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Opinión

  • | 1996/03/18 00:00

    A VERRRSH

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Cuando Carlos Lleras de la Fuente llegó a Washington, cuentos iban y venían de que Colombia había colocado en Estados Unidos a un excéntrico que podía complicar gravemente las ya deterioradas relaciones.Se hablaba de que despreciaba a quienes llamaba "mandos medios" de Washington, nada más y nada menos quelos funcionarios del gobierno norteamericano encargados de entenderse con el embajador colombiano. Se dijo que, no obstante la advertencia de que debía limitarse a leer una página en su posesión, se echó en cambio un discurso. Y se atrevió a llamar "vampiro" al embajador de Estados Unidos en Colombia, provocando que éste se disfrazara en un par de oportunidades haciendo gala de un gran sentido del humor. Se dice incluso que en alguna ocasión, para presentarse ante las más altas autoridades norteamericanas recordó que descendía del prócer colombiano Lorenzo María Lleras. Absoluto mutismo entre los senadores de Arkansas.En fin. Para muchos, esa imagen que proyectó Lleras de la Fuente a su llegada a Washington fue la de un hombre petulante, ajeno a las realidades diplomáticas, acostumbrado a ser Lleras acá pero allá sencillamente un embajador más..Pero de un momento a otro los rumores cambiaron. Comenzó a comentarse con admiración que Lleras finalmente logró acceder a los círculos que perseguía, y a moverse como pez en el agua en las altas esferas diplomáticas en Washington. El tono de sus respuestas ante los medios cambió, del de un embajador inseguro en el papel que desempeñaba, y por lo tanto bocón e imprudente en casi todas las oportunidades, al de un funcionario aplomado y capaz. Este hombre, considerado uno de los más feos políticos del mundo, incluso se las arregló para proyectar una excelente imagen en televisión, en la que cada vez que lo entrevistan la gente ve a un inteligente cachaco (¿a verrrsh?) que habla sin pelos en la lengua, espontáneamente y con gran aplomo, estableciendo un contraste frente a la mortificante perfección que hoy por hoy buscan los asesores de imagen en los políticos que asesoranPero aún así, seguía muy lejos del país como para que los colombianos pudieran notar su cambio. Se necesitó que llegara a Colombia hace 20 días envuelto en fuertes rumores de que venía a presentar su renuncia, para que se registrara que Lleras de la Fuente, por fin, había comenzado a hacer las cosas bien.Porque no hay duda: acertó en reconsiderar la posibilidad de su renuncia. Y con eso, confirmó el inexplicable hecho de que los que se suman a Samper ganan, mientras que quienes se le enfrentan, pierden. Para la muestra, el descalabro de popularidad de sus tres principales adversarios, los precandidatos Noemí Sanín, Juan Manuel Santos y Andrés Pastrana, que no han logrado ubicarse bien en el espacio de la oposición a un gobierno gravemente cuestionado. Dicho en otras palabras, las lealtades con Samper están demostrando que ofrecen más dividendos que los actos de independencia, por cuenta de un fenómeno muy difícil de explicar.La renuncia de Lleras habría sido grave para Samper. Pero nuestro embajador en Washington la cambió por un jueguito de cara y sello, en el que con cara gana él, y con sello pierde Samper. Si la certificación de Estados Unidos a Colombia llega a producirse, cara: nadie dudará de que Lleras de la Fuente logró un imposible, a pesar del malestar del gobierno norteamericano contra un gobierno que fue elegido con dineros del narcotráfico. Pero si la certificación no sale, sello: es seguro que nadie culpará a Lleras, porque el culpable natural de ese descalabro será personalmente Ernesto Samper.Gracias a este juego, el gobierno ganó un poco de oxígeno conservando a su embajador en Estados Unidos, y Lleras logró que su precandidatura presidencial, que antes y durante los primeros días de su viaje a Washington sonaba como una simple anécdota, adquiriera una posibilidad que nadie antes había contemplado.Samper, sin caerse o cayéndose, es actualmente el principal dueño de la maquinaria política en Colombia. Y la gratitud de la maquinaria es tan grande, que no es descartable una remota posibilidad de que esta pudiera terminar apoyando a Lleras, aun a costa del heredero natural de Samper, que es Horacio Serpa. Las limitaciones del actual Ministro del Interior frente al sistema son grandes. Produce pánico en la clase empresarial colombiana.Por lo pronto, el nombre de Carlos Lleras de la Fuente no tiene sino un gran prestigio, heredado de su padre, Carlos Lleras Restrepo, a quien lo derrotó sistemáticamente la maquinaria durante los últimos años de su vida, hasta el punto de que perdió dos elecciones seguidas. Por cuenta de la lealtad con Samper, Lleras de la Fuente podría lograr el milagro de juntar su prestigioso apellido, carente de votos, con la gran maquinaria samperista, movida por un objetivo casi obsesivo: atajar al gavirismo, su archienemigo. nn Las lealtades con Samper ofrecen más dividendos que los actos de independencia
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