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| 5/28/2012 3:11:20 PM

Amor en el alfeizar de la luna

Amor en el alfeizar de la luna

 

Amor se quedó dormido, quizá, en el alfeizar de la luna, y zas, cayó a tierra en picada, una caída libre que sólo logró amortiguar el acolchado cuerpo de un ángel, que viendo el suceso, se apresuró a cubrirlo con sus alas.

De todas maneras amor recibió una sacudida tremenda, tanto que de su cuerpo salieron disparadas chispas de luz, copitos brillantes que saltaron por doquier. Amor estaba compuesto de luz por eso no era fácil verlo. Se confundía con la luz del día, eso, claro está en la tierra, donde llegó, ya se dijo de sopetón, sin haberlo pensado.

Hemos de advertir que cada copito de luz, conserva las mismas propiedades de Amor. Son como las gotas de agua que conservan las características del agua del mar o de los ríos o de la lluvia o de la del grifo, simplemente.  Un copito de luz es igual a Amor, pero pequeñito.

Por eso fue  que los copitos de luz, una vez en la tierra, les dio por andar solos. Abrase visto, pero eran así, traviesos, como Amor. Los copitos rodaron y rodaron y de repente tropezaron con algo que luego supieron que era una casa.

Una casita que se levantaba en el borde de una colina. Era humilde, carecía de casi todo. Y a diferencia de otras que se veían desde lejos, no tenía luz artificial. Eléctrica, supieron los copitos, que le llamaba, esa otra luz que ellos desconocían.

Curiosos como niños, se detuvieron a observar por los postigos de la ventana. En su interior vivía una niña, Magnolia, supieron que se llamaba, lo leyeron en el fondo de su corazón. Furtivos como celajes, se fundieron con la luz de la vela que la iluminaba. Y le hablaron.

A Magnolia no le extrañó que algunas voces sonaran dentro de su corazón. Murmullos como el roce de las alas de los ángeles, de eso le hablaba su mamá cuando llegaba de la ciudad a donde iba todos los días a trabajar.

Su madre vendía hierbas benditas en la plaza de mercado. La plaza quedaba en la planicie, al borde de la ciudad. La madre bajaba la colina muy temprano y luego de la venta regresaba al hogar. Recogía las hierbas con la aurora, al despuntar el alba para que el sol no las maltratara. Luego las bendecía para que fueran útiles a quienes las necesitaran. Ascendía la colina con el sol a las espaldas. Magnolia la esperaba. Magnolia iba a la escuela por la tarde. Y en el atardecer se alumbraban con la luz de la vela. Luego la madre se acostaba temprano, mientras Magnolia se encargaba de los deberes. Copitos de luz, lo entendieron rápidamente y decidieron quedarse allí un tiempo. La casa olía bien.

Poco a poco se fueron familiarizando con Magnolia. La luz de la vela se creció tanto que iluminó toda la casa, como si un bombillo de 1000 bujías estuviera encendido.  Magnolia que tenía el corazón puro de los niños, le preguntó a la vela.

-¿Cómo has podido crecer tanto si eres un simple trozo de vela?

-Somos copitos de luz, trozos de Amor que caímos de sopetón en la tierra.

Magnolia dejó de hacer sus quehaceres y miró la luz detenidamente. Su corazón latía con fuerza y un inmenso gozo la invadió.

-¿Quieren decir que han venido a visitarme? Magnolia se alegró mucho, casi nunca recibían visitas. A veces el pastor de las cabras del otro lado de la colina. Magnolia le regalaba miel. Tenían un panal y Magnolia y su madre sacaban miel, la madre la vendía con las hierbas benditas.

-Si nos dejas podremos acompañarte un  tiempo. Tu casa huele bien. A pan recién horneado.

Magnolia se sorprendió

-No tenemos horno para hacer pan. Pero si tuviéramos pan horneado les daría  pan  con miel. Tenemos un panal.

Copitos de luz se concentraron un momento, necesitaban pensar. Luego dijeron:

-Podemos ayudarte.

