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Opinión

  • | 2014/01/30 00:00

    La violencia sexual como botín de guerra

    Según Amnistía Internacional, en Colombia se reportan un promedio de 20.000 casos anuales de abuso sexual, superando porcentualmente a la India, un país con 1.000 millones de habitantes.

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Amanat murió en paz, tituló la prensa. La chica de 23 años, estudiante universitaria y fotógrafa profesional, había sido violada dos semanas antes por seis tipos en un autobús que transitaba un suburbio de Nueva Delhi, India. Su amigo, un joven de 26, fue golpeado y dejado inconsciente a la orilla de una carretera. Amanat había recibido múltiples golpes en su cuerpo y rostro y había quedado al borde de la muerte cuando una barra metálica penetró su vagina y le desgarró los intestinos. Y aunque los agresores fueron detenidos y judicializados días después, este hecho de salvajismo medieval sirvió para que las organizaciones de derechos humanos y civiles del mundo alzaran la voz pidiendo respeto por la mujer en un país donde cada quince minutos una chica es violada.

Según las estadísticas de las autoridades indias, en cabeza del primer ministro Manmohan Singh, en su país se denuncian unas 40.000 violaciones al año, pero se considera que la cifra es mayor porque muchas de estas no salen a la luz pública por el temor natural de las mujeres de ser estigmatizadas, rechazadas o amenazadas por sus agresores, que en muchos casos resultan ser miembros de la familia. Lo anterior, ha disparado en un 20 por ciento los casos de VIH y en 30 los embarazos no deseados. Y las mujeres, cansadas de ser abusadas en los sistemas de transporte, parques y otros sitios públicos, han empezada a armarse de navajas, espray de pimienta y otros artefactos que les permitan defenderse de eventuales agresiones.

Esta herencia trágica de violaciones sistemáticas la hicieron popular los romanos. Recuérdese que la historia mítica de la fundación de Roma está basada paradójicamente sobre una violación: Rea Silvia, también conocida como Ilia, hija del rey de Alba Longa, fue tomada por la fuerza por el dios Marte mientras esta descansaba en su habitación. La violación duró toda una noche y de este acto degradante nacerían los gemelos Rómulo y Remo, que luego serían abandonados por su madre ante la sentencia de muerte que recayó sobre ellos, lo que explicaría el otro mito: la crianza de los pequeños por una loba que los amamantó hasta que tuvieron la fuerza suficiente para valerse por sí mismos.

Cuando Roma invadió Hispania en el siglo III antes de nuestra era, no solo devastó la cultura de la península a través de la fuerza de sus enormes ejércitos, sino que también decidió civilizarlos, lo que no excluía asesinar ancianos y niños y violar mujeres. La historia ha sido recreada en varios documentales de la BBC de Londres y en una larga lista de programas realizados por History Channel. Estas mismas acciones de salvajismo desmedido fueron replicadas siglos después por las hordas de soldados españoles que llegaron a ‘tierras americanas’, acciones que registró el fraile dominico Bartolomé de las Casas en sus célebres ‘Crónicas de las Indias’ y que las autoridades ibéricas pasaron por alto porque estas hacían parte del proceso civilizatorio y, por lo tanto, eran inevitables.

La historia de la violencia sexual en Colombia no tiene nada que envidiarle a la fomentada por los antiguos romanos a lo largo de ocho siglos de imperio. Según un informe de Amnistía Internacional, el conflicto armado que vive el país desde hace un poco más de cuarenta años ha dejado un promedio anual de 20.ooo mil mujeres abusadas, y solo en el 2013 el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses llevó a cabo 21.142 exámenes por este delito. Es decir, la mitad de las denuncian que se reportan en la India, teniendo en cuanta que el país asiático guarda en su territorio una población que supera los 1000 millones de habitantes. No obstante, el mismo informe nos recuerda que esta cifra es solo el 30 por ciento de los casos perpetrados. Si esto así, podríamos calcular que el promedio de violaciones sexuales en Colombia podría superar en un año la cifra olímpica de 100.000.

Este informe revelado por la organización internacional, concuerda notoriamente con otro divulgado por la Defensoría del Pueblo en el 2012. Sin embargo, cabe destacar que ambos se centran en las víctimas productos del conflicto. Es decir, en aquellos casos cometidos por paramilitares, guerrilleros y miembros activos de las Fuerzas Militares en las zonas del país donde las acciones de guerra son más notorias. El informe dejó por fuera, entre muchos otros, el caso de una amiga, aspirante a modelo, que viajó a Cali en diciembre pasado en busca de cumplir su sueño  y encontró la muerte: fue hallada en su apartamento del centro de la ciudad maniatada, acuchillada y violada.

Hace pocos días, leyendo la prensa, me tropecé con una nota titulada ‘El mejor inventó contra violadores’. En ella se habla de un artefacto creado por la doctora sudafricana Sonette Ehlers. Este consiste en una especie de condón que entra en la vagina en forma de tampón, “atrapa el pene del agresor y le causa un fuerte dolor, neutralizándolo, dándole tiempo a la mujer de escapar […], imposibilitándolo para orinar y caminar”. Lo bueno, comentó la doctora, “es que solo puede ser retirado del pene del agresor por los médicos”.

Lástima, pienso, que mi amiga no haya tenido uno de esto. Tal vez ahora estaría contando la historia y su agresor pasando unas largas vacaciones en la cárcel. Tal vez, vuelvo a pesar. Pero la realidad, desgraciadamente, es otra.

*En Twitter: @joarza
Docente universitario.
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