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Opinión

  • | 1994/01/17 00:00

    VUELVE Y JUEGA

    Lo único que puede hacer un presidente para que lo reelijan es gobernar bien

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VOLVIO A LA ESCENA NACIONAL EL tema recurrente de la reeleccion presidencial y, como sucede siempre, esta vez tambien regresó con nombre propio: Se debe permitir la reeleccion de Cesar Gaviria?
Como nunca se discute la reeleccion en general, si no siempre si es conveniente reelegir al ex presidente con mayor influencia política en el momento en que se adelanta el debate, el tema nace viciado. Por eso la única manera en que se podría abordar el asunto sería haciendo abstracción de si se trata de reelegir a César Gaviria como presidente de la República, abstracción bastante difícil en el caso de un joven de menos de 40 y pico de años que está a punto de acabar su mandato con unos índices de popularidad que ya quisieran los candidatos que lo pretenden reemplazar.
Un primer aspecto es el del debate en sí mismo. En Colombia se arman tales jaleos cada vez que se habla de la reelección de alguien que la discusión resulta tanto o mas perturbadora que la misma reelección. Ese, por sí solo, sería un argumento de suficiente peso como para dejar que las cosas se queden tal como están. En un país en el que la envidia empata y hasta supera a la ambición, hay demasiada gente interesada en atravesárseles en el camino a los que quieren repetir.
También es bueno mirar cuál es el ejemplo colombiano, y de ahí lo único que se puede deducir es que la elección de ex presidentes no ha culminado bien. Y si se miran otros ejemplos, la situación no deja de ser más preocupante aún. La más cercana. que es la experiencia venezolana, muestra a un país sumido en una crisis muy delicada, y a dos ex presidentes (Pérez primero y ahora Caldera) elegidos como resultado (o causa?) del desorden político local. Parece que en el vecino país la gente acudió a las urnas en las dos últimas elecciones para escoger según lo que los publicistas llaman "top of mind", que tiene que ver con los niveles de recordación de los nombres de los personajes públicos, más incluso que con el hecho de que sus gobiernos hayan sido buenos.
Pero ese no es el único escenario que tiene este tema, porque una cosa es la eleccion de ex presidentes y otra la reelección de presidentes. Es decir, una cosa es elegir a un señor que fue presidente alguna vez y otra muy distinta volver a elegir al que está en ejercicio.
Si uno pudiera diseñar la situación ideal, esta sería la de poder recortarle el tiempo de gobierno a los presidentes malos y alargárselo a los buenos. Pero ese sistema no se ha inventado. Descartadas, por supuesto, las vías de hecho (que a ratos dan unas ganas tremendas, para qué negarlo) las únicas soluciones existentes son la revocatoria del mandato, para el primer caso, y la reelección del presidente en ejercicio, para el segundo. Lo de la revocatoria es una utopía política que sólo funciona para los casos en los que el primer mandatario incurre en delitos tipificados en el Código Penal. Pero la reelección de presidentes aquí muy poco se ha discutido.
El gran argumento en contra es que el presidente puede hacer uso del poder que le da su cargo para hacerse reelegir. Pero esa es una tesis curiosísima, si se tiene en cuenta que lo único que puede hacer un presidente para que lo reelijan es gobernar bien. No hay nada mas difícil que conseguir un presi- dente bueno. Lo que indica la lógica es que cuando aparece uno que sirva lo que hay que hacer es facilitarle su permanencia en el cargo y no prohibírselo. Pero aquí se considera más democratico respetar la fila india de los cuatro o cinco aspirantes a presidentes que el beneficio de 30 ó 40 millones de personas razonablemente bien gobernadas. Estoy seguro de que si Gaviria fuera candidato hoy, en su calidad de presidente, resultaría elegido otra vez (uno de esos votos sería el mío). Pero el hecho de que esa circunstancia no se vaya a dar en este momento porque la reelección está prohibida no significa que haya que cerrarle las puertas eternamente.
En Argentina el presidente Carlos Menem resolvió enfrentar el problema por su propia cuenta, y ya logró firmar un acuerdo con la oposición que le va a permitir buscar su reelección. En Colombia eso no es posible porque el recato todavía es una de las normas de urbanidad que la gente les exige a los presidentes. Pero ahora que un puñado de parlamentarios presentó un proyecto de ley que revive la reelección, sería bueno que esta modalidad entrara a formar parte del debate. -
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