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| 11/16/2011 9:49:46 PM

AUMENTO DE LA PERCEPCIÓN DE LA EFICACIA DE LA MOVILIZACIÓN SOCIAL.

Las generaciones de estudiantes que vivimos nuestra vida universitaria desde la década de los ochenta, en el siglo pasado (ya cuesta trabajo decirlo), hasta la primera década de esta centuria nunca fuimos capaces de lograr una movilización estudiantil tan organizada y consistente como la que hoy los universitarios han alcanzado. La conciencia social y la movilización política de la juventud colombiana, en las últimas tres décadas, estuvo adormecida por olas culturales que la globalización nos trajo; la primera fue la onda “yuppie”, la de los emprendedores empresariales,  que llegó a su fin con la quiebra de las firmas llamadas “punto com”; para entrar, luego, en un periodo de conformismo, de una percepción de la ineficacia de la protesta social, que se rompió con la recesión económica del 2008. A partir de ahí el panorama social en el planeta cambió. En el primer mundo los ciudadanos encontraron, de repente, que su universo de prosperidad había sido una quimera y que el sueño de riqueza se rompió por la codicia de los poderosos.

 

El catalizador global para mostrar la eficacia de la movilización social lo aportaron los movimientos sociales que derribaron a regímenes corruptos en los países del norte de África y Oriente Medio. Las restricciones a la libertad de información, impuestas por dichos regímenes, fueron quebradas por el poder del tráfico de las comunicaciones en la Web, a través de redes sociales. La movilización social llevó a los resultados antes anotados y generó en los ciudadanos la convicción que se expresa en la consigna de algunas marchas: “El pueblo unido jamás será vencido”.

 

A partir de lo anterior fue Troya. Los jóvenes españoles se lanzaron a las calles y a las plazas; los otrora flemáticos ingleses también se movilizaron y en los EE. UU. las protestas en contra de lo que se  puede llamar el régimen de Wall Street, que llevó al país a una postración económica y a la ruina de miles de familias con un futuro todavía incierto, han cogido fuerza, aunque hasta el momento no hayan alcanzado logros significativos en la política estadunidense. En el sur de América, los estudiantes chilenos se movilizaron alrededor de una reforma educativa que el gobierno de Sebastián Piñera pretendía impulsar y que no fue bien recibida, generó un rechazo tal que se reflejó en que la popularidad del presidente cayó en picado; todavía un clima de acuerdo no se vislumbra y Piñera sigue contra las cuerdas.

 

La globalización nuevamente, a través de sus vasos comunicantes, nos trajo un contagio que se afincó en una coyuntura especial, parecida a la chilena, una reforma educativa que el gobierno quiso impulsar sin contar con los estamentos interesados, calculando únicamente el apoyo político de los partidos de la unidad nacional en el Congreso para lograr su aprobación.

 

Tanto el gobierno como la gran prensa ignoraron inicialmente al movimiento estudiantil. En la agenda gubernamental y en la informativa no se priorizaban las preocupaciones y las intenciones estudiantiles. Este silencio fue atenuado por las redes sociales y los portales digitales independientes (no sé si es redundancia o no); las primeras ayudando a la convocatoria y los segundos sensibilizando a la sociedad; aquí en esta confluencia caló el mensaje: protestamos dentro del régimen por no haber sido escuchados y lo hacemos pacíficamente, protegiendo a la fuerza pública de la violencia de los extremistas. Con esto ganaron la compañía de la sociedad; el establecimiento no pudo criminalizar al movimiento y ante la magnitud de la movilización el gobierno tuvo que ceder retirando el proyecto de reforma educativa que cursaba en el Congreso.

 

De la madurez de los estudiantes,  de la inteligencia con la que logren acuerdos con el gobierno y de la sensatez de sus propuestas para rediseñar el sistema educativo depende que la sociedad civil organizada de un paso para ejercer caminos de la democracia participativa, en la medida que colectivamente se haga conciencia que la democracia representativa plantea un divorcio entre el País Nacional y el País Político y que es más eficaz plantear nuevos canales de expresión con el poder. Una revolución política democrática se puede estar gestando en Colombia.

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