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Opinión

  • | 2016/09/15 10:11

    Los crímenes del posacuerdo

    Es una pena que Uribe y Pastrana no hayan tenido la mirada y la estatura que, los manuales de ciencia política, reclaman a los estadistas.

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Unos bailan para recordar y otros bailan para olvidar, me dijo en un tono que por momentos la hacía ver como una criatura de la noche bohemia. Recordar para no olvidar, objeté, mientras observaba desde el balcón como las violentas rachas del mistral sacudían las ramas de un sauce llorón. Ellos la apuñalan con sus cuchillos de acero, pero no pueden matar a la bestia, sentenció ella, a la manera apocalíptica. En eso tienes razón, le dije, la bestia está herida y agonizante. Por esa razón es más peligrosa y asesina, replicó con una voz abatida, entretanto me contemplaba con su dulce melancolía.

La bestia ha cobrado la vida de 13 líderes colombianos desde que el gobierno y las FARC firmaron un acuerdo de paz el pasado 26 de agosto en La Habana. Los muertos son gente que nunca apareció en los grandes medios, salvo el día en que las mataron, y sus muertes no suscitaron mucho ruido excepto el que hicieron sus deudos y las organizaciones a las que pertenecían. No eran dirigentes con antepasados señoriales pero sus liderazgos eran igual, o quizá más legítimos, que los conseguidos mediante artimañas o demagogia. La bestia es astuta y aprendió que matando por abajo no se hace mucho ruido, pero se consiguen los mismos resultados: descarrilar los acuerdos de paz.

Ella apoya los brazos sobre la baranda del balcón y su cabellera, zarandeada por el mistral, se agita como un torbellino. Un acuerdo de paz -su voz colisiona contra el viento- puede llevar al cielo o al infierno. Entonces mi fijé en ella como tratando de recordar el nombre de la mujer que alguna vez escribió o dijo que «el mal más grande del mundo es el cometido por los anónimos». Hasta el momento, los 13 líderes asesinados, lo fueron por manos anónimas. La Fiscalía, en vez de proponer el reinicio de las fumigaciones a los cultivos ilícitos o echar lata en los micrófonos, debería destinar a una parte de su nómina para que esclarezcan, cuanto antes mejor, los móviles y autores de los asesinatos de los 13 líderes.

¿Qué es el Estado sino hay posibilidad de actuar? se interrogaba un personaje secundario en una película sobre el ejercicio del poder o quizá fue una pregunta que hizo un alumno a su profesor de Derecho Constitucional. Las FARC están cumpliendo rigurosamente la parte que les corresponde en el guión de La Habana. El Estado debe cumplir con el suyo. Es al Estado a quien le atañe la protección de los excombatientes y de las comunidades que en la geografía del conflicto guardaron una interface con las FARC.

La campaña del No está derrotada. El expresidente Álvaro Uribe fue el creador de un partido llamado Centro Democrático y será también su sepulturero y corre el riesgo, además, de que sus espadas lo dejen al garete cuando se encuentren al borde del precipicio, puesto que la mayoría de los políticos colombianos llevan el oportunismo en sus células. Al expresidente Andrés Pastrana, como sucede con el coronel de García Márquez, no tiene a nadie que le escriba y calcula que una foto con Timochenko puede tener los efectos que tuvo la que se hizo con «Tirofijo». Es una pena que Uribe y Pastrana no hayan tenido la mirada y la estatura que, los manuales de ciencia política, reclaman a los estadistas.

Así las cosas, no es de extrañar que la distorsionada campaña del No, así no lo quieran sus promotores, inspire a otra clase de gente. Gente que no sabe contenerse. Gente con rabia. Gente sectaria. Gente con armas. Gente que le dijo a Leonard Rentería, el chico de Buenaventura, que era hombre muerto. Gente que encarna a esa bestia que se resiste. Colombia está en el momento crítico del posacuerdo y todas las instituciones del Estado deben actuar contra los asesinos de los líderes sociales a riesgo de que una deriva criminal, como en el pasado, aborte lo conseguido en los cuatro años de negociaciones en La Habana. Las FARC están cumpliendo. El pueblo colombiano cumplirá el 2 de octubre con un rotundo Sí a los acuerdos de paz. El gobierno de cumplir su parte en razón a que ha realizado una apuesta muy alta, y si no actúa pronto, la perderá.

Anoche tuve un sueño, me dice ella. Qué soñaste, le pregunto. Ella me cuenta que soñó que estaba en un hotel donde apuñaleaban a alguien y escuchaba voces siniestras, entonces salió corriendo hacia la puerta buscando la salida y fue cuando el portero de la noche le dijo: «relájate, estamos programados para recibir, puede salir en el momento que quiera, pero nunca podrá irse». Escalofriante sueño, comenté. El mistral empezaba a ceder y desde un ático salía una canción: Hotel California.

* Escritor y analista político - En twitter: @Yezid_Ar_D - Blog: https://yezidarteta.wordpress.com/author/yezidarteta/

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