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Opinión

  • | 2015/01/20 13:00

    Zuluaga en la Fiscalía

    El llamado a interrogatorio al excandidato presidencial sacude la agenda informativa del país. ¿Qué sigue?

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El solo anuncio provocó una tempestad política de consecuencias imprevisibles. El fiscal general de la Nación, Eduardo Montealegre, confirmó en la mañana de este martes una información de la que Semana.com había dado sólidos indicios: el llamado a interrogatorio del excandidato presidencial por el Centro Democrático (CD) Óscar Iván Zuluaga. Frente al ente acusador estará el ganador de la primera vuelta en las elecciones y jefe natural de la oposición política en el país.
 
El impacto para Zuluaga es más doloroso porque previamente deben presentarse su exasesor espiritual y amigo personal Luis Alfonso Hoyos y, por si fuera poco, su hijo David. Hay un hecho que ilustra la dimensión de este suceso: cuando terminaron las elecciones íntimamente se supo que la familia del candidato quedó devastada. “No sólo fue la derrota en las urnas sino todo este episodio del ‘hacker’ lo que realmente los destrozó. Cuando él pensó en lanzarse, les advertimos que la campaña iba a ser durísima, pero ninguno en el Centro Democrático se imaginó que nos iban a dar tan duro”, me comentó una fuente de esta colectividad política.
 
Para los militantes del CD la situación tiene su origen en una persecución política orquestada desde la Casa de Nariño con la todopoderosa Fiscalía. Según esta teoría, alegan incluso que Zuluaga y Hoyos han obrado siempre tan de buena fe, que si de algo han pecado es de ingenuos, pues ni siquiera olfatearon que el hacker Andrés Sepúlveda era un mercader de la información que los utilizó para sacar provecho económico.
 
La estrategia de su defensa pasa por subrayar que el hacker Sepúlveda trabajó previamente con la campaña de Santos y que de allí salió directamente al grupo de comunicaciones de Zuluaga con la misión específica de tenderle una trampa en la que cayó, como se aprecia en el video que en su momento reveló este portal, video que a propósito dijeron que había sido manipulado y editado, al extremo de dudar que Zuluaga fuera quién apareciera en las imágenes.
 
Otra cosa bien distinta cree Montealegre. Dice, por ejemplo, que el interrogatorio a Zuluaga es para “garantizarle su derecho a la defensa” y una magnífica oportunidad para que explique sus “actuaciones dentro del caso del hacker”.
 
Se trata, dice el fiscal, de “determinar si miembros de la campaña de Zuluaga tenían conocimiento de las actividades ilícitas del hacker Sepúlveda”. De entrada, habla de un delito que tuvo origen desde una oficina y por una persona que en ese momento prestaba sus servicios a la campaña del uribismo.
 
Esto es de extrema gravedad. Algunos analistas han interpretado que el llamado a Zuluaga es un formalismo más. Es posible. El interrogatorio en el nuevo esquema judicial equivale a la indagatoria de antes. Palabras más, palabras menos, se le brinda la oportunidad a una persona para que demuestre su inocencia ante una serie de elementos que lo involucran. Lo que pasa es que en el caso del hacker el señalamiento es terrible: haber buscado interceptar ilícitamente las comunicaciones de los negociadores del gobierno nacional en el proceso de paz para perjudicar las conversaciones.
 
Zuluaga ya conoce las preguntas, que básicamente son las mismas que le hicimos los periodistas cuando estalló el escándalo: ¿Es usted quien aparece el video con el hacker? ¿Usted sabía de las actividades al margen de la ley que desempeñaba el señor Sepúlveda? ¿Cuántas veces se reunió con él? ¿Por cuánto tiempo? ¿Para qué? ¿Cuál era el trabajo real que hacía el hacker?
 
En el uribismo sostienen que en la conversación contenida en el famoso video se dicen “puras bobadas”; Zuluaga afirma que no recuerda con precisión cuánto tiempo estuvo con él, añade que llegó exhausto después de una asfixiante jornada propia de la campaña y que es una persona diáfana que nunca ha cometido nada en contra de la ley. Eso es muy posible. Lo que pasa es que ya no tendrá que convencer a una opinión pública que escucha lo que quiere oír, sino que estará frente a un fiscal que podría decirle que como no encontró nada irregular, puede irse para su casa o que, por el contrario, decide llevar sus respuestas ante un juez para imputarle uno o varios cargos.
 
Por eso la noticia tuvo un impacto sonoro cuyo eco gravitará en el ambiente político en un año en el que hay elecciones a alcaldías y gobernaciones y se puede firmar el proceso de paz con las FARC. Asuntos en los que la voz de Zuluaga debe ser escuchada, pues no se trata de un individuo más, sino de una corriente ideológica que respaldó el 45 % de los electores.
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