Lunes, 5 de diciembre de 2016

| 2016/06/15 10:36

El comunista mejor valorado

En los tiempos que corren la izquierda colombiana está desconectada y la mayoría de sus líderes siguen haciendo las mismas cosas.

Yezid Arteta Dávila

A la sala del tribunal no le cabía un alma. El magistrado, el fiscal y el público esperaban con impaciencia la llegada del reo. El ordenanza hizo sonar la campanilla y por la puerta apareció un hombre negro y alto luciendo un vestido de piel de leopardo. Era Nelson Mandela. La multitud, enardecida, se puso de pie y con el puño en alto empezó a arengar y corear su nombre en lengua Xhosa

Mandela no quiso comparecer ante el tribunal con traje y corbata y eligió un vestido tradicional. «Llevaba literalmente a mis espaldas la historia, la cultura y la herencia de mi pueblo», escribiría años después en su libro autobiográfico El largo camino hacia la libertad. En casos como éstos la palabra clave no es «comunicación» sino «conexión». La conexión de los líderes políticos con la gente. En los tiempos que corren la izquierda colombiana está desconectada y la mayoría de sus líderes siguen haciendo las mismas cosas. Para «conectar» o «reconectar» es necesario cambiar cosas: algunas caras, por ejemplo.

Alberto Garzón, un chico comunista con apenas 30 años, es el político español mejor valorado por la ciudadanía: 4,81. Pablo Iglesias de la agrupación Podemos sacó una nota de 3,41 y el jefe de gobierno, Mariano Rajoy, 3,09. Alberto Garzón no sólo tiene buena pinta –como dice una amiga– sino también una serie de cualidades que van más allá del típico comunista de puño, camiseta, reunión y comunicado. Pero no hay duda que es comunista. Soy comunista, escribe en su blog y lo subraya en los platós de radio y televisión. 

En este siglo, en el que no existe un solo Estado con una economía absolutamente estatista y burocrática como terminó siendo la soviética, el vocablo comunista viene adquiriendo un significado distinto al que tuvo en la centuria pasada. Significa, entre otras, una manera solidaria de ser o de vivir en oposición al neoliberalismo homicida. En algunos ambientes urbanos, modernos y vanguardistas la estética comunista llega a las pasarelas y la moda, como es el caso de la firma Kaláshnikov que además de fabricar el célebre AK-47 –emblema de las luchas anticoloniales y revoluciones populares– vende además ropa deportiva y otros accesorios de marca. No se trata de rendir culto al esteticismo pero hay tenerlo en cuenta incluso para popularizar a Marx.

Alberto Garzón no es el resultado de una operación de marketing o la imposición de unos tipos que se hacen llamar  «buró político». Se equivocan en Colombia, quienes creen que desde una mera plataforma de Internet y unos cuantos escraches callejeros se puede crear un proyecto de izquierda como el que galopa por las tierras de España. Antes hubo un 15-M y unos activistas que llegaron a la conclusión de que para consolidar algo nuevo había que hacer cosas nuevas. En Colombia hubo una MANE y un Paro Agrario pero los activistas no cambiaron sus paleolíticas formas políticas. En España hubo «conexión» y en Colombia «desconexión». España: la rabia de la gente «conectada» a la sonrisa de los activistas. Colombia: la rabia de la gente juntada con la rabia de los activistas llevó a la «desconexión».

Los comunistas, en los albores del siglo veinte, revolucionaron el mundo de la publicidad mediante la AgiPró (Agitación y Propaganda). Así hicieron la Revolución de Octubre, vencieron al Nazismo en Europa, derrotaron el Apartheid en Sudáfrica, liberaron a Vietnam y ganaron todas las guerras anticoloniales. Palabra y cartelismo directo al corazón de la gente. Con el tiempo el aburrimiento le ganó a la genialidad. La gracia de los españoles de Unidos Podemos está en las formas en que pudieron «reconectar» y «conectar» con la gente y en hacerles ver a los resignados dirigentes de toda la vida que su tiempo se había acabado y era hora de reinventarse o abrirle paso a una generación que piensa y actúa rapidísimo.

El programa de la formación de izquierda, Podemos, se volvió trendig topic por la novedosa e ingeniosa manera como lo presentaron: un catálogo de rebajas al estilo Ikea. El programa-catálogo fue puesto a la venta y en unas cuantas horas se agotó. Es el único caso en el que los eventuales electores pagan por leer el programa de un partido político. Con el catálogo de rebajas consiguieron dos cosas: entraron a los hogares compuestos por familias corrientes y que los medios y los voceros de los otros partidos no tuvieran más remedio que referirse al programa por curiosidad o para ridiculizarlo. Los adversarios hablan de ellos y no lo contrario. Objetivo cumplido.

Lo que está pasando en la izquierda española merece una mirada de parte de su par colombiana. No para copiar sino para aprender, entre otras porque una parte del aprendizaje de Podemos viene de las experiencia transformadora de Latinoamericana. El vuelco sucedido en Izquierda Unida y la aparición como número uno de un chico como Alberto Garzón son, por otra parte, hechos que deberían llamar la atención de aquellos miembros de la izquierda criolla que de tanto mirarse en el espejo no alcanzan a percibir lo mucho que han envejecido. No se trata de insinuar una lucha entre viejos y nuevos sino entre lo obsoleto y lo moderno.

       
En twitter: @Yezid_Ar_D

Blog: https://yezidarteta.wordpress.com/author/yezidarteta/

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