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| 1/23/2012 8:14:47 PM

Clamor de justicia, de impunidad y crìticas a granel

Clamor de justicia, de impunidad y críticas a granel.

 

Mientras unos clamamos ante la Fiscalía, que se encuentra en un estado “yerto” por un sinnúmero de cuestionamientos aún no resueltos, por una administración de justicia diáfana, pronta, eficaz y cumplida, no obstante estar en una lista macabra por ser testigo junto con unas víctimas en un proceso penal por Concierto para Delinquir en la modalidad de paramilitarismo, otros, con cinismo extremo y sin sonrojarse, emiten especies de cloqueos implorando una funesta impunidad en cuerpo ajeno, a través de una cuenta personal de twitter que los medios completan su enlatado empalagando a oyentes y lectores.

La actitud y solicitud indecorosa del ex Presidente Uribe de abogar ante el Gobierno Panameño para que se otorgara un asilo político a un delincuente común mimetizado para tratar de evadir la acción de la justicia colombiana, solo produce escozor insoportable y amargura intensa; así mismo, la petición al Presidente Santos y a la Fiscal General para que cesara su imaginaria y temeraria persecución a su entrañable rebaño incondicional , desde cualquier óptica, es inadmisible y reprochable no teniendo dentro de la sana crítica ningún asidero que justifique su razón de ser, salvo que sus implicados sean depositarios de arcanos que de salir a la luz pública, cambien sustancialmente el rumbo de las investigaciones. ¡Que susto! 

El ex Presidente, que en otrora fue Jefe de una de las ramas del poder público, sabe perfectamente de la independencia y autonomía que se rige dentro de ellas por mandato constitucional, si él por alguna circunstancia en esa condición no respeto esa limitante, lejos de pensar que pueda tener alguna autoridad moral o ética para semejante pedido de impunidad que iría de gancho con una complicidad y que, por ende, quedaría  en el limbo un hecho más de corrupción para la degustación de un pueblo inerme. No hay derecho a tener que soportar tanta desfachatez.

Voy a tomar como referencia sólo a dos columnistas, para expresar mi opinión sobre la Fiscal.

“Llegamos a tener esperanzas en la doctora Vivianne Morales. Sabíamos de su proverbial ignorancia del Derecho Penal, y la sabíamos muy poco docta en los demás temas del Derecho. Pero creímos en sus condiciones morales, garantizadas por sus creencias religiosas…Pero pudieron más las malas compañías que desde hace tiempo la rodean…y el de su compañero de corazón… Y esas son las fuentes de inspiración de la Fiscal” (Fernando Londoño Hoyos, en una de sus columnas del Diario La Patria, Fiscales: tragedia nacional). En el artículo “Del amor y otros demonios” publicado en el Diario El Tiempo en una edición dominical refiriéndose a la Fiscal General, la columnista María Isabel Rueda se pregunta: ¿Qué tanto puede el amor influir en su buen juicio?

Yo, personalmente discrepo de estas percepciones y de este gran interrogante, por una razón muy simple y sencilla: no creo que la señora Fiscal General sea una de las personas que tiene el cerebro al lado de los intestinos, ni tampoco que lo tenga cerca del punto’G’ de su anatomía femenina. Por estos lares no se encuentra el problema.

La señora Fiscal ha manifestado una y mil veces que su relación marital y la laboral, son dos cosas diametralmente opuestas, y, como decía un gran político: “a la gente hay que creerle lo que dice, mientras no se demuestre lo contrario” Lo que si me está invadiendo es una incertidumbre enfermiza sobre la capacidad gerencial, en  el sentido amplio de la palabra, de la doctora Morales Hoyos para el manejo eficaz, oportuno y garantista en materia criminal para la investigación y acusación de las conductas delictuales responsable de la comisión de los delitos, así como también, la falta de imposición de su autoridad en la relación de dependencia frente a sus subalternos.

Claro está, que desempeñar este cargo es bastante difícil y encierra mucha responsabilidad, requiriéndose una alta dosis de capacidad decisoria acompañada de un poco de malicia indígena por las labores complejas que desarrolla. En su manejo integral se debe actuar con la misma filosofía de aquel viejo refrán, “la mujer del César no solo debe de ser buena, sino parecerlo”. Y es aquí donde radica el intríngulis del asunto, evitar por todos los medios que cualquier conducta o actitud sospechosa de un subalterno pueda salpicar la imagen del superior, máxime cuando se le ha manifestado en muchas ocasiones situaciones concretas que encierran grandes dudas y no hay respuesta justificable y satisfactoria.

Me refiero al manejo sospechoso, dilatorio, aberrante, inexplicable e injustificado que se le ha dado al proceso radicado con el número 314 por Concierto para Delinquir en la modalidad de paramilitarismo, investigación que adelanta (sin impulso) la fiscalía 25 de la Unidad Anti- Terrorismo, a cargo de la doctora Carmen Luisa Cardozo.   

Señora Fiscal, Victoria Caldas se está plagando de las ‘Bacrim’ prolongación de la personalidad paramilitar (hoy ‘los rastrojos’), ante la mirada impávida de las autoridades civiles, eclesiásticas, militares y de policía.  Hago parte de una lista macabra de condenados a muerte junto con otras personas por ser testigos y víctimas en el mencionado proceso. Cualquier desenlace fatal, sólo es atribuible a la Fiscalía por su desidia y negligencia y, tal vez, por otros intereses oscuros.

 

Manizales, Enero 23 de 2012.

 

Marco Aurelio Uribe García.

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