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Opinión

  • | 2013/04/30 00:00

    Víctimas de las FARC: ¿botín electoral?

    Las próximas elecciones presidenciales tendrán en las víctimas de la insurgencia un capital electoral nada despreciable. ¿Sus organizaciones han madurado como para tener un proyecto político independiente de los partidos?

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“Un día me levanté y me dije, las víctimas de las FARC no tienen voceros, las víctimas de las FARC están solas. Nadie está hablando por ellas”, dijo Francisco Santos en una entrevista concedida al diario El Colombiano, de Medellín, hace unas semanas. A renglón seguido se declaró “vocero de las víctimas de las FARC”.

Su discurso, no me cabe duda, es electorero, populista y afincado en el dolor. El precandidato del Movimiento Puro Centro Democrático sabe que en las miles de víctimas que ha dejado la lucha insurgente en los últimos 49 años hay un caudal electoral importante que le daría mucho juego a la hora de definir quiénes van a participar en la contienda por la Presidencia de la República del próximo año.

La afirmación de Santos abre la puerta a una serie de preguntas que sería importante plantear no sólo por los tiempos electorales que se avecinan sino por lo que viene ocurriendo en La Habana, Cuba, en desarrollo de las conversaciones de paz entre la guerrilla de las FARC y el Gobierno Nacional. ¿En verdad están tan solas las víctimas de este grupo subversivo?

Esa orfandad no es tan clara como la quiere mostrar Santos. Si ha habido apoyo multitudinario es justamente a las víctimas de las FARC. Recuérdese, por ejemplo, la marcha del 4 de febrero de 2008, cuando a través de las redes sociales y los medios de información se convocó a una marcha contra ese grupo armado ilegal y salieron a las calles millones de personas. Estoy seguro que si se vuelve a hacer un llamado similar, este país vuelve a marchar masivamente.

Ideológicamente tiene más compañía una víctima de las FARC que una víctima de las Auc, lo que quiere decir que en este país hay dolientes de primera, segunda y tercera clase. Es más, dentro del universo de  los deudos que ha dejado esta guerrilla también hay diferencias: una es la víctima campesina y otra el miembro de las instituciones armadas. La primera es invisible; la segunda recibe toda la atención, incluso mediática.

Hay soledades que conozco de cerca, la de cientos de cientos de víctimas de los grupos paramilitares. Éstas si han tenido que afrontar un camino solitario en su proceso de verdad, justicia y reparación. La razón de ello es simple: el proyecto contrainsurgente fue un asunto de Estado, como lo han confirmado en diversos escenarios judiciales los jefes de las AUC. Y por tanto, se asume que cientos de las personas asesinadas y desaparecidas eran, cuando menos, auxiliadores de la guerrilla, por lo tanto su acción estaba supuestamente justificada.  

¿Las víctimas de las FARC no tienen voceros, tal como lo afirma el precandidato Santos? ¿Nadie habla por ellas? Si eso es cierto, tales circunstancias abren otros interrogantes: ¿Qué ha pasado con aquellas organizaciones que se crearon con el ánimo de visibilizar a las víctimas de la guerrilla? ¿Tan malo fue su trabajo organizativo que impidió que se crearan liderazgos políticos de base que representaran sus intereses colectivos en un momento tan trascendental como el que vivimos en el país? ¿Y entonces en qué se gastaron el dinero que recibieron de diversas fuentes de financiación?

Creo que hay una debilidad política de esas organizaciones de víctimas de la guerrilla que les impide tener protagonismo propio, lo que permitiría que hábiles políticos como Santos y el Movimiento Puro Centro Democrático las capitalicen y las conviertan en un feudo electoral del cual, auguro, no obtendrán ninguna ganancia, más allá de las migajas que reciben los votantes durante los procesos electorales.

Si bien la campaña electoral por la Presidencia de la República es aún incipiente, discursos como los del precandidato Santos van mostrando una tendencia y tal parece que el tema de las víctimas de la guerrilla estará en la agenda de los aspirantes por cuenta del desinterés de las FARC de reconocerlas. Ese error político de la insurgencia en La Habana lo pagarán en las urnas.

Ahora bien, ¿qué se gana un precandidato con mostrar débiles a todos aquellos que han perdido parientes y bienes por culpa del accionar militar de las FARC? ¿Acaso reclamar la vocería de las víctimas, sin su consentimiento pleno, no es un gesto antidemocrático? Hay un tono populista en las palabras de Santos que pretende erigirse como mesiánico, lo que, sin duda alguna, es un remedo de copia de su jefe político, Álvaro Uribe Vélez, y mantiene el discurso en el nivel salvífico que, al parecer, tanto redito da en tiempos de elecciones.

Sería interesante ver a organizaciones de víctimas de la guerrilla en el terreno político ofreciendo alternativas a los asuntos que se discuten en La Habana, proponiendo soluciones concretas a los problemas que vayan surgiendo, mostrando liderazgos que enriquezcan el debate. Por el momento no hay una persona que sea representativa, salvo aquellos congresistas que fueron secuestrados durante varios años por las FARC, pero sus figuras son poco trascendentales para ese papel.

Esa debilidad organizativa de las víctimas de la guerrilla puede ser aprovechada por aquellos que, como Santos, se oponen al proceso de paz, para enrarecer los acuerdos que se alcancen en la isla de Cuba y socavar una solución negociada al conflicto que añoramos miles de colombianos.

El país requiere, con urgencia, un papel más protagónico de las organizaciones de víctimas de las FARC, pero con proyectos políticos independientes, para que su papel en la discusión sobre el futuro del país sea relevante; si eso no se logra, se convertirán en un botín electoral, desechable cuando aquellos que las usaron lleguen a poder y se olviden de ellas.

*Periodista y docente universitario
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