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Opinión

  • | 2016/04/05 09:31

    Cosa de ricos

    Es probable que las señoras y los señores de las sombras salgan de las cañerías alzados en hombros.

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Nos han dicho que son la «gente de bien». Nos han dicho que son «patriotas». Nos han dicho que «aman a Colombia». Hoy sabemos, gracias al diario bávaro Süddeutsche Zeitung y el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), que en realidad son unos pícaros y que la única patria que aman es su puñetero dinero. No sabemos si sus fortunas son lícitas o no. Lo que sí sabemos ahora es que no pagan impuestos porque el dinero que han extraído de Colombia lo han puesto en paraísos fiscales a través de opacas sociedades «offshore».

El sistema tributario colombiano está diseñado para que paguen impuestos a rajatabla los pequeños empresarios de la ciudad y el campo, comerciantes, empleados, profesionales, trabajadores y todo aquel que tenga una cuenta bancaria abierta. Esta masa de contribuyentes es la que sostiene toda la carga del Estado y con sus impuestos es que se ejecutan las políticas públicas y se sostiene a la burocracia estatal e incluso a los funcionarios corruptos e incompetentes.

El problema de Colombia no son las marchas y las contramarchas. El problema de Colombia son los 2500 o 3000 personajes ligados a la política, el empresariado, la gran propiedad terrateniente y la contratación pública que tienen al país agarrado de un puño y hacen con él y su gente lo que les viene en gana. Mientras millones de colombianos luchan para llevar un bocado de comida a la casa, reunir dinero para pagar prestamos, hipotecas o impuestos, un grupo de tiburones contratan a carísimos bufetes para ocultar sus fortunas y minimizar el pago de impuestos sobre rentas que han ganado en el país de manera licita, opaca o ilícita.

A principios de mayo el ICIJ revelará la información completa sobre las personas que en todo el planeta están detrás de miles de sociedades «offshore». Si es que aún queda algo de periodismo investigativo en Colombia, se conocerán todos los nombres de las más de 850 personas de carne y hueso que están detrás de estas sociedades de fachada. Los medios están moralmente obligados a correr la cortina a fin de que la ciudadanía actúe y tome decisiones alrededor de estos personajes.

Puede que legalmente no exista delito, pero moralmente es inaceptable que varias de las familias políticas implicadas en estas prácticas sigan cortando el bacalao mientras millones de colombianos pagan impuestos y otros tantos millones vagabundean por las calles con los bolsillos vacíos. Sin embargo, la Procuraduría -si es que alguna vez decide mirar hacia otro lado-, Fiscalía y Hacienda si pueden investigar los orígenes de esos dineros escondidos en el exterior, porque puede que parte de éstos provengan de actividades ilícitas y de hombres y mujeres que viven en las sombras. Evadir impuestos es cosa de ricos.

Puede que me equivoque, pero creo que en los próximos días caerá el gobierno de Islandia por esta inmoralidad. Colombia, en cambio, es un país de mero ruido y postureo y probablemente no pase nada cuando se conozcan los nombres que traen «Los Papeles de Panamá». Es probable -como acaba de suceder con el Ministro de Hacienda involucrado en la vergonzante venta de Isagen- que los señores y las señoras de las sombras salgan de las cañerías alzados en hombros y convoquen a los millones que pagan religiosamente sus impuestos a marchar y contramarchar en «defensa de la patria herida».

En twitter: @Yezid_Ar_D

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