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| 4/3/2012 5:10:46 AM

Al Assad,al asador

Al Assad, al asador.

 Bashar Al-Assad es uno de los  presidentes   que persisten aferrados al poder y para eso, como todos los de la ralea genocida, echan mano a recursos punitivos del estado  para sofocar incendios de rebeldía ciudadana a punta impactos  de armas de fuego, los que indiscriminadamente de la masa que marcha soliviantada, finiquitan las  vidas de compatriotas que exigen su inminente salida del gobierno.

El doctor Bashar Al Assad, estudio  y se graduó en la especialidad Médica que literalmente es para  de ver la paja en el ojo ajeno: la Oftalmología,  y como la mayoría de los  profesionales, no puede curarse de las “vigas” que tiene en sus globos oculares, siendo la  peor  el apego indigno al poder que abusivamente ostenta y que tiene en sus manos desde el fallecimiento  por un Infarto al miocardio en el año 2000 de su padre, Hafez Al-Assad, quien a su vez ejercía como  presidente de Siria desde el año 1970,  vía golpe de estado.

El doctor Bashar se mantenía  al margen de la política en el Reino Unido entre Pterigios y Glaucomas, entre Miopías y algunas  legañas, pero la partida de  su hermano, el heredero presidencial, que al entregar “accidentalmente” su alma a Alah, lo hace que acepte “obligado”  un ascenso de  Coronel a General del Estado Mayor y Jefe Supremo de las fuerzas Armadas. Posteriormente es nombrado candidato “Único” por el partido “Único” del país,  el socialista Baath,a la presidencia de la republica y fue elegido mediante referéndum el 10 de junio del 2000 y casi sin sudar, se ve elevado a la dignidad Presidencial de Siria.

Y como lo que se hereda no se hurta, el gusanillo dictatorial  se le metamorfoseo al doctor Al Assad, en dragón totalitario luego de algunos años en el poder presidencial y las esperanzas de cambio social quedaron truncas en la ciudadanía, pues sus medidas represivas eran la orden del día y  el pueblo resentido, uniéndose  a la marea libertaria de la Primavera Árabe,
ofrenda su preciosa sangre día a día con la esperanza que en un mañana,  el autócrata se marche del poder.

Pero Bashar sigue ahí, ordenando a su ejército que masacre al pueblo cuando este marcha en medio de carteles y arengas en su contra, ordenando a los francotiradores que hagan practicas en vivo y en directo de su puntería. Y la Liga Arabe, la ONU, y demás organizaciones de Derechos Humanos, siguen “gritando en voz baja” pues los negocios que el país sostiene con Rusia y la China, se verían dañados con un cambio de poder y nadie quiere la furia vengativa de dos países Poderosos.

Sin entrar en disquisiciones político-religiosas-económicas, el problema es  que hay un déspota que masacra a su pueblo y debe irse ya. El Doctor Bashar Al Assad, es un medico que ya no expide recetas para curar los males de sus pacientes, sus únicas órdenes son: disparen.

Y la comunidad internacional con una prudencia exasperante,  pacata por conveniencia, parece que no se escandaliza con la sangría diaria que   le hace al pueblo Sirio su propio presidente.

 

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