Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/03/04 00:00

Yo por usted no voto

La mujer que más me convence de todas las que se presentan al Senado, está en la lista de Peñalosa y se llama Catalina Ortiz. No la conoce nadie, pero es honesta y trabajadora

Yo por usted no voto

Más que decir cómo hay que votar el otro domingo (me parece muy desagradable dar consejos electorales), voy a explicar por quiénes, intuitiva y racionalmente, no votaría jamás. Me parece un ejercicio de higiene mental, antes de decir por quién sí voy a votar. Ante todo, no votaría nunca por un candidato que salga en la publicidad con la manita en el pecho, imitando al Presidente y como quien canta el Himno Nacional. Nunca les he creído ni una palabra a esos que afirman, muy serios, que algo lo dicen "con la mano en el corazón". De inmediato sospecho que me están mintiendo, y al cabo de un tiempo lo he podido comprobar: son tan tramposos como mentirosos.

No voy a votar tampoco por las 'listas basura' a donde fueron a dar los expulsados por su tenebroso fervor paramilitar. "Purgas que terminan en rotaciones dentro del uribismo", como bien lo explicó Claudia López en El Tiempo. Lo que han hecho, si no fuera tan asustador, sería ridículo: estaban con el primo del Presidente, y acaban de cristianos; eran conservadores (como el micifuz de la 'Gata') y terminan en una lista dizque liberal; se decían limpios, y acaban ayudando con el juego turbio del Moreno que recibe escorias, o del pastor cristiano que los declara inocentes.

Hay un nutrido grupo de tránsfugas (la palabra popular es "voltearepas") por los que tampoco voy a votar. Las volteretas son tan vergonzosas en nuestra democracia imperfecta, que en los últimos tiempos el 40 por ciento de los representantes ha cambiado de partido. Averigüen antes de votar. Un ejemplo: los del equipo de Luis Alfredo Ramos, de origen claramente conservador, manzanillos y caciques de un pueblo triste que ellos volvieron feo, Bello, ahora juegan con liberales de la Costa.

No puedo votar por Antonio Navarro, que un día amanece diciendo que renuncia, y a los tres días resucita para decir que mejor no va a renunciar. Ni por Germán Vargas Lleras, que antes decía apoyar el aborto, y ahora resulta que su Cambio Radical es un apego radical a las iniquidades contra la mujer. Si yo fuera un católico recalcitrante que quiere votar por un antiabortista puro, y no por un oportunista del último minuto, votaría por Pacho Noguera, un godo íntegro que no acepta ni el condón. No puedo votar por Serpa, que le aceptó una embajada a Uribe, aunque me temo que barrerá con todos los demás de la consulta liberal. Ante ese fracaso de la consulta roja, creo que los liberales deberían buscar una alianza a la izquierda, y ya.

Ahora digo por quiénes podría votar. Fuera del partido que fuera, derechista, uribista, liberal o conservador, de izquierda moderada o radical, así sea tan sólo por protestar por la discriminación sexual imperante, yo votaría, para Senado y Cámara, por una mujer. En cada grupo hay mujeres serias: por exigencia de Gina Parody el Partido de la U se deshizo de las peores lacras paracas (aunque quedaron manchas): esa valentía merece respeto. Piedad Córdoba es exagerada, y hace muchos escándalos inútiles, pero es tenaz en sus proyectos (no los comparto todos) y merecería volver al Senado por el Partido Liberal. Otra mujer liberal, y costeña, Cecilia López, tiene a sus espaldas una carrera digna. Clara López Obregón merece también el voto, en la Cámara por el Polo. Y en cada región habría que buscar, así fuera con lupa, alguna mujer como representante, a ver si algún día los partidos aprenden a darles a ellas una mayor. En vista de que son una minoría ínfima en casi todas las listas, creo que llegó la hora de imponer por ley una cuota parlamentaria mínima para la mujer. Es el mayor defecto de la lista de Mockus, compuesta integralmente de personas muy valiosas, pero varones, nueve de diez.

Ya dije por quiénes podría votar. Pero como uno tiene un solo voto efectivo, ahora diré por quiénes voy, efectivamente, a votar. La mujer que más me convence de todas las que se presentan al Senado, está en la lista de Peñalosa y se llama Catalina Ortiz. No la conoce casi nadie, y su jefe es ambiguo pues un día parece uribista y el otro no, un día proaborto y el otro no. Pero respondo por esa valluna: ha hecho un trabajo serio y desprendido en fundaciones, y es honesta y trabajadora como la que más. Ahora, si la conciencia no les permite votar por alguien de una lista que apoya a Uribe, entonces Jorge Enrique Robledo fue el senador estrella de la izquierda y así exagere con el infierno del TLC (la futurología económica es una ciencia oculta), una figura como él es indispensable para hacernos pensar.

En la consulta del Polo, mi voto es como un axioma, y lo digo con toda la intuición y toda la razón: Carlos Gaviria es el mejor candidato que ha tenido la izquierda en toda la historia de Colombia. Nunca fue guerrillero, es liberal en el sentido primigenio de la palabra, es íntegro, está contra toda violencia, es pulcro, culto, inteligente. ¿Qué más quieren? Muchos aliados de su alumno Uribe lo detestan, y eso es buen síntoma porque quiere decir que le temen. Representa la opción más clara de un país distinto, esa Colombia que quizá todavía no nos merecemos -por la ignorancia ambiente- pero a la que tenemos que aspirar.

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