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Opinión

  • | 2016/01/20 16:40

    La verificación internacional: un nuevo capítulo

    El comunicado expedido en conjunto por el gobierno y las FARC sobre la verificación del cese al fuego y las hostilidades, así como de la dejación de armas, permite inferir que el proceso va por buen camino.

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Sin embargo, se abren también muchos interrogantes, entre ellos el de la reiteración del término de “dejación” de armas y la “verificación” del cese al fuego y de las hostilidades con participación de Naciones Unidas.

El tema de la “dejación” y no de la “entrega” de armas ha sido públicamente debatido y no hay demasiadas precisiones al respecto. Solamente parece existir una cosa clara: las FARC no están dispuestas a entregar las armas, al menos a corto plazo, argumentando que no pueden ser víctimas de una acción similar a la que hace algunos años sufrió la Unión Patriótica.

Sin embargo, la “dejación” genera incertidumbre en sectores de la opinión pública que han seguido con desconfianza el proceso de paz.

En ciertos círculos de la opinión, se ha venido discutiendo la conveniencia de que la verificación se realice por parte de las Naciones Unidas, como producto de una resolución del Consejo de Seguridad. La verdad que este el único órgano que puede comprometer a la Organización en un proceso de esas características, a pesar de que la verificación se haga por personal desarmado.

Además la decisión política, mala o buena, ya se adoptó por el gobierno de común acuerdo con las FARC, seguramente ya ha sido concertada no solamente con Naciones Unidas sino con miembros del CELAC.

La conformación de la comisión tripartita era inevitable, a menos que se hubiera resuelto asignar a Naciones Unidas en forma exclusiva para la verificación, lo que no solamente hubiera implicado cierto menoscabo de la jurisdicción del estado dentro de su territorio, sino que en este momento no hubiera resultado conveniente. Algunas de las 16 misiones que se cumplen tareas de la Organización que en diferentes lugares del mundo, se encuentran bajo la crítica y escrutinio general, no solamente por la conducta irregular y bochornosa de algunos de sus miembros, sino por las complejas relaciones de ciertos jefes de dichas misiones con los gobiernos.

El hecho de que los verificadores sean de países de América Latina y el Caribe, parece conveniente. Resulta mucho más acertado que tengan nacionalidad argentina, chilena o dominicana, que hablan nuestro idioma y conocen nuestras realidades, a que sean de Noruega, Dinamarca o Eslovaquia, que tienen mentalidades diferentes y son ajenos a nuestro medio. Para no mencionar que sean de Pakistán, Etiopía o Bangladesh que se cuentan entre los que más participan en las misiones de paz de la ONU.

Sin embargo, el proceso será complejo y delicado, no exento de dificultades y desacuerdos, así como de problemas logísticos y administrativos. Se supone que los verificadores contaran con la protección de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional: no se conoce si las FARC exigirán algún grado de participación en esa tarea. En el panorama político nacional ciertos personajes prefirieron contar para su seguridad personal con elementos de su absoluta confianza.

Durante la administración del presidente Pastrana, en las negociaciones con el ELN y cuando se preveía la concentración del grupo guerrillero en la zona general de la Serranía de San Lucas, un mecanismo muy similar se concibió y se acordaron aspectos puntuales. La diferencia era que no incluía una participación formal de las Naciones Unidas.

Muchas cosas tendrán que negociarse, establecerse y reglamentarse. La verificación estaba prevista y es una componente fundamental en los acuerdos. Aunque se ha dicho que nada está acordado hasta que todo esté acordado, este paso constituye un escalón del que será difícil dar marcha atrás… Ya veremos…
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