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Opinión

  • | 2003/07/07 00:00

    Vientos de cambio

    A pesar de ser los dos temas políticos más tratados por los medios de comunicación un sondeo realizado por Semana.com reveló que tan sólo el 5 por ciento de los colombianos entiende las diferencias entre referendo y reforma política. El abogado Helí Abel Torrado hace un análisis comparativo entre las dos medidas.

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Gran confusión se está creando en la opinión pública con relación al tema del referendo propuesto por el gobierno y que actualmente está a consideración de la Corte Constitucional, y la reforma política recientemente aprobada por el Congreso de la República.

Las personas comunes y corrientes no alcanzan a entender si se trata del mismo tema, o si uno y otro son excluyentes y hasta contradictorios. De ahí que nos parezca útil explicar las características y su alcance.

La reforma de la Constitución Política

Lo primero que debe aclararse es que varios estamentos consideran conveniente la modificación de nuestra Constitución, recién expedida hace escasamente 12 años.

Desde el gobierno nacional, con el Presidente de la República a la cabeza, pasando por algunos voceros de la rama judicial, hasta el propio Congreso Nacional, consideran urgente introducir algunas reformas, especialmente encaminadas a corregir las costumbres políticas, combatir la corrupción y la politiquería.

Algunos de los ciudadanos del común también somos conscientes de la necesidad de contar con una carta de navegación que lleve al país por rumbo seguro. Lo que, de paso significa que la Constitución de 1991 adolece de no pocas falencias. Empero, preocupa el facilismo con el que se plantean las propuestas, y el contenido de las mismas, aunque durante los últimos tiempos se ha hecho evidente cierta tendencia a moderar sus excesos.

Qué es la constitución política

Una Constitución Política establece la estructura de la organización de la sociedad y del Estado, así como su sistema jurídico, como medio para mantener el orden y la convivencia ciudadana, promover el progreso y el bienestar social.

O sea que no se trata solamente de un concepto abstracto, sino de "una pura realidad estructural". Pero también es un instrumento de control político, porque determina los límites de las ramas del poder del Estado que ella misma ha construido.

Sin embargo, la Constitución no tiene un carácter absoluto, inmodificable, sino que, por el contrario, debe adaptarse a la evolución política, al dinamismo y a los cambios de la sociedad.

Pero, precisamente, la confusión a la que me refiero tiene origen en creer que el referendo y la reforma política son figuras diferentes.

Conveniencia de ciertos cambios

En el país se ha venido creando conciencia sobre la bondad de determinados cambios en la estructura y funcionamiento del Estado.

Hoy en día, se considera conveniente fortalecer institucionalmente a los partidos políticos; combatir la corrupción a través de severas penas, incluida la pérdida de derechos políticos para quienes sean condenados por delitos contra el patrimonio público; suprimir las suplencias de los congresistas, las cuales han servido para prácticas non santas en torno a la creación de los llamados carruseles pensionales; erradicar los auxilios parlamentarios; ampliar las causales para la pérdida de la investidura y posibilitar la contratación de un sistema profesional y eficiente para la administración del Congreso Nacional, entre otras materias que presentó el gobierno en el "Proyecto de Ley por el cual se convoca a un referendo y se somete a consideración del pueblo un proyecto de reforma constitucional".

¿Cómo se modifica la Constitución?

Lo que sucede es que hay tres maneras de reformar la Constitución, a saber:

a) A través de una Asamblea Constituyente;

b) Por el Congreso de la República; y,

c) Por el pueblo, mediante referendo.

El Presidente de la República, quizá desesperanzado porque varias propuestas de reforma constitucional sometidas a consideración y trámite en el Congreso Nacional, no tuvieron feliz término, tomó la decisión, recién iniciado su mandato, de plantear que la reforma a la Carta Política la hiciera el pueblo, por medio del referendo.

Pero, de otro lado, en el Congreso se encontraba en trámite un proyecto de Acto Legislativo precisamente encaminado a reformar la Constitución en esa misma materia política.

Como resultado de esas dos iniciativas, el Congreso acaba de terminar el trámite legislativo del acto reformatorio de la Constitución, y en el temario se encuentran incorporadas muchas de las materias que piensa someter a la votación popular el gobierno nacional. Ahí radica la confusión. Pero, insisto en que, para claridad de los lectores, se trata, simplemente de reformar la Constitución en esos temas, pero por dos caminos diferentes. El uno, de carácter congresual o parlamentario; el otro, de tipo popular.

Así las cosas, podría suceder que, de ser aprobado el referendo y votado con las mayorías requeridas, nos encontremos con una especie de contrarreforma política, es decir, con un acto que expresa la voluntad ciudadana de cambiar algunos artículos de la Constitución que tienen que ver con la organización de los partidos y las prácticas políticas, que sustituyan o modifiquen el Acto Legislativo que acaba de aprobar el Congreso. ¡Paradojas de la vida¡, puede decirse.

*Abogado U. Nacional de Colombia. Especialista en derecho civil.

Profesor universitario.

www.abogadosencolombia.com

heliabel@abogadosencolombia.com
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