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Opinión

  • | 2007/01/20 00:00

    Voto secreto, pero mal educado

    Luego que el famoso escándalo de la para-política haya sido enfriado por las pasadas fiestas de fin de año, el 2007 comienza con la acostumbrada revolución electoral en las diversas regiones colombianas.

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En una pasada edición de la revista SEMANA se presentó un informe concerniente a la situación política en el departamento del Cesar en el que se describe cómo alias ‘Jorge Cuarenta’ fue un actor determinante en la elección de congresistas, alcaldes y gobernadores entre los años 2002-2003. Ante una evidente intimidación de los otros candidatos en las elecciones a la gobernación del mencionado departamento, el único candidato postulado fue evidentemente el ganador, ante el silencio de los organismos de control.

Con una votación cercana a los 265.000 sufragios, el actual gobernador obtuvo tan solo un 53 por ciento de ellos, mientras su contrincante natural –el voto en blanco– obtuvo un considerable 27 por ciento Aunque muchos especulan que en casi todos los municipios del precario departamento la población votante lo hizo intimidada por las amenazas, asesinatos y masacres de las autodefensas territorialmente dominantes, el hecho de que exista la opción del voto secreto pudo garantizar que un pequeño pero representativo grupo de personas optaran por cambiar su voto considerando el miedo al momento de ir a la urna.

No obstante, cuando uno recorre las calles de los municipios del departamento del Cesar y habla con las personas que ejercieron su derecho en las elecciones de 2003, sorprendentemente manifiestan con ignorancia que sin lugar a dudas el votar en blanco consiste en dejar el tarjetón sin marcar. Prueba de ello es que la contundente evidencia muestra que en los mismos comicios electorales los tarjetones sin marcar sumaron un 20 por ciento de los votos, producto de la falta de educación de los temerosos votantes.

Si uno realiza una simple operación aritmética, se puede notar que los votos en blanco y los tarjetones sin marcar suman un considerable 47 por ciento del total. Incluso en municipios grandes como Valledupar, Aguachica o Chimichagua, el porcentaje de votos en blanco y tarjetones sin marcar derrotan al electo gobernador.

A pesar de las vanas divulgaciones realizadas por la Registraduría Nacional del Estado Civil y sus ingenuas pretensiones para que todo el censo electoral vote, la poca educación del electorado ha llevado a considerar el voto en blanco como una opción sin relevancia y, lo que es peor, su razón de ser no se convierte en una alternativa de manifestación de inconformismo con el candidato postulado.

Es poco lo que el Estado colombiano ha realizado para educar a los votantes. Pese a las innumerables herramientas plasmadas en la Constitución política para garantizar la contribución de ideas ciudadanas en las decisiones políticas, la poca participación democrática que simplemente se limita al voto se menoscaba por la falta de conocimiento de los votantes.

Puesto que este comportamiento no solamente es inherente a la población del departamento del Cesar sino de la mayoría del país, el momento actual es clave para que los comprometidos con la construcción de una democracia fuerte y duradera puedan divulgar información seria acerca del poder y las consecuencias del voto en blanco, para garantizar en cierta medida la transparencia en el desarrollo de elecciones vulnerables a ser penetradas por los tentáculos del paramilitarismo, u otra organización armada con pretensiones de dominio político de las regiones con poca presencia estatal.
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