Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2008/11/08 00:00

¿Y con Obama, qué?

La aprobación del TLC con colombia será aún más difícil y esto, obviamente, no es una buena noticia para el país

¿Y con Obama, qué?

Ojalá Obama se entere por fin de que en Colombia ha mejorado sustancialmente la seguridad de los sindicalistas y deje de esgrimir este asunto como argumento en contra de la aprobación del TLC con nuestro país. Incluso el embajador Brownfield en Bogotá recogió nuestro argumento de que aquí hay más seguridad para quien es sindicalista  que para quien no lo es; ahora falta que ese argumento llegue a oídos de Obama, que reconozca el esfuerzo que ha hecho nuestro gobierno y ojalá facilite la aprobación del TLC en un nuevo Congreso abrumadoramente demócrata.

Digo ojalá -esto es, "quiera Dios", en árabe- porque estoy pensando solamente con el deseo. El caso es que con Obama llegó efectivamente el cambio a Estados Unidos. Pero no todo cambio allá es bueno acá. La primera urgencia del nuevo gobierno será superar la recesión económica y para ello las medidas proteccionistas no se harán esperar. Ya Obama anunció que renegociará el Nafta con México y que se propone recuperar para la economía gringa dos millones de empleos que, según el nuevo Presidente, se han perdido por efecto de los acuerdos comerciales con terceros países. En estas condiciones la aprobación del TLC con Colombia será aun más difícil. Y esto, obviamente, no es una buena noticia para nuestro país.

De otra parte, el enorme déficit fiscal y la gigantesca deuda externa de Estados Unidos, sumados al fracaso en la disminución del volumen de cocaína producida en Colombia, a nuestros avances en el control del terrorismo y al agravamiento de la violencia relacionada con el narcotráfico en México -que requerirá creciente ayuda gringa para evitar que se desestabilice un país clave para sus intereses-, probablemente produzcan como resultado una disminución aun mayor que la prevista de la ayuda norteamericana a nuestro país a través del Plan Colombia. Y esto tampoco es una buena noticia.

Para efectos de su presentación pública, estos "cambios" se podrán adornar con un discurso en el que la seguridad, el terrorismo y el narcotráfico cederán su primer lugar a una mayor exigencia en el tema de los derechos humanos. Y, desafortunadamente, ese nuevo discurso tendrá sobradas justificaciones en hechos recientes como los asesinatos de civiles a manos de miembros del Ejército Nacional. Así, esos "cambios" aparecerán como una especie de castigo a un país que no se está portando bien, lo cual sería una enorme injusticia que desconocería los enormes esfuerzos y avances realizados por el actual gobierno colombiano en el tema de los derechos humanos, reconocidos recientemente tanto por el Departamento de Estado como por Naciones Unidas.

Dicho lo anterior, también debo decir que considero la elección de Obama muy positiva para Estados Unidos y para el mundo. Como dijo Simon Peres, el líder israelí, esa elección "de alguna manera significa el fin del racismo". Dentro de Estados Unidos hay el convencimiento de que se llegó al final de un ciclo y han reverdecido las esperanzas de regeneración. La nueva administración le permitirá a Estados Unidos redefinir su papel en el mundo y acabar con el aislamiento político que le produjo el belicismo imperial de Bush, el "fabricante de callejones", como alguien lo llamó. Se recuperará la diplomacia y el multilateralismo como vías para llegar a acuerdos y solucionar conflictos. Estados Unidos refrendará su "poder blando", o sea, la simpatía y la admiración que su cultura y su democracia generan en todo el mundo.

Sus retos son enormes. Y también es sabido que cuando hay grandes expectativas, también hay grandes riesgos de desilusión. Además de superar la crisis financiera y la recesión en Estados Unidos, su agenda externa es robusta. Obama tendrá que convencer a Irán para que no sea una amenaza, sino un factor de estabilización en el Oriente Medio. Demostrar que el retiro de las tropas en 18 meses es la menos mala de las opciones en Irak. Probar que no sólo un aumento de tropas resuelve el caos en Afganistán. Responder a las expectativas de paz que su elección generó entre israelíes y palestinos. Acabar con el centro de torturas en Guantánamo y con el bloqueo a Cuba. Firmar el Acuerdo de Kyoto. Aceptar la Corte Penal Internacional. Revisar el Acuerdo de Bretón Woods e impulsar un nuevo sistema financiero internacional. Tranquilizar a Rusia en sus fronteras. En fin, dejar a la Kirchner, a Evo, a Chávez, a Correa y a Fidel sin a quién echarle la culpa de todo... y añorando a Bush (¿igual que nosotros).
 

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