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Opinión

  • | 2012/07/07 00:00

    Yoga para bajar la fritanga

    ¿No mide eso nuestro ADN? ¿puede salir adelante un país que tiene un traqueto al que le dicen 'fritanga'? ¿cómo podía ser esa fiesta?

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Decidí raparme cuando vi que Uribe llamaba sicarios a los periodistas. Quería parecerme al Tuso Sierra, el amigo de sus exministros; al menos a Bruce Willis, el protagonista de Duro de matar; siquiera a Ómar Pérez, el goleador santafereño. Pero a la salida de la peluquería descubrí que había quedado idéntico al fiscal Montealegre, rechoncho y pelado, e involuntariamente acabé actuando como él: acusé a Sigifredo López de autosecuestro, elogié la reforma a la Justicia y visité a los senadores conservadores para tranquilizarlos. Era lamentable.

Rapado y regordete, como quedé, y con la angustiosa necesidad de dejar de parecerme al fiscal (que, dicho sea de paso, es el doble de Jota Mario Valencia) opté entonces por aprovechar mi aspecto de hombre calvo y encontrar una actividad que lo dignificara. Fue así como llegué al yoga: a los yoguis la calvicie les otorga un envidiable aire trascendental.

Me puse, pues, unos pantalones bombachos; me quité la camisa, como suele hacerlo Tomás Uribe, y tomé mis primeras clases. Y el yoga se convirtió en mi bálsamo.

La verdad es que el país me tenía con los nervios de punta: el expresidente Pastrana se toma fotos con alias Popeye; los científicos descubren que la partícula de Dios no es Álvaro Uribe. Y un mafioso a quien le dicen Fritanga -que, según un certificado de defunción, ya estaba frito- organiza una discreta fiesta que dura siete días y a la que asisten músicos y actrices que piensan que los policías hacen parte del show: un teniente tiene que desconectar el equipo para que dejen de bailar. ¿No mide eso nuestro ADN? ¿Puede salir adelante un país que tenga un traqueto al que le dicen 'Fritanga'? ¿Cómo podía ser esa fiesta? ¿Las modelos 'arepeaban'? ¿A cada invitado le daban su mordida? ¿Silvestre Dangond le tocaba las papas criollas a Fritanga y luego le daba sus aguinaldos?

Pensar en Fritanga, como es obvio, me hizo recordar a Angelino, y entonces casi colapso de la angustia. Porque capté que si Santos se sigue desvaneciendo y Angelino no se mejora, la Constitución señala que el senador Corzo debe asumir la Presidencia; y si él está en la China, es Simón Gaviria el llamado a cruzarse la banda.

Lo imaginaba y se me aceleraba el pulso. Si Corzo queda de presidente, nombraría a Merlano de ministro de Transporte y otorgaría inmunidad a los congresistas que tengan vínculos "con la izquierda y otros delitos", como él mismo dijo. Y si quedamos en manos de Simón, igualaríamos el lamentable nivel de México, que acaba de elegir a un yuppie que tampoco lee y al que también le peinan el mechón a lambetazos.

Para mi fortuna, con el yoga hallé la calma. Enfundado en la trusa, aprendí a conectarme conmigo mismo: respiré como Juan Lozano; abracé árboles en el parque El Virrey; leí libros que me ayudaban a trascender: libros como Juan Salvador Gaviria, libros como Simón Gaviota. Sembré de Mayúsculas arbitrarias cada uno de mis Escritos. Y abrí los poros para recibir al Universo, como hace Valencia Cossio.

Cada clase era un hallazgo: extendía la esterilla y adoptaba casi tantas posiciones como Roy en su carrera política: hacía el 'saludo al sol'; me rascaba las 'chakras'; me sentaba en flor de Corzo. Meditaba hasta sumergirme en un estado de Conciencia que me permitió comprender las lecciones espirituales que nos lega el líder criollo: la importancia del desapego, por ejemplo: el de Santos frente a su propia reforma; el de Uribe frente a la Constitución. La importancia de no juzgar, en especial si uno integra la Comisión de Acusaciones. La necesidad de Ser en el Otro, como lo intentó Juan Carlos Martínez con Francisned, su candidato a la Gobernación del Valle: ¿cómo puede llamarse alguien Francisned? ¿Es un hombre? ¿Una mujer? ¿Es una empresa?

Comencé a creer en la reencarnación, en morir para reencarnar en un ser superior: en José David Name, por ejemplo, que desnudo es Buda. Y aprendí a aceptar el Destino: si Corzo o Simón terminan de presidentes es porque así lo quiere el Cosmos. En especial el de la 100, que es un gran hotel.

Recibí la realidad con sosiego: me importó un 'chorizo' la fiesta de Fritanga y me pareció normal que estuviera 'rellena' de actrices. Me fijé en lo positivo: que Fritanga haya gritado "seré su amigo for ever" antes de ser extraditado significa que el traqueto criollo ahora es culto y bilingüe. Y compadecí a la novia, a quien Fritanga tenía viviendo como una princesa: ya le había comprado el Palacio del Colesterol.

También visualicé a Corzo de presidente y lo acepté: ojalá tanquee las locomotoras que dejó Santos con una gasolina tan refinada como él. Y acogí a Simón en lo más hondo de mi Ser: al menos ha hecho cosas por la cultura, como inspirar un personaje de Rafael Pombo.

En el máximo momento de mi evolución me vi en el espejo y noté que el pelo me había crecido. Y todo cambió: me sentía ridículo haciendo yoga. Y entonces no pude más. Le vendí mi esterilla a Tomás Uribe y, de regreso a mi ser Occidental, oré para que Fritanga se indigeste; para que Santos espabile; para que Angelino se mejore. Y para que el fiscal general se compre una peluca y nadie pueda decir que le falta pelo para el moño. Y que es idéntico a Jota Mario.
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