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Opinión

  • | 2001/04/23 00:00

    Visas y protestas

    ¿Por qué no protestan contra el gobierno de Colombia, que es el que más trabas pone a la venida de extranjeros a su territorio?

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De repente les exigen visa a los colombianos que quieren viajar a España, y un grupo de intelectuales colombianos firma una carta de protesta contra el gobierno español. Muy buena. Si no la firmé yo es por dos razones. Una es que tal vez ellos no me consideran un intelectual colombiano, pese a mis esfuerzos, y no me contaron que la carta existía (aunque hubiera podido ayudarles en la redacción corrigiéndoles la frase con que la justifican: una frase mutilada y sin mención del autor tomada de un libro de Eduardo Caballero Calderón, que era mi padre). La otra razón es que desde hace casi dos años tengo, como muchos otros intelectuales colombianos, doble nacionalidad: la de Colombia y la de España; y en consecuencia no necesito la visa.

Sin embargo estoy de acuerdo con la protesta, porque los intelectuales que la firman no lo hacen en nombre propio ni por su propio interés egoísta: a ellos no les van a negar la entrada a España. Protestan en nombre de la razón, de la generosidad y de la justicia, de acuerdo con su condición de intelectuales: su oficio consiste en ocuparse de estas generalidades.

Resulta en cambio llamativo que los políticos colombianos, cuya función explícita es la de representar a sus compatriotas, sólo se hayan sumado a la protesta contra la visa a rastras de los intelectuales; ellos sólo se quejaban individual, privada, casi clandestinamente, cuando a ellos mismos, y con sus nombres propios, les retiraban la visa para viajar a los Estados Unidos.

Ahí discrepo en algo de la carta de protesta de los intelectuales ante el gobierno español. Me parece intelectualmente insuficiente, desde sus dos extremos: por ante quién se hace, y por en nombre de quién se hace. Lo primero: ¿Por qué protestan sólo ante España, y no también ante Francia, o ante Libia, o ante la China, o ante los Estados Unidos, o ante Venezuela, o ante las muchas docenas de países que les exigen visa de entrada a los colombianos? Lo segundo: ¿Por qué protestan sólo por los colombianos, y sólo en nombre de los valores de la Hispanidad? La coherencia intelectual exigiría que lo hicieran en nombre de los derechos humanos, y a favor de todas las nacionalidades: de los iraquíes, de los kazajhos, de los cubanos. Son más de 130 los países cuyos nacionales necesitan visa para entrar, no sólo a España, sino a la totalidad de la Unión Europea.

Entiendo que a lo mejor se trata de no exagerar. Pero aún así: ¿Por qué no protestan en primerísimo lugar contra el gobierno de Colombia, que no sólo ahora, sino desde siempre, es (con el del Tíbet) el que más trabas pone a la venida de extranjeros a su territorio? Y no contento con no recibir a nadie, además expulsa a todo el que puede: forasteros y nacionales, tanto por acción como por omisión. De Colombia han tenido que salir en los últimos años más de dos millones de personas a buscar refugio en todas partes: en el Ecuador, en Suecia, en Australia, en los Estados Unidos, en Costa Rica, en España. Personas de toda índole: niños y ancianos, ricos y pobres, de derecha y de izquierda, prostitutas e intelectuales. Tal es la capacidad de expulsión de Colombia que expulsa incluso delincuentes. Y no me refiero a los de la droga —millares, grandes y pequeños— que si se van de Colombia para llevar cocaína a los Estados Unidos, o a esta España que ahora también les exige visa, es porque los Estados Unidos y España reclaman la cocaína para su propio consumo: la culpa de que esos delincuentes emigren, y de que sean delincuentes, es de los consumidores españoles o norteamericanos. Hablo de otros: por ejemplo, de las muy publicitadas bandas de colombianos ladrones de joyerías que han llegado a España, y a través de ella a la Unión Europea, en los últimos dos años. Si se exilian de Colombia para robar joyerías no es porque en Colombia los persiga la justicia, que no persigue a nadie, sino porque en Colombia ya no quedan joyerías que robar. Al paso que van las cosas, tendrán que irse de Colombia hasta los mismísimos banqueros españoles.

Una anotación, aunque sólo marginal, a favor de la imposición de la visa. Ella evita que muchos colombianos sin prestigio intelectual, o sin tarjeta de crédito, o simplemente con cara de pobres, sean rechazados y deportados de vuelta por la policía en cuanto pisan un aeropuerto extranjero. Si les niegan la visa en el consulado en Bogotá o en Cali, por lo menos se ahorran el precio del pasaje transoceánico de avión y se devuelven a su casa en bus. Y se ahorran, sobre todo, la humillación. Los he visto llorar en los aeropuertos. Si yo mismo saqué la nacionalidad española al cabo de muchos años de vivir a caballo entre los dos países fue para escapar de las humillaciones que sufría en todos los aeropuertos del mundo por el hecho de tener pasaporte colombiano.

En todos. Pero tal vez más que en ninguno en el aeropuerto de El Dorado de Bogotá, a la salida y a la entrada. Porque los colombianos protestamos mucho cuando las autoridades de España nos tratan mal. Pero dejamos que las autoridades de Colombia nos traten a las patadas. Mientras no seamos capaces de hacer un país vivible deberíamos tener el pudor de no exigir que nos dejen llegar a vivir en otro.
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