Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1998/07/13 00:00

VOTO CON CABEZA FRIA

VOTO CON CABEZA FRIA

La decisión sobre por quien votar va a tener que ser el resultado de un análisis práctico sobre lo que puede ser más conveniente para todos, a pesar de que pocas veces antes el debate electoral ha estado más empapado que ahora de elementos emotivos. Para comenzar hay que decir que entre Andrés Pastrana y Horacio Serpa hay menos diferencias ideológicas de loque los candidatos se han encargado de señalar durante los últimos años. El discurso es distinto, claro está. El de Serpa, por ejemplo, está plagado de elementos del liberalismo social de izquierda que el hoy candidato ha defendido a lo largo de su vida. Pero eso no significa mucho si uno mira los antecedentes de esa corriente en el pasado inmediato. El modelo de esta corriente liberal fue el que inspiró el gobierno Samper _del cual Horacio Serpa es su exponente más brillante_ y sus resultados prácticos indican que tiene mucho más de discurso que de reorientación de los instrumentos del Estado para buscar un claro beneficio popular. Las cifras generales (tal vez con la excepción de la Red de Solidaridad en ciertas regiones) parece indicar más bien lo contrario.Por eso resulta tan molesta como mentirosa la tesis de que al actual gobierno lo atacaron las oligarquías de derecha, manipuladas por los gringos, para impedir el ascenso de una corriente contraria al neoliberalismo imperante en América Latina. Si no hubiera existido el escándalo de los dineros en la campaña liberal, al gobierno de Samper le habría tocado rendir cuentas como administración desde muy temprano, y creo que en ese balance le habría ido incluso peor de lo que le fue. En ese sentido, el proceso 8.000 fue el gran elemento distractor, que por culpa de sus enemigos acabó beneficiando a Ernesto Samper.Pero tampoco es cierto que Andrés Pastrana encarne la gran moral frente a la corrupción, como dicen sus seguidores. Andrés es un hombre honrado, claro está (Horacio Serpa también lo es), pero la estructura sobre la cual está montada su campaña, el Partido Conservador, tiene tantos vicios generados por el clientelismo que resulta absurdo pensar siquiera en defender todo eso. En este aspecto, lo que es rescatable de Andrés es que su equipo inmediato es serio y que desde hace tiempo viene trabajando en fórmulas válidas para aplicar en caso de llegar algún día al poder. Desde este punto de vista, la de Pastrana es mucho más una empresa que un partido político, y eso en algo ayuda.La gran diferencia entre un gobierno de Serpa y uno de Pastrana tiene que ver, a mi juicio, con los elementos de estabilidad que habría en el uno o en el otro, que son bien diferentesPor un lado el Partido Liberal ya sólo es útil para elegir al presidente. De resto es un lastre por su anarquía y por el elevadísimo nivel de corrupción a que lo han llevado tantos años en el poder con tan poca oposición y con nula vigilancia. El punto más elevado es el proceso 8.000, cuyo desarrollo garantiza que el gobierno de Horacio Serpa tendría que estar a la defensiva, local e internacionalmente, por el solo hecho de gobernar a nombre del liberalismo. La estela de este gobierno, en términos de la relación con Estados Unidos, también obligaría a Serpa a gobernar con una mano amarrada atrás. No importa cuál sea el discurso nacionalista pero, justo o no, no es posible gobernar con la oposición de Estados Unidos, como lo demuestran los últimos cuatro años. Con Andrés el espacio es mucho más amplio y el terreno más firme. No sería un gobierno a la defensiva; no tendría que enfrascarse de entrada en peleas por episodios de corrupción, y su llegada al gobierno crearía un ambiente más favorable que el actual para la presencia del capital extranjero y para la decisión de inversión de muchos empresarios locales, lo cual no es un asunto de poca monta. A pesar del ambiente enrarecido y pasional y de lo apretada que parece la votación final, esta elección hay que enfrentarla con cabeza fría. Y la mía me indica que para navegar en estos mares tormentosos es más seguro el barco que comanda Andrés Pastrana.

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