Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2003/11/10 00:00

¿Y de Pastrana qué?

Jefe natural del conservatismo _retirado Belisario, muerto Pastrana padre, muerto Alvaro Gómez_ no queda sino uno: Andrés

¿Y de Pastrana qué?

El país, equivocadamente, cree que a Andrés Pastrana se lo tragó la tierra. Ha estado inmerso en un testarudo silencio y, residenciado en España, se ha impuesto una prudente distancia geográfica con el país, probablemente como disciplina que todo ex presidente colombiano, inevitablemente, debe cumplir: mantenerse lejos y callado en espera del tiempo necesario para que el país lo perdone.

Y no lo digo peyorativamente. Hasta el que mejor salió librado, que fue César Gaviria, cumplió su ritual encerrado en la ONU. Y Ernesto Samper, el peor librado, logró regresar al país y volver a cocteles y restaurantes sin que, que se sepa, lo hayan vuelto a chiflar.

Pero esta distancia política de Andrés Pastrana con el país es mucho menor de lo que parece. Sin su autorización, el Partido Conservador jamás habría apoyado a Alvaro Uribe. Su mano también estuvo muy activa en la elección de Contralor. Por pasarle una cuenta de cobro a la Federación de Cafeteros, Andrés prefirió no apoyar al candidato de su propio partido y en una extraña alianza pastro-samperista, apoyó a Antonio Hernández.

Su mano volvió a aparecer muy claramente en la elección del presidente del Congreso, Germán Vargas. El apoyo conservador, dirigido personalmente por Andrés desde España, determinó la derrota de Héctor Elí Rojas.

Hoy tiene vicepresidente conservador en el Senado y presidente conservador en la Cámara, algo que no se veía hace muchos años.

Hasta se dice que a Eduardo Pizano lo sacaron del abanico de ministeriables en reemplazo de Londoño para no molestar a Andrés.

Y es seguro que en la elección de Sabas Pretelt como nuevo Ministro del Interior y de Justicia contó de manera definitiva que Sabas se ha comportado siempre como un godito disciplinado, que va a los actos de Paipa y a cuanto retiro espiritual organiza el conservatismo.

Pero todas estas son minucias de la mecánica política que hasta Ernesto Samper es experto en organizar.

La importancia actual de Andrés Pastrana está basada en el ascendiente que tiene sobre los conservadores en el Congreso.

Actualmente hay 30 senadores y 50 representantes que funcionan como un relojito. Son 80 congresistas que en momentos de una abultada agenda legislativa valen oro. El uribismo en el Senado, por ejemplo, apenas llega a 45 senadores. Hoy por hoy los conservadores tienen la facultad de ser determinantes a la hora de hundir o hacer aprobar un proyecto.

Y todo ello porque con excepción de la bancada uribista, que sufrió las inclemencias de la indiferencia del ministro Londoño y que por momentos actúa desordenada y sin cohesión, la conservadora es la única bancada con algún grado de disciplina que queda en el Congreso. Las demás son bancaditas, que se arman o se desarman dependiendo de los temas de la agenda legislativa.

Del apoyo que los conservadores -aliados con el uribismo, claro- estén dispuestos a darle a la abultada agenda legislativa que tendrá que resolverse en su totalidad en el curso de las próximas cinco semanas, el Plan B del gobierno saldrá o no avante.

El senador Carlos Holguín ha mantenido unidas las huestes con gran autoridad, pero como par de sus copartidarios. Jefe natural del conservatismo -retirado Belisario, muerto Pastrana padre, muerto Alvaro Gómez-, no queda sino uno: Andrés. Y recuerden que sólo tiene 50 años.

Si el Polo se crece nacionalmente, será inevitable que el próximo aspirante a Presidente que desee derrotarlo tendrá que tratar de llegar con un esquema parecido al de Uribe, uniendo a conservadores y liberales. Y aunque los ex presidentes ya no eligen, sí conservan capacidad de veto: nuevamente aparece Andrés Pastrana desempeñando un papel fundamental en el 2006.

Así que, no se equivoquen. No sería raro que en los próximos días se anime a dar su primera entrevista de ex presidente. Así que prepárense para la resurrección del hombre más enterrado políticamente de la historia reciente.

ENTRETANTO. ¿Quién se iba a imaginar que perdieron primero la virginidad en el gabinete los hombres que las mujeres?

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