del país. Cuando el Estado se entera de lo sucedido, a través del poder judicial, empieza a reclamar la obra. Me demuestra que yo no era empleado de la Biblioteca y que compré el libro de modo fraudulento. Yo salto indignado, me rasgo las vestiduras y empiezo a gritar en plural mayestático: "Somos víctimas de la peor conjura política que se haya maquinado en la historia del país. Por defender un patrimonio de la Nación, que iba a ser robado por otros, adquirimos un bien que hoy se ha valorizado. Siempre estuvimos dispuestos a devolverlo y no nos lo recibieron".

Va uno a ver y casi es verdad: "Nosotros" quería devolver el libro, pero ya no a cambio del millón de dólares, ni por los 10 millones de su valor comercial, sino por más plata aún, puesto que en 2005 se cumplen 400 años de la edición y el libro se ha puesto más caro. Si me pagan 12 millones de dólares lo devuelvo (¿de cuándo acá una venta es una devolución?). Y además gritó, en plural mayestático que "estamos siendo condenados con sentencia inicua por defender el patrimonio patrio". Ustedes juzgarán, y no Mario Moreno Cantinflas. Y a propósito: ¿dónde fueron a dar las acciones de Invercolsa?

Pero volvamos al caso de ahora, pues el anterior constituye tan sólo un antecedente personal del reo. El Procurador General de la Nación condena a un ex funcionario (Ministro del Interior y de Justicia) por injuriar y calumniar a un juez al acusarlo sin pruebas de prevaricato (estar comprado por el poder económico de los Rodríguez, haber sido "miembro muy obsecuente del bufete de abogados al servicio del cartel de Cali"). Que un ministro de Justicia diga mentiras sobre un juez, después se retracte y luego reincida es grave y por eso el Procurador lo destituye e inhabilita para desempeñar cargos públicos durante 12 años.

El condenado se indigna y declara: "Nuestra defensa la haremos ante el pueblo de Colombia, que tiene derecho a saber cómo se articulan, para su perdición y su vergüenza, los mecanismos del poder que sufre, pero que no elige". No sé qué dirá Mario Cantinflas, pero eso de que uno sufra jueces que no han sido elegidos no es una desgracia, sino una vieja garantía del derecho. Lo sé hasta yo, que no soy abogado. Qué tal que los jueces se eligieran por votación popular. Ahí sí que estaríamos ante la dictadura de la mayoría, y ante la "perdición y vergüenza" de un poder absoluto. Es todo lo contrario: son los fallos del poder judicial los que no nos han hecho caer en la vergüenza y el poder absoluto de los sin vergüenza.
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