Opinión

  • | 2016/04/20 09:22

    La nueva derecha

    No se duerman, mis queridos amigos de la izquierda, porque les roban la cartera

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Imágenes como las de aviones de combate sobrevolando rasantes sobre la sede de un gobierno, tal como sucedió en Santiago de Chile en 1973 o aquellas en las que se observa a un carro de combate forzando la puerta principal del Palacio de Justicia de Colombia, puede que no se vuelvan a repetir en Latinoamérica. No son necesarias. Un gobierno, legítimo y constitucional, puede ser derrocado mediante una calculada telenovela política.

Estuvo a punto de suceder con Gustavo Petro cuando ejercía la alcaldía de Bogotá.  Está sucediendo por estos días en Brasil. Dilma Roussef, una mujer elegida por 54.5 millones de electores, puede salir del Palacio de Planalto por la decisión de un parlamento en el que, según Transparencia Brasil, el 60% de sus miembros están incriminados por delitos como cohecho, fraude electoral, deforestación ilegal, secuestro, compra ilegal de etanol, tortura y homicidio, entre otros. Un poco más de 350 congresistas se cagan sobre el voto de millones. «Gente que enfrenta cargos graves -se pregunta el New York Times- cómo puede liderar la destitución de una presidenta que no es acusada de enriquecimiento personal».

Un amigo brasileño que fue jornalero en las haciendas ganaderas de su país y ahora se gana la vida como albañil en los pueblos de Cataluña me contó lo siguiente: «En mi país, cuando los vaqueros tienen que cruzar un rio con un lote de ganado, acostumbran a echar por delante al ternero más flaco y enfermo para que lo devoren las pirañas y facilitar así el paso, sano y salvo, del resto». Nada más ilustrativo para entender lo que está pasando en Brasil y, por qué no, las cosas que también pasan en un país como Colombia.

Dilma es la ternera elegida para ser sacrificada y de esta manera distraer la atención del público sobre la más grande operación judicial contra la corrupción en la historia de Brasil. La operación involucra, desde los tiempos del presidente Fernando Henrique Cardoso, a miembros de los partidos que apoyan al gobierno y la oposición, además de empresarios como Marcelo Odebrecht -condenado a 19 años por asociación criminal- quien era presidente de la constructora Odebrecht que lleva más de 20 años en Colombia ganándose jugosas licitaciones de obras públicas, entre ellas la recuperación de la navegabilidad del rio Madalena que tiene un costo de 2,5 billones de pesos.

Sería interesante ver al Procurador Alejandro Ordoñez escarbando en los contratos que Odebrecht tiene con el Estado colombiano a fin de que los colombianos sepan qué cosas buenas o malas se hacen con sus impuestos. Odebrecht ganó también el contrato sobre la llamada Ruta del Sol Sector 2, entre Puerto Salgar y San Roque, por valor de 3.5 billones de pesos. ¿Hubo comisiones para adjudicar dichos contratos? No lo sé. Creo que la Procuraduría puede averiguarlo o quizá no porque el señor Ordoñez está más interesado en proteger a ciertos empresarios del agro que temen que las autoridades escudriñen las maneras cómo adquirieron sus tierras.

La soledad de Dilma no exculpa a los miembros de su partido (Partido de los Trabajadores) que se corrompieron, así como no se puede exculpar a los dirigentes del Polo Democrático en Colombia que reaccionaron demasiado tarde ante las contaminadas prácticas políticas de los hermanos Moreno Rojas. La izquierda brasileña paga por sus errores, así como la izquierda en Bogotá pagó por los suyos.

Así como se habla de una «nueva izquierda» que no tenga reparos a la hora de mostrar con el dedo las partes podridas de su propio organismo, también hay que hablar de una «nueva derecha» que se perfila en el horizonte y que tiene sus «youtubers» y admite entre los suyos a gente que viste alternativamente, fuma yerba, y -lo más relevante- que ocupa calles. No se duerman, mis queridos amigos de la izquierda, porque les roban la cartera.

En twitter: @Yezid_Ar_D

Blog: https://yezidarteta.wordpress.com/author/yezidarteta/                 

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