Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 7/23/2012 12:52:37 PM

CAUCA: LAS DOS IMÁGENES QUE SE DEBEN VER.

Unos se conmocionaron con la fotografía de un sargento del ejército colombiano llorando ante el desalojo de su unidad militar, del sector que ocupaban, por parte de los indígenas del Cauca y otros  han hecho otro tanto con las imágenes de angustia de hombres, mujeres y niños indígenas que salen corriendo de sus casas, en medio de las balas, para buscar protección de los intensos combates que se libran entre ejército y guerrilla, a escasos metros de donde se encuentran, como lo mostró Noticias UNO en días pasados. Creo que es necesario compenetrarse con los dos tipos de imagen para entender el conflicto y buscarle una salida.

 

El conflicto no es nuevo. En octubre 27 de 2008, en el segundo mandato de Uribe,  la revista SEMANA presentaba un artículo titulado: “El poder indígena” en donde se podía leer: “20,000 indígenas del Cauca marchando hacia Cali. Indígenas muertos por papas explosivas, un policía mutilado por un artefacto arrojado desde la turba y francotiradores de capuchas y uniforme policial que disparan contra la multitud desarmada han concentrado la atención de la gente, que ha visto como la radicalidad de la protesta va creciendo, tanto como la agresividad de la respuesta estatal”. En otro aparte también se lee: “lo que se está viviendo en el Cauca es una agrisa diputa política que tiene dos componentes: los incumplimientos del gobierno y la acción política de un movimiento indígena cada vez más fuerte…..A esto se suma la infiltración evidente de las Farc en la marcha, para intentar paralizar y provocar a la Fuerza Pública”. Con este antecedente, y a la vista de las circunstancias actuales en el Cauca, se presentan allí tres de las más importantes plagas que afectan al país: narcotráfico, guerrilla y abandono estatal.

 

La imagen del llanto del sargento. Esta situación no ha debido pasar y el error lo pagó un general del Ejército Nacional y no el ministro de Defensa quien ha debido asumir su responsabilidad por dejar expuesta a una unidad militar a la furia de los indígenas. La estrategia política y de despliegue de la Fuerza Pública desde el ministerio no fueron las adecuadas. Desconocer la idiosincrasia y la tenacidad de la comunidad indígena de la zona fue un error sin perdón, pensar que una unidad militar relativamente pequeña no podría ser objeto de un hostigamiento no armado por parte de miles indígenas, que habían anunciado con anticipación su intención de desalojar a los militares, fue una falta de previsión y de conocimiento de las circunstancias que salió costosa. Se ha podido desplegar una unidad del Esmad de la policía  para ofrecerle un anillo de seguridad a la unidad militar del acoso de los civiles, por ejemplo;  pero lo más importante es que el ministerio de Defensa ha debido coordinar con el de Interior el proceso de diálogo con las comunidades para disuadirlas de emprender vías de hecho en contra de los militares, buscando que entendieran que, sí bien se encuentran en sus zonas de resguardo, la Fuerza Pública tiene el pleno derecho de ejercer soberanía sobre cualquier porción del territorio nacional. Definitivamente faltó liderazgo de un ministro que parece no entender la complejidad político-militar de nuestro conflicto.

 

La otra imagen, la de los civiles huyendo por su vida en medio de combates también merece ser entendida y valorada. Podríamos abandonar la pose de un personaje de  las caricaturas de Caballero, en SEMANA,  que desde un cómodo sillón, con un vaso de whisky  en la mano, emite sus opiniones sobre su realidad del país  para tratar de entender  la tragedia de los civiles en las zonas de violencia; sí los colombianos tratáramos de ponernos los zapatos de nuestros compatriotas que son víctimas del conflicto tal vez pudiésemos entender la angustia con la que ellos viven  y su deseo para que el conflicto salga de sus territorio, para así conservar su vida y la de sus familias.

 

El abandono del Estado desnuda la falta del término para completar la ecuación que permita la solución integral al conflicto que padecemos. Las casas de los habitantes de la zona que han sido destruidas por los explosivos de la Farc  llevan meses así, mostrando a un Estado insensible, ausente; lo anterior solo constituye una parte de la muestra de su ausencia, para no hablar de la falta de inversión en infraestructura, en temas de salud y educación que permitan la inclusión de la comunidad en la economía, obviamente respetando sus tradiciones culturales. Y finalmente algo peor, la incomprensión por parte de los agentes del Estado de la idiosincrasia de las comunidades nacionales.

 

Respecto de la presencia el narcotráfico y la lucha estéril contra este, en la edición “on line” de esta casa, un líder indígena dejó entrever una manguala entre la Fuerza Pública allí destacada y un sector del narcotráfico (sospecha de ninguna manera inédita  en el país). Palabras más, palabras menos,  dijo que todos saben por dónde se mueven  los insumos para producir narcóticos y que no se observa la eficacia de la Fuera Pública  para combatir al narcotráfico. Cuando la noticia principal deje de ser la incautación de toneladas marginales de narcóticos, por cantidades grandes que sean, sino el gran volumen que llega al mercado mundial sabremos entender que la vía de la legalización sea la herramienta eficaz para combatir no solo su comercio ilícito sino que también a  los efectos colaterales nocivos que asumen las sociedades victimas de su tráfico. Mientras tanto es evidente que una mayor presión a los narcotraficantes aliviaría a corto plazo la presión sobre la zona.

 

Los que se lamentan de la imagen del sargento en su interior, dentro de su espíritu militarista,  prefieren un enfoque militar para “resolver” el problema; los que nos quedamos con la imagen de las víctimas civiles del conflicto, sin desconocer la gravedad de lo sucedido con los soldados y el irrespeto cometido hacia ellos, abogamos por la no inclusión de los civiles en el conflicto, por la presencia activa del Estado en las zonas de conflicto con el fin de convocar políticas y acciones incluyentes que lleven alternativas de progreso a las comunidades y a mirar para que, si el conflicto armado que se vive no puede ser solucionado a corto plazo, se busquen los mecanismos para que el DIH pueda operar entre los actores del mismo y así salvar a la población civil de sus mortales efectos.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1842

PORTADA

La voltereta de la Corte con el proceso de Andrade

Los tres delitos por los cuales la Corte Suprema procesaba al senador se esfumaron con la llegada del abogado Gustavo Moreno, hoy ‘ad portas’ de ser extraditado. SEMANA revela la historia secreta de ese reversazo.