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Opinión

  • | 2010/12/04 00:00

    WikiColombia

    No creo que Santos haya condenado la filtración de WikiLeaks por haber revelado intimidades del poder que no tienen mucha sustancia.

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Según el director del diario El País de España, de los 251.287 documentos que recibieron de WikiLeaks, 2.898 hacen referencia a Colombia. De esos informes, la mayoría -aproximadamente 2.416- han salido de la embajada americana en Bogotá y más de la mitad son documentos catalogados como confidenciales (1.106) y secretos (134). Con razón un editorial de The Financial Times, de Londres, afirmaba esta semana que el verdadero escándalo que potencialmente puede afectar seriamente la imagen de los Estados Unidos sobrevendrá cuando se comiencen a difundir los cables originados desde Colombia, "dado el papel cumplido por los Estados Unidos en la lucha contra la guerrilla y el narcotráfico" que allí se libra.

Según el director del diario El País, estos documentos podrían comenzar a ser revelados en las próximas semanas, y aunque no se sabe cuáles secretos se van a difundir, hay la sensación en el ambiente de que su contenido puede poner al descubierto una realidad bastante menos esplendorosa que la que hasta ahora han conseguido imponernos en torno a los verdaderos "éxitos" obtenidos en la guerra contra las drogas que se libra en este país, la cual es financiada, en gran parte, con dineros norteamericanos. Estos éxitos, desde tiempo atrás, han sido calificados como ejemplares por los gobiernos de Washington y Bogotá, a tal punto que ese es el modelo que los norteamericanos han querido trasladar a Afganistán, país en el que ya WikiLeaks mostró unos videos en los que se ve a civiles siendo víctimas de bombardeos, que causaron indignación en todo el mundo.

Sin embargo, lo que más ha afincado la percepción de que viene una avalancha de documentos más que embarazosos para los gobiernos de Estados Unidos y de Colombia y, en particular, para las administraciones de Bush y de Uribe -en razón a que la mayoría de los documentos son de estos dos últimos años-, es el insólito comunicado del presidente Juan Manuel Santos de esta semana.

Mientras sus homólogos latinoamericanos optaron por restarles importancia a las revelaciones hechas por WikiLeaks hasta el momento - "son informaciones realmente irrelevantes", dijo el presidente del Perú, Alan García, y lo propio dijo Lula, quien afirmó que estas revelaciones hasta el momento "no merecen ser tomadas en serio"-, Santos, en cambio, las tomó muy, pero muy en serio. El presidente colombiano las condenó y se solidarizó con el gobierno norteamericano, y aunque su comunicado no fue tan agresivo como la declaración hecha por un consejero del Primer Ministro canadiense -quien dijo que Obama debería contratar a un asesino para matar a Assange-, Santos sí dejó claro que en su gobierno el fundador de WikiLeaks no sería precisamente el ciudadano más bienvenido.

¿Y qué pueden revelar esas filtraciones para que el ambiente esté tan crispado? ¿Acaso habrá mayores revelaciones sobre cómo la embajada norteamericana sabía que generales del Ejército apoyaban a los narcoparamilitares, autores de masacres, hecho que ya se conoció en un documento desclasificado hace poco, en el que aparece el nombre del general Rito Alejo del Río? ¿O será acaso que la diplomacia norteamericana no quiere que se sepa que mientras ellos permitían que generales del Ejército apoyaran a los narcoparamilitares, por el otro lado, altos funcionarios diplomáticos norteamericanos hablaban con Raúl Reyes, como de hecho sucedió con el entonces director de Asuntos Internos del Departamento de Estado, Phil Chicola, de quien se supo hace poco, gracias a otro documento desclasificado, que tuvo una entrevista con Raúl Reyes?

Si nos atenemos al tenor del comunicado expedido por el presidente Santos, las revelaciones tendrían que ser peores que estas. Y no me cabe duda de que la solemnidad del comunicado no es por cuenta de lo que ya se ha conocido, sino de lo que aún no se ha revelado.

Lo que ya se ha difundido no amerita semejante comunicado, aunque sí deja más mal parados a los políticos latinoamericanos que a la diplomacia norteamericana.

En Argentina, por ejemplo, la descripción más grotesca que se ha hecho del difunto ex presidente Kirchner no proviene de un enemigo político, sino de un ex jefe de gabinete de su atribulada esposa.

Pero no creo, repito, que Santos haya condenado la filtración de WikiLeaks por haber revelado intimidades del poder que no tienen mucha sustancia. Y, en cambio, sí pienso que el comunicado está dirigido a preparar el terreno para recibir mejor parado la borrasca que se avecina.

Estamos en manos de El País de Madrid y del señor Assange, quien se perfila como el nuevo Woodward de esta era del periodismo en Internet. Mis respetos, señor Assange. Usted les está demostrando a los políticos que en esta era de Internet los secretos que ellos han querido enterrar pueden ser desenterrados sin necesidad de que las víctimas de esos atropellos tengan que esperar a que sean desclasificados 30 años después, cuando el impacto de esa información es infinitamente menor al inmenso perjuicio causado.
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