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Opinión

  • | 2006/03/31 00:00

    Yo Aborto, Tú no Abortas (Francy Cifuentes Gutiérrez)

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La vigilia en Colombia, en memoria de las mujeres que han fallecido a causa de abortos inseguros evoca el recuerdo de madres, hijas y hermanas desaparecidas. Inmoladas por una legislación sin perspectiva de género y empeñada en encubrir la violencia contra las mujeres. Vivieron hasta el minuto en el que como personas libres decidieron. Por supuesto, decidir sobre mi cuerpo femenino es en virtud de la ley, imposible.

Señalado, juzgado, intervenido por la tiranía de los estereotipos y patrones androcéntricos que no dan lugar a términos medios. Mi libertad de por sí menoscabada, depende también de cuanto sé y cuanto tengo. Siempre, mi cuerpo es el botín de guerra. Desde que se castiga mi decisión de interrumpir mi embarazo hasta el instante en el que me llaman imputada.

Polarizar el asunto con un planteamiento de dos extremos “estar de acuerdo o no con el aborto”es tergiversar el propósito de la despenalización. El aborto es un derecho, no una obligación. Yo aborto, tú no abortas encarna la posibilidad de un libre albedrío respetado por los estados junto con sus habitantes. Despenalizarlo significa no pagar con nuestros bienes más preciados, la vida y la libertad, por una decisión que nos corresponde por naturaleza, sobre un producto generado también por un aporte masculino cuyo propietario emerge ileso de la situación en cualquier sentido.

Reproducirme, obedece a una elección personal. Del número de hijos que engendre dependerá mi calidad de vida y la de mis descendientes. Por éste simple ejercicio de sentido común, seré madre única y exclusivamente cuando así lo determine. Mis hijas e hijos deseados posiblemente construirán mejores sociedades.

Al final, pienso que si a los hombres les correspondiera biológicamente embarazarse, otro rumbo tomaría las políticas de salud reproductiva y sexual. Claro, hablar en tercera persona es muy fácil. Pero, la clandestinidad no solamente ocurre en los pronombres personales, también se oculta en la cotidianidad de cada mujer que arriesga su vida para ejercer un derecho que hasta ahora le ha sido negado.

En lo que no podrán inmiscuirse es en lo que creo. Mi cuerpo y todo lo que comprende, es mío. Sólo mío.
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