Domingo, 4 de diciembre de 2016

| 2009/04/25 00:00

¡Vivan Tom y Jerry!

Sin duda uno de los argumentos que más daño les han hecho es que no se les puede negar el derecho al trabajo por ser hijos del Presidente.

¡Vivan Tom y Jerry!

Lo que no pudieron ni Yidis, ni 'Tasmania'… ni 'Job'… ni Mancuso… ni 'Don Berna'… ni David Murcia… ni los falsos positivos… ni la recesión económica, lo están logrando los hijos del Presidente: a ellos les vamos a tener que agradecer el haber iniciado la cuenta regresiva que va a terminar sepultando la reelección que tan desesperadamente está buscando su papá.

Semejante milagro ha sido mérito exclusivo de Tom y Jerry y de la manera aparatosa como ellos -y los ministros que han resultado involucrados en las decisiones que han beneficiado a los delfines- se han dado a la tarea de aclarar en los medios la meticulosa denuncia hecha por Daniel Coronell.

La defensa de Tom y Jerry no sólo los ha ido enredando cada día más, también ha resultado ser tremendamente ilustrativa sobre lo ancha y elástica que resulta ser la ética de los hijos del Presidente a la hora de definir su relación con el dinero. Primero, en el colmo del cinismo, aceptaron, sin más ni más, que ellos habían comprado los lotes de Mosquera a sabiendas de que allí se iba a declarar una zona franca. Semejante aceptación, que en otras latitudes daría para pensar que estos niños están usando información privilegiada, para ellos es tan sólo una prueba de su innata vocación por la creación de empresa. "Es que desde chiquitos son unos genios para los negocios", me dijo el otro día su tío Santiago Uribe, en su defensa.

Ni siquiera el hecho de que Tomás Uribe hubiera asistido a una reunión en el Ministerio de Transporte a comienzos de este año, en donde se aprobó una carretera que pasa por sus predios, les resulta alarmante: según un comunicado firmado por Andrés Uriel y el gobernador de Cundinamarca, la carretera estaba prevista desde 1995 y Tomás Uribe ni habló. ¿Fin del problema? Para nada: el comunicado es la prueba de que el Mintransporte no nos ha contado toda la verdad. El hecho de que la carretera se hubiera aprobado después de tantos años de estar prevista -muchas son las carreteras que están previstas y nunca se construyen-denota que ni el Ministro ni los hijos del Presidente tienen una frontera clara entre la ética pública y la privada, y que su poder de acción sobre el gobierno y sobre sus concesionarios, así Tomás no hable en las reuniones en las que se toman decisiones de Estado, es demoledor y tremendamente eficaz. Si la reelección no la tumban sus hijos, los colombianos corremos el riesgo de que Tomás sea nombrado Ministro de Transporte.

Otro funcionario que quedó como un sieso fue el ministro de Comercio Exterior. Es poco creíble que el doctor Plata no supiera que los hijos del Presidente eran los dueños de la tierra de la zona franca que él mismo contribuyó a aprobar, como lo ha sostenido. Esa información era vox populi en la zona franca de Bogotá, dueña en parte de la zona que fue adjudicada en terrenos de Tom y Jerry. Pero también es cierto que no es la primera vez que el ministro Plata ayuda a los hijos del Presidente. Siendo director de Prorexport, los recibió en su despacho y les ayudó sacándoles unas citas con clientes y les consiguió espacio en varias rondas de negocios.

Sin duda uno de los argumentos que más daño les ha hecho es el de que no se les puede negar el derecho al trabajo por ser los hijos del Presidente mientras ellos no cometan nada ilegal. A ver: no se trata de negarles el derecho al trabajo a los pobres niños, sino de que respondan cómo fue que en menos de siete años dejaron de ser una simple Pyme que vendía artesanías, y se convirtieron en importantes y exitosos empresarios de la basura, y en poderosos especuladores de tierra, con cuentas de papel en Panamá. Semejante hazaña no lo ha hecho en el país sino David Murcia.

Y en cuanto a que los niños son genios de las finanzas, como dicen su padre y toda su familia, tampoco la cosa es muy clara. Además de que salieron a relucir como posibles socios en un negocio con David Murcia, Jerónimo Uribe apareció en la lista de los deudores de un abogado nefasto de Cajanal, como codeudor de un préstamo. Pero aun más curioso es que en los allanamientos que hizo la Fiscalía a Cajanal, en donde se encontraron los pagarés que tienen a Hernán Andrade en problemas, no se hubiera encontrado el de Jerónimo.

Estoy de acuerdo en que ellos tienen derecho al trabajo, como lo tenemos todos los colombianos, así no seamos hijos de presidentes. Pero que no nos pongan a defender el derecho de los hijos del Presidente a volverse millonarios por cuenta de los favores que les hace el gobierno de su padre. Esta ética elástica, dominada por la ambición del dinero, en la que los hijos del Presidente hacen y deshacen sin que nadie los ataje, es el peor escenario para un país que se debate en medio de una tremenda recesión y pobreza. ¿Alguna duda de que Tom y Jerry no van a sepultar la reelección de su padre?

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