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Opinión

  • | 2009/03/19 00:00

    Votos y balas

    El triunfo del Fmln en El Salvador deja grandes lecciones para las guerrillas colombianas.

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Mauricio Funes es el nuevo presidente electo de El Salvador, asumirá en pleno el 1 de junio de este año. Su triunfo pone fin a veinte años de gobiernos de Arena – Alianza Republicana Nacionalista-, la fuerza de derecha, que liderada por el empresario Alfredo Cristiani, quien fue presidente en 1992. Fue él quien firmó la paz, sellada en el Pacto de Esquipulas, con el partido del hoy presidente, el Frente Farabundo Marti para la Liberación Nacional, Fmln. Para lograrlo se necesitó la presión de Estados Unidos, la ONU, la Unión Europea y el liderazgo del presidente de Costa Rica, Oscar Arias, ,

El Fmln se conformó como la confluencia de cinco organizaciones en 1981 y lideró la guerra civil, que enfrentó a amplios sectores sociales con un régimen cívico-militar que gobernaba a punta de sangre y autoritarismo. La guerra civil dejó 100 mil muertos, la economía arruinada y grandes sufrimientos. Fue la mayor guerra del continente en la segunda mitad del siglo XX.

A mediados de los años ochenta, cuando Cuba era un hervidero de guerrillas y conspiraciones, en un coctel ofrecido por el Departamento América del Partido Comunista Cubano, la instancia que coordinaba las relaciones con organizaciones de todos los pelambres y apuestas insurreccionales en América Latina, se escuchaban las voces recias de chilenos, uruguayos, argentinos, colombianas y peruanas.

En un rincón discreto estaban unos silenciosos y pequeños personajes; era la delegación del Fmln y un observador agudo, comentó: “Esos, los salvadoreños son los únicos que tienen un ejército y una fuerza militar y política de respeto, el resto, son ínfulas y aspiraciones”.

El Fmln fue una formidable fuerza militar, desestabilizó en reiteradas ocasiones al ejército Salvadoreño, que de no ser por una impresionante asistencia técnica y financiera de los Estados Unidos, hubiera sucumbido. Realizó acciones que la guerrilla colombiana jamás estuvo ni en sueños –o pesadillas- cerca de concretar. Es como si las Farc de Colombia hubieran saboteado en tierra la flotilla Aérea de Palanquero, se hubieran tomado y aniquilado cuárteles militares y se hubieran mantenido durante una semana en el centro de Bogotá, pues ese tipo de acciones fue las que protagonizó el Fmln.


Pero aún esta fuerza comprendió que la guerra llegó a su tope y que era la hora de un acuerdo político. Lo pactó en enero de 1992 con dos contenidos básicos; depurar las fuerzas armadas, crear unas instituciones policiales nuevas y adelantar reformas institucionales que garantizaran el funcionamiento de un Estado de Derecho, la competencia electoral y el respeto de los derechos humanos. En estos 17 años se ha aplicado a mantenerse como partido y a jugar en las reglas de la democracia.

Mauricio Funes, representa un Fmln que luego de los acuerdos de paz, ha competido por llegar al gobierno, construyendo una fuerza parlamentaria y una base de gobernabilidad local. El Fmln tiene presencia en los 14 departamentos del país y ha tenido un crecimiento progresivo desde su inserción legal hasta el grado de tener bajo su administración casi todas las ciudades del país en donde se concentra más del 50 por ciento de la población total.

En 1994 obtuvo 21 diputados y 15 alcaldías. En 1997 obtuvo 27 diputados, 7 diputados al Parlamento Centroamericano y 54 alcaldías. En el 2000 obtuvo 80 alcaldías. En el 2004 el número de sus alcaldías bajó a 34 pero ganó 31 diputados, de los 84 que conforman la Asamblea Legislativa.

Ahora que el Fmln, en alianza con otros movimientos, ha ganado las presidenciales, quedan tres enseñanzas para el debate y la situación que se vive en Colombia. La primera, los votos son más productivos que las balas. Un partido debe perseverar en su acción para ganar el apoyo de la sociedad. Y, tres, no es con grandes promesas de rupturas y apuestas de colocar un país patas arriba, cambiarlo todo desde los cimientos que se logra una sociedad socialmente más equitativa. La oferta del Fmln fue la de jugar bajo las reglas del Estado de Derecho, reconocer el mercado y la propiedad y proponerse una agenda de redistribución y equidad.

Así el triunfo del Fmln deja tres grandes lecciones para la izquierda colombiana y para unas guerrillas aferradas a insurrecciones y guerras prolongadas que han convertido grandes sueños de cambio social en pesadillas.



*Luis Eduardo Celis es coordinador del Programa de Política Pública de Paz de la Corporación Nuevo Arco Iris
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