-¿Cómo? Preguntó Magnolia, tendríamos que hacer un horno y no tenemos ladrillos, ni leña para calentarlo.

-¡Hummm!   Debemos hacer algo, respondieron. Luego en un abrir y cerrar de ojos, se convirtieron en un haz y salieron a la colina. La luz que es el mismo Amor, ha creado todo lo que existe. Entonces le dijeron a la tierra:

-Tierra hazte ladrillos para hacer un horno para hornear pan. Y, en otro abrir y cerrar de ojos, la tierra se fue agrupando en pequeños bloquecitos rectangulares que se arrumaron unos sobre otros. Entonces copitos de luz le dijeron a las formas:

-Formas formen una cavidad profunda y sellada que parezca un horno para hornear el pan.

Y, las formas curvas envolvieron los rectángulos de tierra y un horno de ladrillo se formó en un abrir y cerrar los ojos.

A Magnolia le gustó el horno para hornear el pan. Pero necesitamos el trigo para la harina con la que haremos el pan y las llamas  para calentar el horno en que hornearemos el pan.

 Copitos de luz soplaron sobre la tierra y las espigas de trigo salieron a relucir, y  como si nada hubiera pasado, recogieron las espigas.

-Hay que trillar el trigo para que salga la harina, dijo Magnolia y los Copitos de luz, girando sobre si mismo, sacaron de las espigas dos bultos de harina.

-Ahora podremos hornear el pan, dijeron al unísono, Copitos de luz.

Y, Magnolia se sonrojó. –No se hacer pan, dijo con los ojos agachados y ensombrecidos.

-No te sonrojes, le dieron Copitos de luz, los conocimientos están en el aire, el viento nos traerá la respuesta.

-¿Señor viento, como podremos hacer pan para hornear en el horno de hacer pan?

 -Es muy sencillo, respondió el viento que andaba por ahí revolcando las hojas y limpiando la tierra. Se necesita la levadura.

-¿Levadura? Preguntaron Copitos de luz.

-Los hongos microscópicos respondieron de inmediato, la levadura nos pertenece, y pronto la fabricaron.

-Hemos comido migas de pan, y sabemos como hacerlo, dijeron las aves. Y como si alguien hubiera impartido una orden todos los elementos se unieron en torno al horno para hornear el pan. El viento  a la chispa y de la chispa al fuego que calentó el horno donde se horneó el pan.  

Antes del alba la madre de Magnolia salió a la colina. El aroma de pan recién horneado la tiraba de la nariz. De la noche a la mañana un horno para hornear el pan estaba frente a ella. Creyó estar soñando porque siempre soñaba con un horno para hornear el pan.

-Si tuviera un horno para hornear el pan no tendría que bajar antes del alba y descuidar a Magnolia. Vendería pan con miel y la gente vendría comprarlo. Decía como una especie de oración cuando subía la colina con el sol azotándole la espalda.

-Son los Copitos de luz, que han venido en nuestra ayuda. Le dijo Magnolia cuando su madre entró corriendo a despertarla.

¡Tenemos un horno para hornear el pan!

La madre guardó silencio. Se sobó los ojos para cerciorarse que estaba despierta. Luego se pellizcó muy duro, pero como le dolió mucho, se dijo. Si estoy despierta y regresó a la colina. Magnolia la siguió.

-Son los Copitos de Luz, ya te lo dije.

 -¿Copitos de luz? Preguntó la madre muy sorprendida.

-¡Sí! Respondió la niña, son los murmullos del roce de las alas de los ángeles de los que tanto me has hablado.     

La madre sonrió y una lágrima asomó a su corazón. Copitos de Luz se arremolinaron dentro de ella y la consolaron.

Ningún ruego se queda sin respuesta. Le Dijeron sin decir. Y Amor escuchó tus peticiones, un horno para hacer pan y vivir de eso.

Y, en la casa de la colina hay ahora un aviso que dice: Se vende pan con miel.

 

 Fin

María Eugenia de Jesús Sánchez

Mariaeugenia_sanchez@hotmail.com

315 512 14 80

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