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Opinión

  • | 2013/11/12 00:00

    Espíritus animales entran a las viviendas…

    ¿Hay en Colombia fe ciega en un perpetuo crecimiento del precio? ¿Ante ello es mejor comprar porque igual sigue subiendo?

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Es sorprendente como se interpreta y acomoda según las necesidades la teoría económica. El sector inmobiliario ha servido para hablar de modelos de teoría económica al antojo de muchos. Ellos pretenden demostrar una coyuntura opuesta a la existencia de una burbuja inmobiliaria pero a la vez circunstancias que producen precios justos.

El decreto que promulga el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial en Bogotá, ha sido motivo de preocupación y el temor ha llevado a formular todo tipo de ilustraciones. Los celos por rentabilidades dejan ver angustia en los que se esfuerzan por explicar el comportamiento del sector.

El Fallo de la Corte, prohibiendo la construcción en la zona de los cerros orientales, también causa trasnochos. Bien librados salieron los que ya cuentan allí con sus casitas. Les dijeron: “Tranquilos, aquí no ha pasado nada”. Ni más faltaba no queda bien quitar el lugar donde una familia se ha consagrado. Sin embargo, ¿qué opinan las constructoras que tuvieron la genial idea de plasmar en esos lugares los deseos de padres y madres para crear un hogar bajo un techo?

El programa de las 100.000 viviendas del Ministerio del ramo, igualmente ha servido para crear dudas en cuanto a la existencia de una real reactivación. Para el ministro Henao no le es ajena la incomodidad cada vez que trata de explicar que la locomotora de la vivienda lleva buen ritmo. 

Al ministro le sugiero sacar un indicador que mida sólo su proyecto. No se deje enredar por la presión de los privados que en cierta forma buscan beneficiarse del megaproyecto al pretender cubrir enfermedades. Muy importante que las firmas interventoras lleven a la luz pública la efectiva ejecución de los recursos financieros contra el nivel de avance físico de las obras. Importante aclarar que los recursos son sólo para Vivienda de Interés Social.

Ministro, en el sector hay dos fuentes de inversión: la pública y la privada. En estos momentos, debe preocuparse porque los recursos públicos de su cartera muevan el PIB del sector. Controlar e impulsar a los privados le queda muy cuesta arriba en razón a que no tiene dientes. Para que su gestión sea sectorial ponga los ojos de manera objetiva sobre Camacol, la compra de vivienda en obra gris y su reventa a precios duplicados, el afán de construir para revender o sólo para arrendar, la creación de la superintendencia que regule, la construcción de vivienda en zonas de reserva, en fin. Necesita sacar los múltiples espíritus salvajes del sector. 

Asobancaria dijo en Portafolio (06-11-13): “no se observa un gran apalancamiento detrás del auge de precios”. En otras palabras trató de buscar la manera para explicar que las opiniones y noticias sobre la existencia de burbuja inmobiliaria son divagaciones. Afirma la doctora María Mercedes que la formación del precio ha sido por la transparencia entre la oferta y la demanda. Su nebulosa explicación la terminó diciendo: “Todas estas razones sugieren que el aumento de precios en Colombia está más determinado por razones fundamentales que por ‘espíritus animales”. Su argumento se apoya en la explicación de la exuberancia irracional (para Ella no existe en Colombia) origen de la crisis financiera del 2008 en los Estados Unidos. 

¿Hay en Colombia fe ciega en un perpetuo crecimiento del precio? ¿Ante ello es mejor comprar porque igual sigue subiendo?

Según el Dane ha aumentado la cartera hipotecaria vencida (en 3, 4, 7 ó 12 cuotas) y ha disminuido la cartera al día. ¿Los deudores están incumpliendo? Lo extraño es que así como terminan proyectos, también venden y aumentan precios. 

Sin embargo, pensar que se cubre la compra con ahorro tampoco sería un fuerte argumento puesto que el dinero circulante (M1) entre el 2011 y 2012 presentó una disminución en la tendencia (datos Banco de la República), se recuperó en el primer semestre de 2013 pero para el segundo ha cambiado su comportamiento. Los depósitos (M3 que incluye el M1) no reflejan incrementos significativos entre el 2011, 2012 y 2013 que expliquen satisfactoriamente el mencionado auge y los precios inmobiliarios por efectos de demanda.

El panorama hace necesarias algunas preguntas. Doctora María Mercedes: ¿Los fallos de mercado no están alimentados por espíritus animales? ¿El sector inmobiliario es perfectamente competitivo? ¿No existe en estos momentos un espíritu animal entre el precio y el costo marginal? ¿Cuántas firmas efectivamente construyen por zonas en Bogotá? ¿La información es simétrica entre el constructor, los múltiples intermediarios y los que finalmente compran una vivienda para sentar verdaderamente un hogar y no negociar?

Caerse en Medellín una torre donde vivían familias y existir otras tantas en el resto del país con problemas parecidos, ¿no es producto de espíritus animales? ¿Cuánto pagaron las familias en Medellín por algo que no sirvió? ¿Ese precio fue producto de la oferta, la demanda y la información perfecta?

Por favor demuéstrenos la inexistencia de espíritus animales sobre lo expuesto para poder entendernos. 

*Magister en economía.
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