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Opinión

  • | 2015/07/24 11:17

    Ilusión, desilusión y conspiración

    Criminales que no se ensucian las manos. En Colombia el trabajo sucio lo hacen otros.

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Mi vida se puede resumir en tres palabras: ilusión, desilusión y conspiración. El dueño de esta frase es Leonardo Notte, personaje de “1992” (Mille novecento novantadue), la megaproducción estrenada este año en Italia y considerada  por la crítica europea como una de las mejores series de TV de los últimos tiempos. El thriller político inicia con una operación policial mediante la cual el fiscal del tribunal de Milán, Antonio Di Pietro, detiene a Mario Chiesa, un alto dirigente del Partido Socialista Italiano.

Año 1992. La “Operación Manos Limpias” pone al descubierto un entramado de corrupción política, fraude, soborno, financiación ilegal de partidos, apropiación indebida de fondos públicos, prostitución y arribismo de alto vuelo, y un largo etcétera. Caída y huida del ex primer ministro Benedetto Craxi. Mario Chiesa y otros políticos que se suicidan. Silvio Berlusconi, con risa de paseo, va asomando en el tinglado.  

No hay que cruzar un mar para inspirar una serie de TV que nos saque de los lugares comunes a que nos acostumbraron los canales privados de Colombia. Hay tiendas en el país en las que se puede conseguir toda la materia prima. En realidad no son tiendas. Son oficinas públicas financiadas por los contribuyentes. Son sedes de directorios políticos financiadas por empresarios. En esos lugares no cuesta toparse con un hombre o una mujer elegantemente trajeada y con una sonrisa que muestra una dentadura blanquísima, deconstruida y vuelta a construir en un dudoso laboratorio dental dirigido por un tal fulano de tal. Puede que esa funcionaria, ese político o aquel empresario sean honorables. Puede que sean criminales.

Criminales que no se ensucian las manos. El trabajo sucio lo hacen otros. No he ejercido la violencia pero convenzo a otros para que la ejerzan por mí, dice a un cortesano, Lord Tyrion Lannister, el brillante, racional sarcástico y entretenido enano de “Juego de Tronos”. Muchos en Colombia creen que el chico de cabeza rapada y esposado de manos que, luce ante las cámaras del noticiero, una camiseta del Club Atlético Nacional, bermudas y unas chancletas con el escudo del mismo club, es el artífice de una gran conspiración. Así lo presentan, usualmente, las autoridades.

Puede que el verdadero conspirador, el “autor intelectual” como dicen los abogados de medio pelo, esté al otro lado de la pantalla, sentado en un sofá, acariciando la cabellera de su perro o de su amante. Puede que esté en un pabellón especial de la cárcel simulando problemas cardiacos. Puede que esté ejerciendo sus funciones en el Congreso o en alguna de las oficinas del poder. Puede que esté en su hacienda repasando con el mayordomo las cuentas sobre el ganado de engorde o examinando la pata de un caballo de raza que cojea. Puede que esté en el exterior esperando a que se “aclaren” las cosas.

Supongo que la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición, pensada y acordada por el gobierno y las FARC en La Habana busca “aclarar” las cosas. Es un artefacto extrajudicial que ayudaría muchísimo a la conciencia y la memoria del país. Pero también está el asunto de la Justicia Transicional, una formulación que aún está por definirse en La Habana. Una fórmula, pienso, equilibrada que reconozca los hechos sin afectar la dignidad de nadie y menos la dignidad de las víctimas. A veces, recordando al poeta esclavista, hay que sacrificar un mundo para escribir un verso. En este caso un acuerdo sobre la justicia y las víctimas. Hay que renunciar al maximalismo para alcanzar el acuerdo y seguir con la idea de cambiar el mundo.

Me pregunto por qué RCN y Caracol, los canales privados de televisión, no se han fijado en los intríngulis de la política colombiana para llevar a la pantalla un thriller que vaya más allá del facilísimo truco de las narconovelas. Pueden forrarse de dinero escudriñando la tenebrosa política de Colombia. Una colombiana, asistente de un parlamentario europeo, me pidió hace unas semanas alguna recomendación sobre literatura política. Ninguna, le dije, consigue tres series de TV (“House of Cards”, “Borgen” y “1992”) y con eso lo tendrás todo. El poder reside donde los hombres creen que reside. ¿Adivinen quién lo escribió o dijo sin buscar en Google?

En twitter: @Yezid_Ar_D

Blog: https://yezidarteta.wordpress.com/author/yezidarteta/   
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